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Mi último refugio, un poemario que es un abrazo

Reseña Mi último refugio de Jorge Sarmiento Figueroa

Por Samuel Solórzano Cisery

Existe la intensión de suponernos como un mapa donde cada sentimiento, emoción y recuerdo se distribuyen entre lejanas y cercanas aldeas, puestas a la intemperie y a la suerte de los embates de nuestro frenesí. Una alegoría concretada con La Carte du Tendre del siglo XVII dentro de los imaginarios de Catherine de Rambouillet y la inspiración de una novela de Madeleine de Scudéry.

Recorrer esas aldeas requiere cautela, sabiendo que también somos el camino y cada piedra de nuestra geografía; las cuales son susceptibles a los accidentes de la cotidianidad, así como a los cambios de sus texturas dentro de nuestro territorio interno.

Ese periplo lleno de descubrimientos mágicos es lo que se encuentra en los versos de “Mi último refugio” del poeta y periodista barranquillero Jorge Sarmiento Figueroa. A lo largo de sus poemas encontramos un mapa abierto hacía las nostalgias, anécdotas, críticas sociales de un alma que abre su mapa de aldeas y los pone, como una capa de tela, sobre el mapa de pueblos del caribe, sobre las soledades violentas y misteriosas de sus habitantes.

Al leerlo recordé las cosas esenciales que escoltan nuestras vidas y hacen brotar el gozo de cada día, y que no necesariamente son respuestas, más bien son el disfrute de amarrarse al misterio. Lo veo en el poema “Cosecha” con la inquisición de un niño a su madre por el canto de un pájaro, y la madre en lugar de dar respuesta le ofrece al niño la oportunidad de concatenar el enigma con las generaciones de cultivo de yuca y de caza de conejos que alimentaron a tantas personas que el niño no conocerá, pero que son parte de él, como el canto de un pájaro anónimo que quizá no volverá a ver, algo quedará en el encuentro con el milagro de estar vivos. ¿Será que la razón del canto de un pájaro se iguala a nuestras ansias de saber por qué estamos aquí?

Pero también “Mi último refugio” deliña el río que nos divide en los dos lados de la razón y la locura. El poema “Meme” denuncia la insensibilidad en los tiempos del internet; por otro lado, el poema “Cenital” anuncia que hasta un borracho en una calle cualquiera guarda un ingenio kafkiano para darle color a una noche monótona. Lo interesante es que en la mayoría de los poemas el relato y los rasgos anecdóticos brindan una cercanía clara hacia las complejidades de lo suprasensible, como en el poema “Rastro”, donde el amor llega a terrenos oníricos y las caricias alcanzan los niveles de convertirse en lluvia dentro de una habitación. O el poema Ciego, que traslada lo onírico a los conflictos armados, los cuales no impiden que las raíces de nuestra identidad se menoscaben y más bien logren la eternidad de los árboles.

Además, las ilustraciones que acompañan los poemas son otro lenguaje que arrojan luz sobre las indagaciones de la palabra. Dibujadas por el caricaturista colombiano más premiado a nivel internacional, Turcios, compone otra esfera de sentido que individualmente contienen una carga crítica y reflexiva importante sobre nosotros mismos.

El refugio es todo lo que nos queda después de visitar cada aldea de este complejo mapa de sentimientos que nunca es el mismo una vez que pasa el día. El refugio es el amor, pero también las pretensiones. El refugio es buscarle las huevas al gallo, pero también saber que la grandeza subyace en la posteridad de los artistas y en su pequeño círculo de batallas. El refugio está en darle sentido a nuestro corazón luego de haberlo perdido todo, hasta la tierra y los caminos para andar. Jorge Sarmiento Figueroa ha escrito un poemario tan acogedor como un abrazo.

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