Escrito por Nelson L. Turcios – Chachareros
Por este medio estoy dedicando tan elevada distinción de manera muy especial, a la pobre y desprivilegiada pero vibrante juventud salvadoreña – y del mundo que me lea y conozca lo que hacemos- con deseos porque este reconocimiento le sirva de estímulo, para lograr la realización de sus sueños, ambiciones y esperanzas, pues solo la persona realizada es siempre verdaderamente libre.
La educación es el único camino hacia esa libertad y esa es la ruta que cambió mi vida y me condujo al éxito. Mi madre y yo, con el resto de mi familia de cinco vivimos
dentro de significantes limitaciones económicas y sin una figura paterna.
Dada nuestra difícil situación, mi madre había insistido que yo recibiera entrenamiento vocacional en sastrería. Había que generar ingresos para sobrevivir.
En nuestro país, muchos niños tienen que abandonar la escuela antes del quinto grado para trabajar y poder ayudar a sus familias. Sin embargo, yo me enteré desde temprana edad de la importancia de la educación.
Cuando terminé educación media no existía nivel educativo superior en mi pueblo –Santa Rosa de Lima–. Comenzar mi bachillerato, fue un período de transición lleno de incertidumbre y ansiedad; pero estaba determinado a obtener mi educación. Porque educación como todo lo valioso que hay en esta vida es algo que debemos esforzarnos por lograrla.
A medida que avanzaba mi aprendizaje adquiría la confianza que necesitaba para desarrollar ideas y sueños, que eran mucho más grandes que los que hubiera anticipado cuando yo crecía.
Luego percibí la importancia y el valor que tiene un diploma de educación universitaria en nuestra sociedad; pero no tenía los medios económicos para obtenerlo.
En los años sesenta, el Dr. Fabio Castillo Figueroa, entonces rector de la Universidad de El Salvador (UES), decidió llevar la Universidad al pueblo, creando un extraordinario programa de becas, para facilitar la educación superior a estudiantes pobres con excelentes credenciales académicas. Yo me beneficié de ese programa.
En los cincuenta y tantos años transcurridos desde aquellos días de penuria, he editado un libro publicado por la impresora de textos médicos más prestigiosa en el mundo. Mi libro se convirtió en uno de los textos más populares en mi especialidad. Eso me ha permitido donar las regalías de su venta a nuestro Hospital de Niños.
Recibí la honrosa distinción académica de servir como editor invitado de simposio publicado en respetable revista internacional, en el cual le rindo a nivel mundial, homenaje a mi subespecialidad: neumología pediátrica.
Mis artículos han sido publicados en revistas importantes. He sido invitado a dar conferencias, he recibido premios en reconocimiento a mis esfuerzos humanitarios. Una de mis pacientes escribió recientemente en tributo a mi compasión y dedicación: “Mi doctor, mi amigo, mi héroe”.
Y ahora estoy dedicando este honroso reconocimiento a ustedes, jóvenes. Indudablemente, mis logros profesionales han sido posibles gracias a mi alma máter, la UES; los debo a mis pacientes y a sus familias, a la mía, a mis profesores, colegas y amigos. Por ello estoy profundamente agradecido de todos.
Me gustaría concluir esta dedicatoria reiterando que la educación permite llevar nuestro potencial a su máxima expresión; ayuda a desarrollar habilidades, conocimientos y lo más importante: el carácter.
La educación hace al individuo independiente y conduce al éxito. Es el instrumento más poderoso que puede utilizarse para cambiar vidas y hacer alguna diferencia en este mundo. ¡Buena suerte!
*Doctor Turcios specializes in Pediatric Pulmonary Disease.]]>











