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Fabio Osorio no se despidió del Ipacaraí

Periodista consagrado y disciplinado, llegó a El Heraldo de la mano de su tío el brillante reportero político y Diputado Porthos Campo Pineda.

Por Chachareros

Fabio Andrés,, Rosmira Chávez, Fabio Osorio Pineda, Helena y Diana.

A Fabio Osorio Pineda, quien se marchó de este mundo este miércoles  a la edad de 59 años, lo conocí azotando baldosas en uno de los más populares bailaderos de salsa en el Simón Bolívar underground, a donde sólo iban los valientes bailadores de salsa.

Joven, siempre risueño, mamagallista, con un afro a lo Pibe (sin que todavía Pibe existiera), era uno de los más asiduos visitantes del famoso estadero, por cuanto al lado quedaba su casa, y, cuando estaba sumamente ‘peao’ cualquiera de los meseros del Ipacaraí se lo echaba al hombro y lo acostaba en su cama como si se tratara de un bebé.

Su disco favorito era ‘Canallón’, de Jhonny Colon, y el kilométrico ‘El Negro y Ray’, de Ray Barrto, hacia miles morisquetas sin salirse de una baldosa haciendo los pases más sorprendentes, claro, cuando todavía no tenía más de cinco cervezas encima, porque cuando llegaba a 20, la cosa era a otro precio.

Para él su ‘Ipacaraí’ era su templo, su refugio e inspiración, que lo hacía olvidarse de las extenuantes clases de periodismo y luego de las interminables jornadas en El Heraldo, a donde llegó de la mano de su tío, el consagrado periodista y al mismo tiempo Diputado de la Asamblea del Atlántico, Porthos Campo Pineda. Un periodista genial que escribía tres cuartillas mientras se tomaba un tinto, y seis mientras se fumaba un cigarrillo.

Allí volvimos a encontrarnos y, por suerte, nos tocó estar revueltos en el mismo cubículo, escritorio con escritorio. Mamando gallo todo el día. Pero tenía un defecto: era cascarrabias, cuando le decíamos ‘Periquita’, soltaba unos madrazos que se escuchaban en toda la redacción de El Heraldo. Y Olguita, la asistente de Redacción, una especie de prefecta de disciplina de la Escuelita de Doña Rita: Con un vozarrón intimidante: “¡Quién fue el irrespetuoso de esa palabrota!”. Todo el mundo callado. Hasta cuando doña Olguita volvió a gritar: “Quien sepa el nombre del irrespetuoso me lo vomita o queda suspendido”.

Fabio se ponía rojo como un tomate y me decía en voz baja: “hey, Búho, le cae la madre al sapo”.

En medio del tremendo estrés de un periódico trepidante y ‘chivador’, todo aquello era un descanso para el alma. Una sana mamadera de gallo. Y así lo entendía la propia Olguita, quien una vez me enceró en su oficina, muy salamera, encendió el décimo cigarrillo de la media mañana (las 9 colillas estaban en el cenicero), y me dijo: “Sarmiento, tú que eres el más serio de ese manicomio, por qué no tratas de poner orden, o por lo menos dímelo a mí sin que nadie lo sepa, para yo llamar a rendir cuentas a los que lanzas esas vulgarotas palabras a todo pulmón. Yo sé que hay uno que es el más vulgar, pero no me he podido coger al puñetero. ¿Me ayudas con eso?”.

En tono muy serio y con cara de palo le dije: “como no, doña Olguita, yo la pongo al tanto”.

Cuando salí del interrogatorio le dije a Fabio Osorio “Hey, Periquita” (ese era su apodo), “pilas con esas vulgaridades que gritas en redacción, guárdatelas para cuando este borracho en el Ipacarai”.

Fabio Osorio Pineda era un auténtico gozón de la vida. Salsero. Rumbero. Pero, eso sí, un periodista eficiente. Con una redacción pulida y pulcra.

Además, sus grandes amores de siempre eran Rosmira Chávez, su esposa, y sus hijos Helena, Diana y Fabio Andrés. Al salir de El Heraldo empezó a hacer radio en emisoras ABC con Alberto Hernández y Martha Carrillo.

¡Qué gran persona era Fabio! Cada vez que iba a buscar un tinto, me traía el mío. Lo que refleja esa condición humana de un buen colega y mejor amigo, Este miércoles falleció de dolencias que venían minando su salud lentamente desde hace años. Paz en su tumba. Y nuestras sentidas condolencias para Rosmira, Helena, Diana y Fabio Andrés.

Rosmi, recibe nuestras sinceras condolencias en nombre de Rafael Sarmiento Coley, Nira Figueroa de Sarmiento, Rafael Filocaris, Jorge Mario y Julián Andrés Sarmiento Figuroa.

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