Esta leyenda viva del fútbol mundial, ahora juega el partido más importante de su vida: enfrentar esta efermedad que no tiene cura.
Por: Francisco Figueroa Turcios
A Marcos Coll lo sorprendió el alzhéimer cuando tenía dos metas pendientes por cumplir en su vida: adquirir su propio apartamento y visitar el estadio Carlos Dittborn de Arica, donde anotó el gol olimpico en el Mundial de fútbol Chile 62.
El alma se me partió en mil pedazos cuando llegué al apartamento de Marcos. No me reconoció. Me confundió con un compañero de estudio del bachillerato. «¡Qué milagro! Hacía más de 20 años que no nos veíamos», me dijo efusivamente.
Al principio le seguí la corriente. «¿Recuerdas cuando jugábamos fútbol en el colegio?», me acota. Tuve que hacer un esfuerzo para no llorar al ver que el amigo con el que desde hace más de 30 años hemos compartido en las lides deportivas, él en calidad de entrenador y yo como periodista, no me recordara.
Reconozco que quedé unos minutos en shock. Reaccioné y le pregunté: ¿Marcos, quién soy yo? Me observó fijamente, con la mirada de un niño inocente y me dijo: «La verdad, no sé quién eres». Bajó lentamente la cabeza, signo de que se avergonzaba. Me levanté de la silla y le dije: Marcos yo soy Francisco Figueroa Turcios. Él también se puso de pie y me dio un fuerte abrazo. «Perdóname amigo, es que ya no me acuerdo de los nombres de las personas», recalcó.
El apartamento y el viaje a Chile
Marcos Coll nació el 23 de agosto de 1935 en el barrio San Roque. Hizo parte de la nómina de la Selección Colombia que participó por primera vez en la Copa Mundial de Fútbol Chile 1962. Ostenta la hazaña de ser el único futbolista en el mundo que ha anotado un gol olímpico en un Mundial. Este hecho histórico se produjo el 3 de junio de 1962 en Arica (Chile) en desarrollo del juego de la primera ronda donde Colombia igualó a 4 goles después ante la Unión Soviética, cuya portería estaba custodiada por el mítico Lev Yashin, considerado como el mejor portero de la época.
Está pensionado, gracias a que trabajó como instructor de fútbol en el colegio de El Cerrejón. Como Marcos vivía en los campamentos de la empresa minera, no sentía la necesidad de adquirir una vivienda en Barranquilla.
Cuando le faltaba un año para pensionarse, le confesó al exbeisbolista Luis de Arco, quien también trabaja en el Cerrejón, que no tenía las fuerzas económicas para comprar un apartamento.
Luis de Arco, preocupado por la situación que afrontaría su amigo Marcos Coll, entre varias ideas, le sugirió acudir a la generosidad de Fuad Char.
«Marcos no tienes problemas. Tú jugaste en el Junior y tienes buenas relaciones con Fuad Char. Proponle que te entregue un apartamento de los que construye su hijo, Alejandro, y que te de la comodidad para pagar la cuota inicial y le continúas pagando al banco», le recomendó Luis de Arco.
Marcos no acudió donde Fuad Char para pedirle el apoyo, por ser un hombre tímido, según Luis de Arco. Hoy vive en un apartamento arrendado.
La otra meta que tenía Marcos Coll, antes que le afectara el alzhéimer, era viajar a Arica, para ir al estadio Carlos Dittborn donde jugó Colombia el campeonato Mundial de Fútbol Chile 62, donde él anotó el gol olímpico.
«Mi ilusión es ir a Arica, para revivir mi experiencia en el Mundial de Chile. Moriré feliz si se cumple ese sueño», reveló Marcos Coll el 9 de abril de 2016, cuando se rencontró con Efraín Sánchez en el homenaje que les hizo la Gobernación del Atlántico.














