Por haber sido el primero en lograr tres procesos de paz con igual número de guerrillas y el primer ministro de Defensa civil que tuvo Colombia, hay que creerle.
Por Rafael Sarmiento Coley
Luego de un pormenorizado relato de cómo han sido los intentos de paz con los grupos armados al margen de la ley en los últimos 40 años, el exministro y hoy aspirante a la Alcaldía de Bogotá por el Partido Liberal, Rafael Pardo Rueda, sostuvo en charla en la Autónoma del Caribe, La Universidad, que el actual proceso con las Farc avanza con las dificultades propias de ese grupo guerrillero.
Siempre quiere hablar de paz. Nunca acepta un cese al fuego prolongado, serio, sólido. Existe el antecedente de que a Tirofijo, su histórico jefe-fundador, le mataran unas gallinitas y nos marranitos a las puertas de entrar en un proceso de paz en el Gobierno de López Pumarejo, “pero eso se sale de contexto, porque fue por allá muy lejos”, dijo Pardo.
Su libreto
De memoria se sabe su libreto. Cuando Belisario Betancur (conservador) le ganó a Alfonso López Michelsen (liberal, quien como Uribe quería siempre repetir), en campaña ambos se comprometieron con un acercamiento real a las Farc para un posible logro de acabar con el conflicto armado. Ganó Betancur. Inició el proceso a su manera. Con una comisión exógena. Por fuera del Gobierno, para que no hubiera compliques.
Pardo Rueda, que entonces estaba jovencito, hizo parte de esa comisión. No se pudo hacer nada porque el Gobierno Betancur estuvo signado por la tragedia. La sangrienta y explosiva toma del Palacio de Justicia por parte del M-19. El derrumbe de Armero. La formación de un brazo político de las Farc para tantear el terreno de su paso a la vida civil. Y el inmediato exterminio que hubo contra ese grupo, la Unión Patriótica (UP), que fue aniquilado a plomo por parte de una insurgencia nueva y más criminal, las autodefensas campesinas y ciertos sectores del propio Ejército Nacional.
La UP sufrió el más horripilante exterminio. Acribillaron a tres presidenciables de ese grupo. Al más opcionado, Jaime Pardo Leal, acribillado el 11 de octubre de 1987 “por fuerzas oscuras (ni tan oscuras) que pretenden entorpecer el proceso de paz”, decía el comunicado oficial. Tres años después, el 19 de marzo de 1990 cayó por las balas de las ‘fuerzas oscuras’ el candidato de la UP Bernado Jaramillo Ossa.
El Negro Antequera y Samper

Los reporteros de los distintos noticieros de televisión, prensa y radio permanecieron ‘con la carabina al hombro’ desde las 9;30 hasta las 11:30, cuando llegó el personaje. Menos mal que hubo abundante agua para la sed.
Y un dirigente barranquillero con capacidad y formación como presidenciable, José Antequera, fue acribillado en el aeropuerto Eldorado delante de todo el mundo, inclusive, delante del precandidato Ernesto Samper Pizano que, por estar saludando a Antequera, los sicarios pensaron que también era guerrillo (si serían brutos esos sicarios, al ver a semejante guerrillo gordote cuando todos los guerrillos son flacos por andar en el monte del timbo al tambo), llevó del bulto, y todavía (eso dice él) carga varios balines de ese ataque en su estómago. Las bolitas se le suben y se le bajan, dice él. La verdad es que ese día la heroína fue la gran Jacquie Strauss de Samper, quien al ver a su esposo tirado en el piso mal herido en el abdomen, botando borbotones de sangre, se le lanzó encima de él y los sicarios no lo remataron.
Rafael Pardo sostiene que, a pesar de esos antecedentes negativos, durante el Gobierno de Barco, decide asumir en forma directa el proceso de paz. Agarrar el toro por los cachos. Es cuando empieza una comisión, de la cual Pardo es miembro principal y llega a presidirla. Se hacen los arreglos, en medios de las obvias dificultades, con el M-19. Todo marcha divinamente bien. El nuevo grupo decide dejar las armas y no solo reinsertarse a la vida civil, sino formar su propia organización política con un candidato propio a la presidencia, Carlos Pizarro Leóngómez, un hombre bien plantado, estampa de vaquero del oeste americano, despierta entre la juventud colombiana el mayor entusiasmo que candidato presidencial alguno jamás haya logrado. Le decían las jovencitas “el comandante Papito” y lo tenían pegado en el pecho, en las libretas, en el espejo del baño. Y ¡poom! matan a Pizarro una mañana cuando abordó un avión rumbo a Barranquilla en donde presidiría una gran concentración que se convirtió en velorio nutrido y colectivo.
Un luchador por la paz que deja huellas
Sin embargo, el M-19 no se arredró. Se mantuvo firme. Y lo mismo hicieron el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Hicieron causa común. Rafael Pardo los orientó mucho, y ya organizado en la vida pública, a Barco se le dio por acabar con la tradición que venía de siglos de que el Ministro de Defensa tenía que ser un militar. Nombró a Rafael Pardo, un civilista. Como bien lo dijo el Rector de la Autónoma del Caribe, Ramses Vargas Lamadrid, “Rafael Pardo, según leo en sus reseñas, y en sus libros, ha sido siempre un hombre de paz, pero lo que más me impresiona es que ha sido el primero en muchas cosas”.
En efecto, fue el primero en lograr la paz con un grupo armado al margen de la Ley (M-19), y luego con otros dos (EPL y ERP) y el primer ministro civil de Defensa.
En cuanto al actual proceso de paz, Pardo es muy discreto al referirse al tema. Considera que los asuntos en la mesa de negociaciones en La Habana van bien, pero los errores de las Farc acá en Colombia distorsionan la visión global que se tiene del proceso.
Y se cae en la misma incertidumbre de siempre. Las Farc están esperando la oportunidad de poner ‘conejo’ y echarle la culpa a Juan Manuel Santos. Esa es su táctica. Y lo hace porque es una organización con muchísima plata producto de tantos años de secuestros y de narcotráfico. No se sabe hasta dónde los señores que están en La Habana hablando en nombre de las Farc, recuerden algo del discurso político que animaba a esa organización armada a tomarse el poder, no a negociar pedacitos de poder. Ellos querían todo el Estado para organizarlo a su manera. Ya lo que queda en el demacrado mundo de la izquierda es el poder tiránico de unos dictadorzuelos más corruptos que los dictadores de hace siglos. Lo cual es mucho, pero muchísimo decir.
Los dos años de Ramsés

Natalia Ruiz es uno de los tantos cerebros que la nueva administración se ha traído de distintas universidades del país en estos dos primeros años de trabajo.
Este miércoles 20 de mayo se cumplen los dos primeros años de estar el joven Ramsés Vargas Lamadrid al frente de la Rectoría de la Autónoma del Caribe La Universidad. En 24 meses lo ha cambiado todo. Ha removido pisos y paredes. Ha quitado a un alfil de aquí y lo ha colocado al lado del rey, y un peón lo puso de alfil, y dos alfiles los puso de peones, y una que se creía reina la bajó a categoría de dama de la corte para los aplausos. En fin. Ha puesto a la Universidad a funcionar como Dios manda, con disciplina, pero con respeto. Con autoridad, pero sin tiranía ni despotismo.
Ha colocado en puestos de vital importancia a la persona ideal, cueste lo que cueste. Así se trajo a Fernando Borda Castilla, un connotado abogado litigante que atendía su propio bufete, ahora está al frente de todo lo que tiene que ver con las ciencias del derecho y las humanidades. Una jovencita con la más completa experiencia en la Universidad Nacional, Natalia Ruiz, quien fue asistente de los tres últimos Rectores de la Universidad Nacional, incluido el consagrado Moisés Wasserman, desde hace tres meses es la Vicerrectora. Una mujer que transformó los programas y los niveles de sintonía de la Radio Nacional, Sylvia Motta, es la directora de Radio Cultural Uniautónoma 94.1, de la Universidad del Magdalena se ha traído los mejores catedráticos como Fredy Santiago, Elías George González (ya su hermano Kemel estaba vinculado de tiempo atrás. Solo falta el neurocirujano Edgard George, quien vive en Estados Unidos y no se viene ni por la silla del gobernador. Así se completaría el trío de los ‘Hermanos Karamazov’).













