Colombia ha perdido más del 60% de sus comunidades nativas por causa de la ambición minera y la guerra por el tráfico de drogas. El escritor Jorge Guebely hace un análisis de esta situación mundial.
Por Jorge Guebely
Hace 35 años, causó revuelo una conferencia de Baudrillard en La Sorbona. Lo trataron de pesimista, profeta del desastre, abanderado del apocalipsis. Su error consistió en decir verdades ante un sistema que se alimenta de simulacros. Proclamó abiertamente que la voracidad del sistema capitalista arrasaría literalmente al globo terráqueo. La conclusión fue aterradora: ‘…los animales se nos están adelantando en el camino del exterminio generoso’.
Hoy, sus afirmaciones resultan ciertas. La WWF, ONG especializada en proteger animales en peligros de extinción, informó al mundo la aniquilación de más del 50% de especies salvajes. Catástrofe ocasionada por la avidez económica en los últimos 40 años. Todas las estrategia del desarrollo depredan el planeta, desde la deforestación para promover la agricultura privada hasta la construcción de represas hidroeléctricas y explotación minera, desde el cambio climático ocasionado por el modelo económico hasta la sobre explotación en pesca y cacería. El tráfico clandestino de animales sólo es superado por el de las armas y las drogas. Legal o ilegalmente, el sistema capitalista destruye la fauna. Ha borrado del planeta delfines y manatíes, leones y tigres, elefantes y cebras. ‘¿Qué ha sucedido con el bosque espeso?’, se preguntaba el jefe Seattle. ‘Desapareció’. ‘¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció’. Todo lo divino se desvanece ante el apetito del capitalista.
Colombia marca un punto importante en el peligro de los animales. Algunos ya se fueron: focas y manatíes, cocodrilos y tiburones, nutrias y delfines, jaguares y armadillos, colibríes y halcones. La lista se alarga y duele. El águila está en vía de extinción, quedan algunos ejemplares en la realidad y muchos en el escudo nacional. ‘¿Qué es el hombre sin los animales?’, insistía el jefe Seattle. ‘Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que le ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres’.
Y nada más verdadero que esa visión. La ONIC, organización de indígenas colombianos, anunció con angustia el exterminio de 65 comunidades nativas. El 62,7% de lo que queda. Desparecieron en las garras del conflicto armado, del letal empobrecimiento, de la mezquina discriminación, del abandono cínico estatal y de la avaricia multinacional.
Ya se nos adelantaron generosamente algunos animales en la desaparición. También lo hicieron algunas comunidades indígenas. Se diluyen las periferias del centro poderoso nacional e internacional. La cultura capitalista es implacable. Algún día seguirá el estrato uno. No es fácil vencer la ignorancia por el dividendo, pero hoy es la mejor batalla por la superivencia.













