Su obra al frente de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano es reconocida en el mundo.
Por Jorge Sarmiento Figueroa
No cualquiera se le mide al reto de ayudar a cumplir el sueño de un Nobel. Solo por eso, por convertirse en el bastión de Gabriel García Márquez para crear y hacer crecer su Fundación, Jaime Abello Banfi se ganó un sitial entre los líderes actuales de Colombia.
El director y co-fundador de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, Fnpi, acaba de recibir el premio de los Mejores Líderes de Colombia que otorga la revista Semana, la Fundación Liderazgo y Democracia, y la empresa Telefónica (propietaria de Movistar). La distinción, junto a varias personalidades más de Colombia, obedeció a esta tarea de Abello Banfi de formar e inspirar a miles de jóvenes periodistas para hacer a través de su oficio una sociedad más libre, honesta y justa.
Desde 1995, cuando fue creada, la Fnpi ha formado en sus talleres a más de 35 mil jóvenes periodistas de América Latina y España. Durante casi dos décadas el propio Nobel colombiano se dedicó a las minucias y astucias necesarias para abrir un espacio entre las fuerzas que desde siempre han estrangulado el espíritu independiente del periodismo en nuestro continente. Empezando por Colombia, la patria amada de Gabo y de la que en más de una ocasión tuvo que exiliarse porque por su obra, pensamiento y oficio era perseguido.
Pero Gabo lo dio todo y más en vida por hacer de su país y del mundo un lugar mejor, a través de la literatura y el periodismo. Ya en 2014 sus fuerzas se fueron, dejando eso sí el portentoso legado que hoy cuidan y propagan su familia, sus amigos -como Jaime Abello Banfi- y tantos pero tantos admiradores alrededor del mundo.
Jaime Abello Banfi, barranquillero, era ya un personaje del Caribe colombiano cuando Gabo lo conoció. El diario El País de Cali reseñó magistralmente en una entrevista de abril de este año ese primer encuentro entre ambos. Ocurrió en un debate en el que se decidía qué hacer con el teatro Amira De la Rosa. Gabo estaba ahí porque Gabo estaba metido en todo lo importante de la cultura, de la alta política, de la educación, de la gente, en Barranquilla y en más de un continente, como una suerte de mago gitano con mezcla de benigno patriarca. Y Abello Banfi, al que apenas si le había salido bozo, era ya representante del Comité Intergremial del Atlántico. Al Nobel le impresionó la tozudez y claridad de aquel joven que se atrevía a llevarle la contraria a todos con una posición visionaria que al final sería aceptada. Por eso lo llamó para contarle su sueño de crear una Fundación en la que al periodista se le sacara de las aulas y se le enseñara a la brava a ejercer «el oficio más hermoso del mundo»; en la calle, como sucede en la vida real de los periódicos, en los noticieros de radio y televisión. Que se le enseñaran los rigores técnicos y conceptuales, pero también los valores éticos que deben acompañar a un periodista «como el zumbido al moscardón», en palabras de Gabo.
Abello Banfi se desempeñó como gerente de Telecaribe durante cuatro años, de 1990 a 1994, antes de emprender la aventura de dirigir la Fundación de Gabo. Desde entonces aprovechó la vitalidad, visibilidad global del Nobel y su inmensa red de contactos para armar una estructura basada en la premisa de enseñar en la práctica el periodismo que no se podía enseñar en las aulas ni que se estaba viendo reflejado en la mayoría de los medios de América Latina ni de España. Para eso convocaron a maestros del periodismo a lado y lado del océano Atlántico e hicieron alianza con organizaciones públicas y privadas.
Este año, para estos días finales de septiembre y principios de octubre, la Fnpi cumple su segundo Premio Gabriel García Márquez sin contar con su presencia. El evento se realiza en Medellín con presencia de figuras internacionales del periodismo, la literatura y la cultura. Es una fiesta por y para periodista. Se honra el quehacer del oficio «porque no basta con hacerlo bien, sino que se sepa», como diría el propio Gabo para crear su premio. El éxito de la anterior versión y de esta ratifican que Jaime Abello Banfi llegó a la vida de Gabo mucho más que para asistirle. Lo hizo para ayudar a convertir en realidad el sueño de un Nobel. Eso lo hace un hombre de talla nacional e internacional, tal y como Gabo lo requería a su lado y después de él.













