Así se vivió la marcha el día Jueves 17 de Marzo, bajo el lema ‘Paro Nacional’ en la ciudad de Barranquilla
Por: Pacho Manrique
En relativa calma transcurrió la marcha que las centrales obreras citaron para el jueves 17 de Marzo, bajo el lema ‘Paro Nacional’ en la ciudad de Barranquilla, arrancando desde el punto de concentración de la Calle 30, frente al Inem, y teniendo como destino final el complejo comercial Metrocentro.
Los marchantes haciendo uso de diferentes consignas que variaban de tono político, así como de volumen de lenguaje, reclamo y destinatario, se dieron cita desde tempranas horas de la mañana y bajo el reverberante sol manifestaron sus inconformidades ocupando de manera imponente pero pacífica las vías sobre las cuales iban protestando.
La Policía Nacional, que junto con organizaciones en defensa de los Derechos Humanos acompañó de manera silente la marcha, tuvo que cerrar temporalmente la Calle 30 en sentido oriente-occidente así como unos tramos en sentido sur-norte de la Avenida Circunvalar y la Avenida de las Torres e incluso de la Murillo.
La movilización comenzó cerca de las 9:30 de la mañana, hora en la que se hizo evidente para todos, tanto por la llegada del grupo estudiantil más grande conformado por jóvenes de la Universidad del Atlántico como por las caras de fastidio de muchos de los congregados que llevaban largo rato al sol escuchando las repetitivas pero obligadas intervenciones de diferentes líderes sindicales en las cuales no escaseaban los antagónicos epítetos de ‘compañero’ y ‘corrupto’ o los ‘fraternales’ y ‘revolucionarios’ saludos, que al fin se había alcanzado la masa crítica.
La arengas y proclamas que fundamentalmente hacían objeción a los desastrosos manejos del gobierno del presidente Juan Manuel Santos a nivel nacional y de manera local del alcalde Char; los efectos negativos de las políticas nacionales y locales en temas de salud, educación y pensión conducentes a la profundización de la desigualdad; la fallida política energética que permite los desfalcos a Reficar, y la venta de Isagén de cara a un posible racionamiento eléctrico con el amargo componente del cobro inocuo de los billonarios cargos de confiabilidad que muy probablemente no nos salvarán de los apagones. Pese a la pluralidad de las molestias, el aparente factor de cohesión fue un generalizado malestar por el estado actual del país y el apoyo lleno de esperanza a una prometida paz que no llega. Apoyo pese al cual crece el consenso de que su negociación no da un cheque en blanco al gobierno para sus desmanes y la gente ya está acusando cansancio.
En el crisol de la protesta las causas de disgusto fueron tan diversas como los grupos sindicales, agremiaciones, y colectivos estudiantiles que las defendían. Parecía como si al fin se hubiera abierto un escenario universal para la queja; tanto que incluso un solitario taxi denunciaba la llegada de Uber y se escuchó una que otra previsible rechifla al expresidente Uribe, sin embargo al igual que en la marcha convocada para el 24 de Enero un grupo brilló por su ausencia. Aquel que resulta imprescindible, y es el compuesto por el ciudadano común que no pertenece a agremiación o sindicato alguno.
Al parecer las cosas que suceden en el país y que nos afectan a todos no resultan relevantes sino para aquellos que de una u otra manera participan en o tienen una agenda política. Pareciera que el sagrado y constitucionalmente consagrado derecho a la protesta fuera en el imaginario de nuestra sociedad, cosa de unos pocos: los ‘izquierdosos’, los ‘mamertos’, los sindicalistas y los ‘tirapiedras’. Con pesar no se puede llegar a otra reflexión que no sea que tristemente seguimos siendo cómodos activistas de redes sociales en espera de que otros decidan por nosotros y que otros pongan el pecho para defender nuestros derechos.
CODA: felicitaciones a los Manifestantes por su comportamiento en general, salvo por el innecesario y esporádico uso de grafitis y de igual manera a la Policía excepto por un breve incidente en el que los defensores de Derechos Humanos advirtieron la que consideraron presencia de agentes infiltrados de civil y se vieron en la penosa necesidad de solicitar que fueran retirados de la pacífica marcha.












