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La tienda de Ero

En las Delicias, un sector del barrio la Esperanza, por más de cinco décadas, quedó siempre la tienda de Ero.

Por Rafael Castillo Torres 

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Padre Rafael Castillo Torres

La tienda Ero estaba surtida por el antiguo mercado del Arsenal y más recientemente por el de Bazurto. Aquí se hallaba el cuartico de manteca, menos estricto, de toda Cartagena.

Erotida Llamas de Gómez, casada con el señor Gómez, ebanista (QEPD) y madre de 12 hijos, fue una mujer que llegó de Villanueva, Bolívar, para enriquecernos a todos con su humanidad. Por esa época, la media ponderada de cada casa de las Delicias, la Quinta y el Cielo, que tenían a Ero como referente, eran 9 hijos. Mis padres tuvieron siete y no contentos adoptaron tres que no tenían familia. Los papás y mamás de estos ambientes eran comadres y compadres y a la base de todo estaba la consideración y el respeto nacidos, no sólo de una amistad, sino también, de un vínculo sacramental que constituía la familia de vecinos.

Un signo de ello era que a la tienda de mi “comadre Erotida”, como decían las señoras, llegábamos todos los niños del barrio, para quienes ella simplemente era Ero por la relación nacida de la “ñapa”, con un papelito con la lista de lo que cada familia necesitaba y ella tranquilamente fiaba: diez pesos de pimienta de olor, veinte pesos de ají dulce, una cebolla roja que no esté dañada, dos plátanos verdes y uno pintón, yuca, ñame y papa; esto último no era necesario de explicarlo porque Ero sabía cuántos “pelaos” había en cada casa.

En la tienda de Ero encontrábamos lo necesario para la vida personal y familiar, expuesto en unos armarios de madera, dos mesas, un mostrador y unos frascos. Allí no había lujo, tampoco mucha posibilidad de elegir porque, tanto ella como nuestras mamás, eran pragmáticas y austeras al sostener sus familias. En esta tienda se fortalecieron los vínculos entre los vecinos, maduró la confianza, creció la comunidad y se hizo vida aquel adagio de que tu familia son tus vecinos.

Recientemente recorrí nuestro Centro Histórico en la tarde y la noche. Ciertamente cambió. Las casas de antaño son hostales lujosos y abundan las boutiques, joyerías, heladerías y restaurantes. Plazas y calles atestadas de gente y cada cochero es un orientador cualificado. Nada que extrañarle a Paris o Roma.  Nuestro centro histórico es un “shopping center” con más oportunidades que la tienda de Ero y donde las relaciones están determinadas por dos cosas que no vinculan: consumir y competir.

Quienes transitan y consumen la ciudad no se ligan con nada ni con nadie. Nadie fía… ni se fían. Cuando las cosas importantes son determinadas por el consumo, no hay espacio para Ero con su humanidad, sus historias y el mapa de sus afectos.

Padre Rafael Castillo Torres

*Director del PDP del Canal del Dique y Zona costera

About author

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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