El acoso sexual es otra desviación mental provocada por la cultura jerárquica de la fuerza bruta.
Por Jorge Guebely
El acoso sexual es otra desviación mental provocada por la cultura jerárquica de la fuerza bruta. Cultura donde el tiburón más poderoso se come, como derecho de poder, a las sardinas más débiles. Como el derecho a la pernada de los antiguos aristócratas europeos y los salvajes terratenientes latinoamericanos. Práctica para recordar a la mujer su obediencia primero al jefe –señor o terrateniente- y después al esposo. Víctima doblemente esclavizada.
Fuerza bruta, vergonzosa señal del estancamiento en la evolución humana. El salvaje chimpancé ascendió al homo sapiens, pero no al ser humano. Todo evoluciona: técnicas, armas, vestidos…, menos el ser humano. Todavía permanecemos anclados en el ‘mono que llevamos por dentro’ como le oí al profesor Franz de Waals en una conferencia en París. En el orangután que nos transporta, diría yo.
Cultura militar de jerarquías brutales. Nuestra cultura fue y sigue siendo castrense. Un fusil en manos de un hombre le despierta la bestia dormida. Se siente poderoso, con derecho a proteger o cambiar el mundo. Todos los ejércitos portan sus depredadores de mujeres a través del acoso y la violación sexuales. Poco importa si son nacionales o invasores, de derecha o izquierda. En cualquier caso, son orangutanes uniformados.
Si un arma constituye los colmillos de un chimpancé militarizado, una corbata fina es la garra de un chimpancé burocratizado. El orangután, por más que luzca corbata de seda, orangután se queda. Nada es más peligroso que un doctor en la jerarquía burocrática. Se extasía en la mecánica de la fuerza bruta. El paso del militar a civil es formal, un maquillaje nuevo en un cuerpo viejo. En las oficinas, el poder brutal es tan implacable como en un campo de batalla. Abundan los acosos y las violaciones sexuales en las jerarquías públicas y privadas, en oficinas del estado o de los bancos. Es el precio que pagan las mujeres ante el implacable poder de sus burócratas superiores.
Si cronológicamente estamos en el año 2018 DC, humanamente, permanecemos en el 8.000 AC. Momento en que se inició la revolución de la propiedad privada, en que surgieron los poseedores y los desposeídos, los privilegiados y los desheredados. Desde entonces, el más fuerte es el que más tiene porque la fuerza bruta surge por tanto tener, no por tanto ser. Desde entonces, la bestia bruta depreda a mujeres y hombres, a niños y adultos, a jóvenes y ancianos. Le basta que sean los más débiles de la especie. Le basta que estorben sus oscuros instintos de bestia salvaje.











