El mundo moderno, el que conocemos hoy día, es gobernado por dos ideologías: capitalismo y comunismo, siempre se han jugado el dominio mundial, sus apuestas son totalmente distintas y arriesgadas.
Por Emiro Montes

Emiro Montes
El 3 de enero se empezó a conocer por los medios que un nuevo virus había aparecido, el lugar de origen era la provincia de Wuhan, China. Muchos cuestionaron sus hábitos alimenticios, se hizo toda clase de señalamientos contra ellos. Hasta ahí todo era risas y memes.
Los días pasaron y las cosas empeoraron. El 23 de enero, Xi Jinping, Presidente de China, decreta la mayor cuarenta nunca antes vista. Wuhan se convirtió en el foco de atención, un hospital se construyó en 10 días, la magnitud de lo que se avecinaba era grande. El 11 de marzo, la organización mundial de la salud (OMS) decretó el COVID – 19 como pandemia mundial. Las cosas empezaron a tomar un dimensión inimaginable. Las consecuencias producidas las conocemos perfectamente hoy.
La economía mundial se encuentra en recesión, así lo manifestó el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero resultan interesantes las movidas de las dos grande potencias económica. Por un lado, China, país de origen del Coronavirus, sufrió los rigores de la cuarentena, su economía se desaceleró, según Bloomberg Economics, las fábricas chinas operaron entre un 60% ó 70% de su capacidad. Otro experto dice que incluso fue mayor la caída de la producción. Los resultados del crecimiento económico aún no están, hay que esperar el trimestre. Ahora pasamos al continente americano y miremos qué pasa con la primera potencia mundial. El presidente Donald Trump le restó importancia a la crisis, confiado en que su país saldría bien librado, no tomó las medidas necesarias. Hoy se encuentra entre la espada y la pared. Una avalancha se le viene encima, EEUU ya es el territorio con mayor casos de contagios por COVID – 19, en los próximos días se espera el colapso en su sistema de salud.
Aquí surge una pregunta ¿Por qué las medidas tomadas por el presidente americano han sido tan tibias?
La respuesta es un análisis al que se puede llegar muy fácil. El 3 de noviembre son las elecciones presidenciales y Trump se juega el todo por el todo. Él sabe que si la economía se paraliza tiene casi que seguro una derrota, entonces trata de mantener la economía a flote, se rehúsa a una cuarenta nacional porque el país viviría otra depresión económica y esta sería apenas comparables con la vivida en la crisis del 1929, el desempleo subiría a máximos históricos, sin duda un panorama muy difícil para su reelección.
El otro partido aparte que se juegan estas dos potencias son el honor y el dominio mundial. Es inaudito para Estados Unidos que China ya haya controlado la pandemia y que la economía del gigante asiático empiece a calentar motores mientras el mundo entero entra en crisis. Dicho de manera pragmática, China ya está lista para sacarle el mayor provecho a todo esto y tiene con qué hacerlo: el dinero, la industria, la tecnología y la experiencia.
¡Ojo señoras y señores! China después de esta pandemia se encamina a ser el próximo dominador mundial, pero es esta parte la que más preocupa en Norteamérica. Washington tiene muy claro que si paraliza su economía, los chinos acelerarán sus motores. Entonces estos dos modelos económicos, paralelos en sí, viven una guerra aparte que nadie nos está contando.
Los chinos serán los ganadores de esta partida, el precio a pagar de los EEUU va a ser muy caro, y Trump prefiere un costo muy alto en vidas, para no ceder un paso en su liderazgo económico y político mundial. Por eso se escuchan voces como la del vicegobernador de Texas, Dan Patrick, que dice: “lo mejor sería que los adultos mayores dieran su vida para salvar a Estados Unidos del Coronavirus”. Declaraciones fuertes que se ajustan al difícil momento que se avecina y dan luces de lo que están dispuestos a hacer para mantener su hegemonía.
Hay que hacer un alto porque esto nos lleva a un punto de reflexión: ¿Qué es más importante? ¿la economía o las vidas? Esto sería una pregunta fácil de responder, pero otros no piensan igual. Cada quien hace su juicio y sus consignas, pero el desenlace de esta historia la tendremos muy seguramente en cine. Esperemos ese día para ver como terminará. De ante manos les digo, está partida que juegan los Chinos y Americanos todavía tiene muchas cartas por jugar, aunque olvidemos que la naturaleza guarda, como siempre, su As más fuerte.











