Las redes sociales digitales lograron cambiar la manera de informarnos y orientarnos en la realidad.
Por Jorge Sarmiento Figueroa
«El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse».
Ryszard Kapuściński
Periodista, historiador, escritor, ensayista y poeta. Nacido en Bielorrusia en 1932, fallecido en Varsovia en 2007.
Los estudios sobre internet y sus usos vienen mostrando que el acceso a la red por parte de las personas es cada vez mayor a través de los móviles. El año 2016 evidenció la contundencia de esa realidad. En Colombia, el 70% de las personas que en la actualidad usan internet se enteran de las noticias a través de sus móviles, y, de manera más específica, por lo que les llega a sus redes sociales.
En los diversos talleres de periodismo, tertulias, encuentros de oficio y de esquinas en los que he participado con mis colegas en Barranquilla, a nivel nacional e iberoamericano, he notado que algunos periodistas y dueños de medios consideran que esa migración de las personas hacia lo móvil es la razón principal por la que, según ellos, han perdido el tráfico a sus páginas y por ende la capacidad tradicional de generar ingresos.
¿Es verdad que la gente no está visitando las páginas en internet de los medios de comunicación?
¿Es la migración a la tecnología móvil la razón por la que la gente ya no estaría ingresando a las páginas de los medios de comunicación?
Hace exactamente un año, también con ocasión del Día del Periodista, escribí para La Cháchara una reflexión para la cual tomé como base unas columnas de opinión que sobre el oficio habían publicado Daniel Coronell y Mauricio Vargas, consagrados periodistas de talla nacional e internacional. No me imaginaba yo que mi cháchara lograría un fuerte eco en nuestro gremio, así como también en empresarios, funcionarios públicos y demás personas relacionadas con el oficio. Casi la totalidad me expresó sentirse identificada con el análisis que hice sobre el contubernio cada vez más intrincado entre ciertos actores políticos, empresariales y periodísticos, y especialmente sobre la confusión a veces inconsciente y muchas veces calculada de lo que es ejercer periodismo y lo que es ejercer como asesor de prensa, de imagen o de relaciones en el sector público y privado.
Sin embargo, por aquella cháchara también recibí reacciones que me sirvieron para confirmar en primera persona lo que está sucediendo con el periodismo. Esa misma mañana unos contados políticos, empresarios y sobre todo unos colegas que son al mismo tiempo asesores de prensa de los primeros, llamaron a La Cháchara a quejarse por lo que yo había escrito, incluso quisieron desvirtuar la información publicada. El colmo fue el de un influyente empresario barranquillero quien consideró que por pautar la publicidad de su empresa en La Cháchara tenía también la atribución de llamar a solicitar que nuestro medio retirara la publicación porque “era una afrenta a la amistad que había entre los periodistas y la dirigencia de esta ciudad”. Para mi fortuna, esa publicación no se bajó porque primó la independencia y sobre todo porque era muy grande el eco que ya había alcanzado la misma gracias a la multiplicación nacional que le hicieron colegas periodistas como Daniel Samper Ospina, Gonzalo Guillén y medios digitales nacionales como pulzo.com. Bajar o no bajar esa cháchara era ya una discusión sin sentido.
Decía en aquel entonces, y lo ratifico ahora, que el desdibujamiento de la función del periodista por disfrazar realidades con mentiras o transmitir verdades manipuladas en beneficio de los intereses de algún político o empresario en particular, es una razón mucho más determinante que la simple migración a la tecnología móvil para que la gente haya empezado a dejar de creer y de frecuentar algunos medios en Colombia. Esta realidad se recrudece al ver que hoy portales periodísticos de prensa, radio y televisión, en su ciego desespero por generar un ilusorio tráfico y una esquiva pauta publicitaria, se dedican a copiar y pegar comunicados y noticias fabricadas por los equipos de imagen de los gobernantes de turno.
No se dan cuenta dichos medios y periodistas que en vez de lograr su objetivo están yendo como el cangrejo, para atrás y directo hacia la olla de presión. Porque la gente ya aprendió muy rápido, gracias a internet, cuándo y quién le está manipulando la información, cuándo y quién está actuando como megáfono gratuito o comprado de un alcalde, empresario o presidente; de la misma manera, las personas también se están dando cuenta de quiénes están haciendo un oficio periodístico de calidad y libre de opinión, y por eso la gente sí acude a los medios donde estos estén, así sea un youtuber.
En Colombia hoy en día hay medios nativos digitales que están por encima de muchos medios tradicionales en tráfico y credibilidad, lo que demuestra que no es verdad que la gente no está accediendo a los portales periodísticos, o que el oficio no sea sostenible si decide mantenerse libre en el ejercicio de informar u opinar sobre lo que hacen los gobiernos o los empresarios. Ernesto Cortés Fierro, editor jefe del diario El Tiempo, contó por estos días en Barranquilla que a él mismo le sorprendía ver cómo más del 60% de los contenidos diarios de noticias en Colombia son comunicados de prensa. «Lo que mantiene viva mi esperanza es que las páginas que más consumen los lectores de El Tiempo son las de opinión, reportajes y crónicas, como las de Juan Gossaín», dijo. Lo que está evidenciando esto es que el periodismo se está enfrenta a una fuerte evolución que atañe a todos por igual, sean medios globales, nacionales o locales. Es claro que la actualidad económica global y colombiana es difícil para todos y que nadie sabe cómo ser el gavilán mayor en un mundo que cambia a una velocidad de vértigo.
Un caso de periodismo digital
Hace apenas unos meses, por ejemplo, La Silla Vacía hizo una campaña pública en redes sociales digitales para convocar a la gente en Colombia a que hiciera aportes económicos individuales, con una cifra mínima de cincuenta mil pesos y una máxima de un millón de pesos. El éxito que obtuvieron de esta campaña fue por partida doble, porque no solo lograron recaudar varios millones de pesos que les permite sostener el trabajo que harán en este 2017, sino que también acrecentaron la fidelidad con una audiencia cada vez más móvil y astuta.
Vale la pena resaltar aquí que, durante esa campaña, a la Silla Vacía extrañamente le llegó de una cuenta bancaria anónima de Barranquilla una cifra de ocho millones de pesos, lo cual era varias veces el tope máximo permitido en las políticas de su campaña. Como los directivos de La Silla Vacía ya identifican quiénes son los contados personajes de nuestra ciudad que tienen por costumbre hacer este tipo de cuantiosas consignaciones anónimas a periodistas, decidieron llamar para salir de dudas. Y acertaron. Y aclararon.
Pero miren ustedes qué coincidencia: El mismo empresario que quiso sobrepasarse en su donación a La Silla Vacía, fue el mismo que había llamado a La Cháchara para que bajaran mi publicación.
No sé si en esta nueva oportunidad en la que reflexiono sobre mi oficio, ese mismo empresario -o alguno de los asesores de prensa a los que suele consignar de más-, llamará de nuevo a La Cháchara para pedir que no haga mi trabajo, o que lo haga al ciego servicio suyo. La verdad es que no me veo llamando a las oficinas de ninguno de ellos a dar órdenes sobre cómo deben hacer su trabajo, el caso es que no podría hacer ni desear lo mejor para mis colegas en este Día del Periodista si yo mismo entregara mi oficio al sucio pan corruptor que ofrece ese tipo de personajes.
Pan para hoy…
Es seguro que ese pan que brinda con la aparente generosidad de unas manos llenas, es el hambre de mañana para todo mi gremio y, en consecuencia, es el gran hueco que cada día se le abre al bienestar de muchas más personas en la sociedad. De hecho, mientras en algunas oficinas públicas y privadas se habla de la tendencia a la baja en la calidad del periodismo barranquillero, a menudo se ignora que también va bajando la calidad de vida y seguridad laboral con la que desempeñamos nuestro oficio, debido en gran parte al círculo vicioso de la corrupción que a todos nos corroe y que surge de los escritorios de quienes del gremio hablan.
El reto es mayúsculo, porque quien hoy pretende sobornar la conciencia de los periodistas, con seguridad lo está haciendo con el interés de que informemos mal u orientemos a la gente hacia donde nosotros sabemos que no es justo hacerlo.
No olvidemos que la sociedad, la ciudad, la comunidad, es la verdadera razón del periodismo, y por tanto es allí, en sus sentidos y en sus calles, y no en grises oficinas, donde se cuece el pan diario del periodismo. ¡Feliz día!











