Si bien la carrera boxística de Mauricio Pastrana no impactó en Montería como lo hizo el carismático Miguel «Happy» Lora, hay que resaltarlo como el boxeador monteriano más exitoso de todos los tiempos, a juzgar por su palmarés.

Mauricio con el fajón de Campeón Mundial, es paseado en lo alto del carro de bomberos mientras la multitud delirante lo idolatra como lo más grande de Montería.
Mauricio Pastrana, nació el 20 de enero de 1.973, ganó el primer titulo mundial el 18 de enero de 1.997 en las Vegas, Nevada, venciendo por decisión dividida al estadounidense Michael Carbajal, campeón de la faja minimosca de la Federación Internacional de Boxeo (FIB). El 29 de agosto,en Las Vegas, perdió ese título en la báscula ante el panameño Carlos Murillo.
El segundo título mundial, Mauricio Pastrana, lo obtuvo el 13 de Diciembre de 1997, al derrotar al dominicano Manuel Jesús Herrera en un combate realizado en Pompano Beach, por nocaut en el tercer asalto, en la categoría minimosca, de la Federación Internacional de Boxeo (FIB). Renuncia al título, cuando no le cumplen la cifra pactada para su primera defensa.
Mauricio Pastrana, el 3 de octubre de 1998 ganó la tercera corona mundial al vencer por decisión unánime al venezolano José Bonilla, el título interino mosca de la Asociación Mundial de Boxeo, AMB, en Caracas,Venezuela.
Cuando ya la crítica boxística lo consideraba sin ninguna opción de campeonato, comienza a escribir una leyenda al convertirse en el primer colombiano en ganar cuatro cinturones orbitales en tres diferentes categorías.
Decide renunciar nuevamente al título, por el eterno problema en el peso, y en el año 1999, Mauricio Pastrana gana el cuarto título mundial, esta vez en la categoria minimosca de la Organización Mundiual de Boxeo, al derrotar por decisión unánime en el hotel Hilton de Cartagena, al venezolano Edison ´Guarapito´Torrs y establecer un nuevo récord.primer pugilista colombiano en obtener cuatro títulos mundiales en tres categorias difirentes. Hasta aquí la primera parte de esta saga llamada ´Mauricio ´Pastrana de la gloria a los pasteles´.
Vendiendo pasteles

Mauricio Pastrana en plena faena haciendo los pasteles
Los recuerdos de aquellos recibimientos en Montería en el carro de bomberos y el desfile en medio de una multitud delirante que lo idolatraba son borrosos. «Mauricio Pastrana, ¿quién es ese? Usted está equivocado, es Andrés Pastrana, el ex presidente de Colombia». Es la respuesta de un relojero en el parque Simón Bolívar de Montería.
Mauricio Pastrana esta radicado en Sincelejo. Tiene una microempresa familiar de fabricación y venta de pasteles. El negocio se llama «Pasteles el Campeón», que tiene como socios a su esposa Mardelys Peralta y su suegra Susana Peralta, donde todos los fines de semana elaboran 400 pasteles para vender una parte en la casa y la otra le corresponde a él en el mercado público. La vida le ha tocado duro desde su niñez hasta la fecha. Debe levantarse a las 3 de la mañana todos los fines de semana para apoyar a su esposa y a su suegra en la elaboración de los pasteles. Él tiene la responsabilidad de cocinar el arroz y encender el fogón. Cuando están listos los pasteles toma una carretilla y debe recorrer cinco kilómetros desde el barrio El Recreo al mercado público para fajarse a vender.

Mauricio Pastrana, luce orgullo la publicidad de su microempresa
Surge de inmediato un interrogante ¿por qué no aprovechó los recursos obtenidos en el boxeo para tener una mejor calidad de vida?. Mauricio Pastrana, sentado en una silla en la puerta de la casa de su suegra donde él vive, con una tranquilidad pasmosa le tiene una respuesta a ese interrogante.
«Cuando yo era boxeador aficionado y le comenté a mi entrenador, Manuel Vargas, la decisión de dar el salto al profesionalismo y que lo haría con la cuerda de Ivan Feris, llamada «El Pintoso Box», él me puso la mano en el hombro, y recuerdo que me dijo: «Iván Feris, es un ladrón, no se vaya a enredar con él».
Mauricio se queda pensativo, pero no hay tristeza en su rostro. Con una sonrisa cándida sostiene con la mayor naturalidad que «yo firmé a escondidas del profe Vargas y, cuando se enteró, me buscó y me dijo unas palabras sabias.»Ojala no se vaya a arrepentir de haberle firmado a ese tipo». El tiempo fue el mejor juez y efectivamente Ivan Feris se aprovechó de mi condición de analfabeta,no sabía ni leer, ni escribir, a duras pena aprendí a hacer la firma. Me robó, por eso quedé con poco dinero después de haber ganado cuatro títulos mundiales».
Baja la mirada. Está apenado. Es la segunda parte de la saga. Es la dura realidad. «No tengo casa,vivo aquí con mi suegra,con lo poco que me queda de la venta de los pasteles, estoy ahorrando en el Fondo Nacional del Ahorro, para acceder a un préstamo para vivienda (lo cual tampoco es ninguna Hermanita de Fátima).
Hace un alto en el relato porque su esposa, comienza a quitar la ropa que esta colgada en cuerdas al frente de la casa y debe darle un permiso para que tenga la comodidad de hacerlo.
«La desventaja mía fue que yo no defendí ninguno de los cuatro títulos y uno cuando va de retador debe someterse al pago del promotor del combate, y para remate,, Iván Feris me dio, por cada combate, una cifra irrisoria( ¡vaya qué sinvergüenza ese Feris!). Recuerdo que cuando gané el segundo título mundial, me ofrecían 30 mil dolares para defender el título cuando lo pactado era 100 mil dolares, claro, que tengo la sospecha que Feris quería quedarse con los 70 mil dólares, por eso decidí renunciar», acota.
Un luchador de la vida

Mauricio Pastrana
Mauricio Pastrana, solo a los 24 años de edad, cuando ganó el primer título mundial, fue cuando conoció a sus padres. Antes era un andariego solitario, por lo que tuvo que ser un luchador de la vida desde su niñez.
Cuando él comienza a retroceder la película de su vida, no ocultó su tristeza y lentamente comenzaron a salir algunas lágrimas. Por supuesto, Mauricio es un hombre emocional. Lo demuestran sus niveles de éxito y fracaso.
«Mi mamá, Luz Marina Pastrana, me abandonó a los dos años. Ella le pidió el favor a una vecina que me cuidara, que iba a buscar dónde trabajar y jamás regresó. Ellos viajaron a Riohacha para buscar un mejor futuro y me llevaron. A los dos años tuvieron que regresar a Montería porque allá en La Guajira le mataron un hijo de Rafael Romero. Yo comencé a vender dulces por las calles de la Capital de Córdoba. Me cansé de esa vida y me fui a trabajar a la finca Santa Clara, donde aprendí a ordeñar y todas las labores propias del campo.
A los 14 años de edad regresé nuevamente a Montería a la casa de Rafael Romero, al día siguiente la vecina me llamó y me dijo: «mijo, le voy a decir la verdad, yo soy su tía.Venga a vivir con nosotros». El esposo de mi tía, Manuela, trabaja en las minas de El Bagre, Antioquia. Yo le pedí el favor a él que me llevara a trabajar allá, el me explicó que era duro el trabajo, y yo le respondí: señor Carlos, para mí nada es difícil». Me dio un palmada en el espalda y me dijo mañana nos vamos. En el Bagre, trabajaba en las minas y practicaba el boxeo».

Mauricio reconoce que la vida del minero es dura e infame. Su vida es la de un ratón escarbando toda veta negra que encuentren sus largas uñas, y para el saco. La paga es mala y las condiciones de vida son las de un preso. «Un amigo, Richard Perilla, me invitó a radicarme en Sincelejo. Él era vendedor de artesanías, por lo que pasaba viajando de pueblo en pueblo.
Al día siguiente que llegué a Sincelejo, él me llevó a conocer el gimnasio de boxeo, porque le hice énfasis en que mi meta era ser boxeador. Dos días después, cuando me desperté, mi amigo se había ido, por lo que tocó salir a buscar trabajo y se me ocurrió la idea de ir al mercado público a rebuscarme ayudando a llevar las compras a las personas que iba a comprar. En las tarde iba al gimnasio a practicar. La situación se puso dura en el mercado, a penas ganaba para comer por lo que incursioné como auxiliar de albañilería. Luego de esas duras jornadas de tirar mezcla, continuaba asistiendo al gimnasio. El sueño era ser Campeón Mundial para salir de la pobreza. Comencé a pelear en el campo aficionado y mi carrera fue exitosa, porque gracias a Dios me dio ese don y como la mayoría de los combate me tocó contras los boxeadores de Ivan Feris,de allí fue él quien me propuso firmarme para su cuerda «El Pintoso», recuerda Mauricio Pastrana.
Quince días después que gana el primer título Mundial de Boxeo, es que se produce el reencuentro con sus padres. ¡Qué casualidad tan curiosa!, 24 años después sin saber nada de ellos, aparecen de la nada como en un cuento de hadas. Vienen, ahora sí, amorosos y sonrientes. Sucede en las películas.
«Conocí a Luz Marina Pastrana en el caserio Carrizal, municipio de San Carlos, Córdoba. Yo fui a buscar trabajo en la finca de propiedad de Ángel García, donde la criaron a ella.La seduje y quedó embarazada. Resolví alejarme de Luz Marina, porque ella era una niña,tenía 13 años de edad, y creía que de pronto iba a parar a la cárcel», le argumentó José Padilla Rivera a su hijo Mauricio, pidiéndole que lo perdonara por el abandono a su madre y, por ende, a él.
Por su parte, Luz Marina Pastrana, le relató a Mauricio que » yo regresé a buscarte, pero cuando decidí hacerlo ya la familia con quien te dejé cuidando se había marchado de allí».
Mauricio tiene un gran corazón, perdonó a sus padres por el abandono del que fue objeto y Dios lo continuó bendiciendo ganando los cuatros títulos mundiales en tres categorías diferentes. Hoy no se inmuta cuando nadie lo recuerda como Campeón Mundial mientras empuja su carreta llena de pasteles. Hoy sabe más que ayer que los caminos de la vida no son como uno los sueña. Son caminos que están llenos de asaltantes de distintos nombres y formas (Iván Feris, entidades de ahorro en donde metes y metes plata y no suma sino que resta tu cuenta). Esa es la vida real de millones de seres en el mundo como Mauricio Pastrana. Se aclara que esta no es la historia para convertirla en una serie en televisión. Es de la vida real, y los personajes de carne y hueso viven esta realidad en Sincelejo.