Lachachara.co le celebró a Marco T. Barros Ariza su cumpleaños 92. El equipo de chachareros le llevó una torta a su casa y juntos compartieron las anécdotas que lo llevaron a ser una de las leyendas vivas del periodismo barranquillero.
Por Chachareros
El humor de gallo fino, la lucidez de un superdotado y la sabiduría centenaria. Es la fórmula sin secretos de Marco T. Barros para mantener una vitalidad a prueba de tiempo. Ya se sabe que el hombre no fuma ni bebe, que es libre de vicios. Y a esa disciplina de espíritu le añade otra fuerza: Anota cada detalle de la vida con la precisión de un notario.
«A las 12:01 de la media noche recibí la primera llamada de feliz cumpleaños. Estaba despierto porque sé que era un día en el que tengo que estar listo para mis amigos». Lleva la lista de llamadas en un blog de hojas. Cada vez que repica el teléfono uno de sus bisnietos contesta y le lleva el auricular hasta el escritorio. El espiral del teléfono se estira más de dos metros, la distancia especial para que Marco T. no tenga que andar levantándose tanto. Es un amigo de Puerto Ordaz, Venezuela. Se le dibuja una sonrisa. Luego asiente y la sonrisa se vuelve nostálgica. El amigo desde Puerto Ordaz le dio el feliz cumpleaños pero también un mensaje de condolencia por el reciente fallecimiento de su esposa. «Gracias, te agradezco que seas atento conmigo. Mi mujer me hace falta, pero estoy contento de que se acuerden de ella y de mí. Adiós. Adiós».
Cuelga el teléfono. Devuelve el aparato a su bisnieto. Anota el número que le correspondió al amigo de Venezuela y su nombre. «Es la llamada 134 del día. Bueno, la verdad es que combino la lista entre quienes me llaman y quienes me visitan. Es más bien la lista de los amigos y amigas que se acuerdan de este día especial. A ustedes ya los voy a anotar, su visita me alegra mucho. Veo que me trajeron una torta de corbatín. Están jugando conmigo porque saben que colecciono son corbatas», celebra con Lachachara.co.
«Así es Marco T., te trajimos un feliz cumpleaños con corbatín para que tengas un regalo distinto a las corbatas. Después de todas las que te regalo Celia Cruz, mejor te traíamos un obsequio original», le dice Rafael Sarmiento Coley, director de Lachachara.co.
Periodistas, jóvenes o veteranos, acudimos a “Marcoté, qué bien lo recuerda usted”. Es una memoria prodigiosa. A sus 92 años recuerda sucesos como el de Eliseo Herrera, Emilita Dago, y la cantante ucraniana Lee Palmer. “Cuando esa mujer cantaba, el público dejaba de bailar solo por verle esa belleza, esa piel blanca y lozana, y, sobre todo, una voz que acariciaba. Definitivamente, ¡Espectacular esa Lee Palmar! Se quedó a vivir en Caracas”.
Todavía tiene en su alma el peso insoportable del dolor por la muerte de su compañera, amiga, confidente y soporte en el hogar durante 73 años, su esposa Beatriz Donado, fallecida el pasado primer de agosto. Y él ha prometido que no saldrá a la calle hasta cuando no se cumplan los dos meses. Se ha tomado un receso para su columna “Sabía usted que…” y para su programa “Recuerdos con Marcoté, a las dos de la tarde, los sábados por 94.1 Uniautónoma FM Stereo la nueva imagen de la radio”. Lo dice todo de corrido, sin gaguear. Como todo un veterano periodista de envidiable memoria.
Está, como él repite, a los amigos que lo llaman para felicitarlo, “en acuartelamiento, porque si salgo a que me hagan una cena o un almuerzo en su sitio público, me partiría el corazón no estar al lado de mi Beatriz”. Desde las doce en punto en la noche ha recibido llamadas de Barranquilla, la Costa, y el exterior. Como buen periodista acucioso, llevaba la lista de cada llamada: nombre, teléfono y hora, “van 158”, dice a las ocho de la noche cuando fuimos a llevarle el pudín y un pequeño recuerdo de la www.lachachara.co y La Chachara.
La casa, a pesar del luto por la ausencia de Beatriz, estaba alegre. Colorida. Limpia. Llena de hijas, nietos, bisnietos, que corrían de un lado a otro, todos muy disciplinados, muy bien educaditos, gente adulta muy amable, muy agradable. Y Marcoté recibibiendo llamadas frente a un retrato sobre un plato de loza donde está la pareja el día de la boda en la Iglesia del Rosario el 10 de mayo de 1943.

Las bisnietas de la pierden ningún movimiento de su bisabuelo, son las telefonistas, sus ‘secretarias´.
Marcoté nunca fumó ni ingirió una gota de alcohol, ahora está tomando este trago amargo por la muerte de un ser que era parte de su ser. Él habla del alma de su Beatriz, reflexiona, con algo de filosofía sobre cómo podría ser el alma, podría ser un cuerpo amorfo sin rostro, o podría tener de rostro una flor, una mariposa. En todo caso, algo bello y llamativo. Como es de suponer, tiene la convicción que el alma existe, y que cuando se ha separado el cuerpo del alma, no deja de existir un vínculo entre los seres amados que quedan vivos y esa alma que salió no se sabe hacia dónde. Y esa es la insondable duda del ser humano.














