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Manuel Cantillo, el ‘coronel’ de los malabares

En la sexta entrega de la serie  ‘Hombres de hierro’, la función se abre con un hombre que soñaba con el circo. Por:Francisco Figueroa Turcios

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Manuel Cantillo

En Cien años de soledad, la novela cumbre de Gabriel García Márquez, el mítico coronel Aureliano Buendía conoció el hielo porque su padre lo llevó al circo. Aquella experiencia lo marcó para siempre e incluso habría de recordarla el día que estuvo a punto de morir fusilado.

En la vida real, Manuel Cantillo soñó desde niño con ser un famoso payaso. De allí que siempre que escuchaba la propaganda en la radio de  la llegada de un circo a Barranquilla, le pedía a sus padres que lo llevaran.
 Observaba detenidamente cada detalle de las presentaciones de los payasos y de los malabaristas. Practicaba todo el día para lograr entrar al elenco de artistas, varias veces probó suerte y nunca pudo ser aceptado.
Pero con el paso de los años la vida puso la carpa donde Manuel más la necesitó. Desde hace tres décadas vive del rebusque haciendo malabarismos en las calles.
A las personas que se aglutinan a su alrededor, el artistas les brinda cinco shows: arranca con

el juego de las llantas, luego sigue con las pelotas, más tarde las botellas, el sombrero y cierra con broche de oro haciendo el peligroso paloteo con candela. Culminada la función pasa a recibir el premio en monedas.
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Manuel en plena faena

«Los aplausos son muy de vez en cuando porque la gente apenas termina el show se escabulle para no pagar. Creo que si hiciera mis malabares en un circo, allí sí me ganaría el reconocimiento del público».  A los 73 años cumple jornadas diarias desde las cuatro de la mañana.

De lunes a viernes tiene sitios fijos: comienza en la puerta de la oficina de pasaportes de la Gobernación, allí encuentra  personas que madrugan para tomar  la fila y poder acceder a este importante documento; luego pasa a pocos pasos a la puerta principal del edificio de la Gobernación del Atlántico y así consecutivamente va por todo el Centro cargando su tula llena de implementos.
«Debo aprovechar las horas de mañana que es cuando hay mayor afluencia de público. En las tarde es poco lo que se gana. Un buen dia me gano 20 mil pesos que me sirve para comer y pagar la pieza donde vivo».
«Los sábados y domingos  -agrega- que no  hay actividades en las oficinas, me voy de portal en portal del Transmetro a rebuscarme.
Para Manuel su tula es lo más importante. «Allí guardo mi trabajo, sin ellas no podría ganarme el pan diario. Aunque parezca que no tienen valor, hay mucho delincuente en la calle que podría robármelas por un pucho de droga». Y en broma remata que no las tiene aseguradas contra robo.
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Manuel Cantillo

Manuel extravió la cédula en algún movimiento fuerte durante un acto de circo callejero y no la reclama porque «es igual que tenerla porque no tengo cheques para cambiar ni protección del Estado que me sirva».

Su suerte es la misma que otro personaje del nobel Gabriel García Márquez, el coronel que pasó su vejez esperando una carta estatal en la que le oficiaran una pensión que jamás llegó.
Si Manuel no saliera a la calle todos los días a las 4 de la mañana a hacer los malabares que aprendió desde niño, le tocaría compartir el mismo plato con «El coronel no tiene quien le escriba».-Mierda.
About author

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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