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En San Marcos nació la Yuca helada

Por Henry Huertas
Esta crónica es resultado del Laboratorio de Crónicas y Cuentos ‘Lo que te cuento es verdad’, dirigido por Jorge Sarmiento Figueroa

A la historia de San Marcos, Sucre, puede que todavía le falte un pedazo importante que está guardado en el congelador de Don Epifanio Valderrama, en forma de yuca helada.

Desde hace muchos años había soñado contar la historia de San Marcos a través de la música, pues la escasez de fuentes escritas es una particularidad de estos pueblos donde la humedad y el tiempo sin progreso congelan de manera inmisericorde la memoria colectiva. En cambio, la tradición oral sabanera y rianocienaguera del antiguo Bolívar (décimas, cantos de vaquería y zafra, grito de monte, entre otras) y las letras de sus canciones, se transmiten de una generación a otra, sin menoscabar la deleznable memoria.

Esta vasta y rica tradición oral y las letras de las canciones populares cuentan hechos que son testimonios históricos de la cotidianidad, que se convierten en documentos con los cuales se construye la historia.

Para muchos una canción no significa nada, quizás solo sea un motivo para bailar o tararearla. Y más cuando el imperio de la música actual está dominado por su majestad el reguetón, cuya historia es de otras latitudes y sus letras están desvinculadas de nuestras historias colectivas.

Sea esta entonces una oportunidad para volver a las raíces sanmarqueras, con la historia que dio origen a una canción en la que se refleja la cultura con la picardía original que tienen los artistas de estas tierras.

El origen del hielo

Cualquier turista desprevenido que llega a San Marcos se percata de inmediato que el pueblo está congelado en el tiempo, pese a su eterno e inclemente sol. Esto nunca había ocurrido de manera tan literal hasta hace poco más de medio siglo, cuando empezó para nuestra gente una muy rara Era del hielo.

Ahora con los enfriadores
San Marcos se ha transformáo
vendiendo la yuca helada
Y cuatrofilos congeláos

Lo que los sanmarqueros llaman sencillamente “los tiempos”, son los ciclos naturales determinados por los períodos de sequías extremas y lluvias diluviales. Esos ritmos contrastados de la vida marcaban del mismo modo los ciclos sociales y económicos de la cotidianidad de San Marcos. Las siembras y las cosechas del arroz, yuca, plátano, cuatrofilo y ñame, o las exorbitadas cosechas de mangos, guayabas, caimitos, ciruelas, naranjas y mandarinas, se sucedían unas tras otras de una forma perfecta, como solo la naturaleza lo sabía hacer. De igual modo la subienda de bocachicos, bagres, pacoras y comelones, y la trashumancia del ganado entre las partes alta de la sabana y las ciénagas, según fuera el momento de las lluvias o la sequía, todo esto determinaba las fluctuaciones comerciales del pueblo, que generalmente alcanzaban los picos más altos con la subienda de peces a finales de año.

El comercio se revolucionaba con el ir y venir de camiones de muchos lugares del país que llegaban a comprar pescado para distribuirlos por todas las plazas de mercado de las ciudades colombianas. Las subiendas de peces eran tan grandes que los pescadores tenían que hacer clasificación por especies y tallas, ajustándolas siempre a la preferencia de los consumidores por el bocachico y el bagre. No había forma de conservar tanta pesca durante largo tiempo. A estas tierras no había llegado el invento de los congeladores y no se conocía ninguna forma de crear hielo. Muchos peces se podrían por falta de refrigeración y también por la misma clasificación que hacían los pescadores.

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Hasta que el auge comercial hizo que un día llegara a San Marcos el hielo, causando el mismo estupor y asombro que esa novedad provocó en Macondo. La gente preservaba el hielo con cubiertas de afrecho de arroz, y esto a su vez les servía para conservar la pesca por más tiempo.

El mundo sanmarquero volvió a revolucionarse más tarde con la llegada de los enfriadores. Estos aparatos eran un lujo en aquel tiempo. Acceder a ellos era solo posible para unos pocos, la energía eléctrica era suministrada por una planta vieja de ACPM que apenas podía proveer el servicio un par de horas diarias. Con esa planta se iluminaban unas cuantas bombillas, que colgadas en postes parecían calabacitos alumbradores como los que el ‘compae Menejo’ vio en Sampués y que hizo que al legendario Calixto Ochoa lo declararan persona no grata por andar cantando la historia viva de la gente de aquel pueblo. La planta eléctrica en San Marcos también alcanzaba a calentar los tubos vacíos de unos cuantos televisores de la gente más rica. Cuando esos televisores se encendían, el pueblo también se congelaba por el asombro.

Yuca helada, yuca helada,
yuca helada, venden allá
donde Valderrama

El ingenio de Don Pifo

Don Epifanio Valderrama o “Don Pifo” Valderama, como era conocido por todo el pueblo, era un visionario y aventajado comerciante de la calle del mercado de San Marcos, quizás del mismo nivel de los “turcos” (sirios-libaneses) que ya habían traído la planta eléctrica y el cine.

A pesar del limitado capital que manejaba don Pifo en comparación con los comerciantes “turcos”, calculaba sus inversiones con la misma precisión de ellos, por ello previó que sería un buen negocio comprar un enfriador para su tienda de abastos y abarrotes.

La venta de bebidas y de cualquier otro producto refrigerado era el camino expedito para alcanzar los mayores réditos, y más cuando él iba hacer el primero en tenerlo en el pueblo, lo cual era una ventaja competitiva.

Si voy donde Valderrama
véndame una libre e yuca
me la vende bien helada
porque la gente le gusta

Con el enfriador ya en la tienda, don Pifo empezó a surtirlos de cervezas, gaseosas y chichas de arroz y maíz. Y también empezó a producir hielo y helados en cubetas, que eran la sensación del momento. Todo esto fue haciendo que las ventas aumentaran de manera rápida. En cambio, para los otros productos que ofrecía, como arroz, maíz, yuca, ñame, cuatrofilos, las ventas seguían iguales.

En su afán de aprovechar más la novedad del enfriador en el pueblo, a don Pifo se le ocurrió poner también a refrigerar aquellos productos que no eran comunes que se vendieran refrigerados, como la yuca y los cuatrofilos. Calculó que promocionando todos sus productos como congelados causaría esnobismo entre su clientela, atrayéndolos por el mero hecho de que ahora la yuca no se compraba arrancada de la tierra sino sacada del congelador.

Don Pifo Valderrama tenía carteles pegados con almidón en su negocio anunciando la venta de gaseosas, cervezas, chichas, helados y hielo, así que hizo un cartel aparte con letras más grandes y vistosas, donde anunciaba lo nuevo en el mercado: la venta de la yuca y cuatrofilo congelados. Cuando un comprador desprevenido llegaba al negocio y se encontraba con el anuncio, don Pifo sacaba a relucir su parla de comerciante aventajado para explicarle que la yuca y el cuatrofilo eran más sabrosos si se preservaban en el frío, pues mantenían toda la esencia nutricional por mayor tiempo. En palabras de pueblo: se había descubierto el antídoto para la yuca rucha.

Ahora Valderrama cree
que va levantar más plata
vendiendo helado de yuca
y la chicha de batata

Del oro a la Yuca helada

Don Pifo acertó en su estrategia hasta el punto de que su fama creció por los confines del pueblo y más allá, asociada a las bondades de su enfriador. Su nombre y la historia de sus productos congelados llegaron a oídos del músico Humberto Núñez, quien con su guitarra escribió una canción llena de picardía que tituló ‘Yuca helada’. Luego el  joven maestro Alfonso Piña Cogollo, músico de musa fácil -hijo del maestro Juan de la Cruz Piña, director en ese entonces de la emblemática banda de San José y de la Orquesta de Juan de la Cruz y sus muchachos-, hizo los arreglos musicales para su agrupación musical. Bastó que Alfonso Piña oyera la canción para que en pocas horas y de una sentada con su clarinete en mano le escribiera las partituras y años más tarde terminara grabándola en el álbum La Diosa Vallenata en 1979.

A don Pifo le encantó la canción de Humberto Núñez. Le pareció que era publicidad gratis para su negocio. Lo que no se esperaba es que la canción iba a pegar tan duro que ya a su tienda y a él mismo no le llamaban por su nombre sino como el título de la composición: Yuca helada.

“Hola, Yuca helada”, lo saludaba la gente. “Ahí va Yuca helada”, decían cuando lo veían pasar por las calles del pueblo. Incluso a sus hijos, al verlos, en vez de llamarlos por su nombre o como “hijos de don Pifo”, decían: “Ahí van los hijos de Yuca helada”.

Todo lo que don Pifo había tocado o tocara hasta ese momento, al igual que el rey Midas se convertía en oro; pero, desde cuando Humberto Núñez lo metió en su canción, todo lo de don Pifo se convirtió en Yuca helada. Don Pifo fue un personaje muy querido en San Marcos, por eso cuando murió la canción y el apodo pasaron al olvido, quedaron congeladas por respeto a su memoria y a su familia. A veces, sin embargo, alguien decide sacar del enfriador del tiempo la Yuca helada, para cantarla con la sabrosura que solo tienen los que vivieron y oyeron sobre esa Era del hielo en San Marcos, antes de que a la gente la consumiera el fuego abrasivo del reguetón.

Alfonso Piña con su clarinete y músicos
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