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San Juan del Cesar, Guajira, afina el corazón para celebrar el 49.º Festival de Compositores

Por : Francisco Figueroa Turcios

En San Juan del Cesar, Guajira, el vallenato no se escucha solamente: se respira, se recuerda y se escribe.

En San Juan del Cesar, donde los versos de los grandes compositores nacido en esta población guajira como Roberto Calderón Cujia, Hernando Marín Lacouture, Hernán Urbina Joiro, Máximo Móvil Mendoza, Amílkar Calderón Cujia, Luis Egurrola Hinojosa, Marciano Martínez Acosta, Efrén Calderón Cujia, Deimer Marín, Franklin Moya Ariza, Aurelio “Yeyo” Núñez Bermúdez o Isaac “Tijito” Carrillo Vega, parecen recorrer por las calles y las historias encuentran refugio en un acordeón, diciembre vuelve a traer una cita con la memoria.

El 49.º Festival Nacional de Compositores de Música Vallenata ya comenzó a sonar antes de que se escuche el primer acorde. Esta vez, la fiesta que del 17 al 20 de diciembre reunirá a compositores, músicos, cantantes y amantes del folclor tendrá dos nombres escritos en letras grandes sobre su historia: Alfredo Gutiérrez y Silvio Brito.

El Festival Nacional de Compositores de Música Vallenata llegará este año a su edición número 49. Casi medio siglo de versos, acordeones, canciones, encuentros y relatos que han convertido a San Juan del Cesar en uno de esos lugares donde el vallenato parece tener casa propia.

Y esta vez la fiesta tendrá dos protagonistas que pertenecen, por derecho propio, a la historia musical de la región: Alfredo Gutiérrez y Silvio Brito, escogidos como los grandes homenajeados de esta edición.

Dos nombres. Dos trayectorias. Dos maneras de entender y sentir el vallenato. Alfredo Gutiérrez, el hombre del acordeón inquieto, el músico que hizo de la versatilidad una forma de vida y que alcanzó la condición de Trirrey Vallenato, llegará al homenaje con una historia que atraviesa generaciones.

Silvio Brito, por su parte, pondrá sobre la memoria del festival esa voz que durante décadas ha acompañado canciones, compositores y sentimientos de un público que encontró en su manera de cantar una forma de reconocerse.

Son artistas diferentes, pero unidos por una misma raíz: esa música que nació de la conversación entre acordeones, cajas, guacharacas, versos y sentimientos y que con el paso de los años terminó convirtiéndose en una de las expresiones culturales más reconocibles del Caribe colombiano.

El afiche que comenzó a contar la historia…

Antes de que suenen los acordeones, el festival ya tiene rostro. La imagen oficial de esta edición fue presentada como una especie de puerta de entrada a lo que será la celebración. En ella aparecen los dos homenajeados, Alfredo Gutiérrez y Silvio Brito, convertidos en protagonistas de una fiesta que quiere mirar hacia atrás sin dejar de caminar hacia adelante.

La pieza gráfica fue realizada por el diseñador Luis Daza, ‘El Mello’, quien tuvo la responsabilidad de convertir en una imagen el espíritu de una celebración que cada año reúne a compositores, intérpretes y seguidores del vallenato. No es solamente un afiche. Es el primer pregón de diciembre.

Es la manera de decirle al pueblo que el festival ya viene, que los acordeones volverán a encontrarse y que San Juan volverá a convertirse en escenario de una celebración donde la palabra tiene tanto valor como la música.

Porque el Festival de Compositores tiene una particularidad: aquí el compositor ocupa un lugar central. Detrás de cada canción hay una historia. Detrás de cada verso existe una vida. Y detrás de cada melodía hay alguien que alguna vez sintió la necesidad de convertir una alegría, una ausencia, un amor, una despedida o un recuerdo en canción.

Casi medio siglo de memoria…

Cuarenta y nueve años no son poca cosa. Son casi cinco décadas viendo pasar generaciones de músicos, compositores y cantantes. Son años en los que el vallenato ha cambiado de sonidos, de escenarios y de protagonistas, pero también ha conservado una memoria que se resiste a desaparecer.

San Juan del Cesar ha sido testigo de esa transformación. Por sus calles han pasado historias de compositores que encontraron en la canción la manera de sobrevivir al olvido. Hombres y mujeres que entendieron que un verso bien construido puede durar más que una fotografía.

Por eso cada nueva edición del festival representa también una conversación entre el pasado y el presente. Los mayores recuerdan. Los jóvenes descubren. Los compositores escriben. Los cantantes interpretan. Y el público completa la historia cantando.

Este año, esa conversación tendrá lugar entre el 17 y el 20 de diciembre, fechas en las que San Juan volverá a recibir a quienes llegan atraídos por la magia de una música que todavía tiene la capacidad de reunir generaciones alrededor de una misma canción.

La fiesta vuelve a sus rituales…

Foto: Rosendo Romero, Álvaro Álvarez y Rafael Manjarrez

La programación conservará varios de los espacios tradicionales que le han dado identidad al festival.

Estarán los concursos folclóricos, los conversatorios, los desfiles y la agenda musical que acompañará las diferentes jornadas. Cada uno de esos escenarios cumple una función dentro de la fiesta. Los concursos mantienen viva la competencia alrededor del talento.

Los conversatorios permiten que la palabra de los protagonistas se convierta en memoria. Los desfiles llevan la celebración a las calles. Y los conciertos terminan haciendo lo que mejor sabe hacer el vallenato: juntar a la gente.

El presidente del festival, Álvaro Álvarez, confirmó la programación general y destacó el trabajo que adelanta la organización para preparar esta nueva edición. Pero detrás de la organización existe algo más profundo. Existe la responsabilidad de mantener viva una tradición.

Porque organizar un festival durante casi medio siglo no consiste únicamente en montar escenarios y programar artistas. También significa cuidar una memoria colectiva. Y esa memoria tiene nombre de compositores, de canciones y de artistas.

Alfredo Gutiérrez y Silvio Brito …

Alfredo Gutiérrez y Silvio Brito llegan a este homenaje con dos historias que ya forman parte del imaginario musical colombiano.

Alfredo es el acordeón que nunca quiso quedarse quieto. Su carrera ha estado marcada por la exploración, por la capacidad de moverse entre diferentes expresiones musicales y por una personalidad artística que terminó convirtiéndolo en uno de los nombres imprescindibles del folclor.

El título de Trirrey Vallenato resume apenas una parte de esa historia. Porque detrás de cada corona hay años de escenarios, competencias, canciones, viajes y noches en las que el acordeón se convierte en protagonista.

Silvio Brito representa otra dimensión de esa misma historia. La voz. El sentimiento. La interpretación. Esa manera de cantar que consigue que una canción deje de pertenecerle al compositor para comenzar a pertenecerle también al público.

Por eso el homenaje tiene una simbología especial. El acordeón y la voz. El músico y el cantante. Dos caminos que terminan encontrándose en el mismo territorio: el vallenato. Alfredo Gutiérrez llegará con la historia de su acordeón. Silvio Brito llegará con la memoria de su voz.

Los compositores llegarán con sus versos. Y San Juan del Cesar, como tantas veces, volverá a convertirse en canción Será el capítulo 49 de una historia que todavía no termina. Porque en esta tierra de versos y acordeones, cada festival no es un punto final. Es apenas otra página de un libro que el vallenato sigue escribiendo…

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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