Por: Francisco Figueroa Turcios
El Salado, en jurisdicción de El Carmen de Bolívar, fue escenario de una de las masacres más atroces del conflicto armado en Colombia: hubo mas de 100 victimas incluyendo campesinos, líderes comunitarios y residentes indefensos.
Muchas familias han regresado y trabajan por reconstruir su comunidad con dignidad, memoria y esperanza. Recordar no es abrir heridas: es dignificar a las víctimas, reconocer la verdad y reafirmar el compromiso con la justicia y la no repetición de una historia de sangre y terror.

El 18 de febrero de 2000 cerca de 450 paramilitares, a órdenes de Rodrigo Mercado Pelufo, alias ‘Cadena’, jefe del Bloque Héroes de los Montes de María, que a su vez estaba bajo el mando de Carlos Castaño, máximo comandante de las AUC, y respaldado por Salvatore Mancuso, jefe del Bloque Catatumbo, incursionaron en el corregimiento de El Salado, en jurisdicción del Carmen de Bolívar, ubicado hacia el sureste a una distancia de 18 kilómetros del casco urbano, con el objetivo de asesinar a todas las personas que consideraban aliadas de la guerrilla.
En su incursión, los paramilitares desmembraban y torturaban a los pobladores con motosierras, destornilladores, piedras y maderos, mientras bebían licor saqueando las tiendas. Violaban mujeres, jugaban fútbol con las cabezas de los decapitados, ahorcaban jóvenes, apaleaban ancianos y mujeres embarazadas mientras escuchaban música vallenata de Diomedes Díaz a alto volumen. Cualquier parecido con las películas de la época de las cruzadas es mera coincidencia. Aquí la realidad superó inmensamente la ficción.

Foto: Orlando Arrieta
«Yo me salvé de morir en esa masacre, porque era Voluntario de la Cruz Roja, y el día antes me tocó salir a prestar unos primeros auxilios a la vereda ‘La Sierra’ y de allí fui a El Carmen de Bolívar a visitar a mi suegro que estaba enfermo en el hospital y de paso llevarle unos recursos económicos a mi esposa, que estaba con él. A los dos días regresé al pueblo, el panorama que encontré fue horrible, familiares de mi mujer los encontré .mutilados», recuerda Orlando Arrieta uno de los pocos sobrevientes de la masacre de El Salado.
El Salado era una despensa agrícola, por lo que se producía para sostener a las familias. Desde la masacre, las cosas cambiaron. «El pueblo está triste, además, no hay fuente de empleo, si las cosas no cambian, yo también lo estoy pensando en marcharme, mi familia, en especial mis hermanos, no están de acuerdo en que permanezca aquí «, acota Orlando Arrieta.

El Salado fue sometida al terror colectivo, lo que provocó el desplazamiento masivo de casi todos sus habitantes. que tuvo como consecuencias el desplazamiento forzado de toda una comunidad. y por consecuencia la ruptura del tejido social y abandono del territorio durante años. El caso se convirtió en símbolo del horror paramilitar en Colombia.
El Salado es hoy un referente nacional de memoria histórica. Sus habitantes han regresado poco a poco, reconstruyendo su comunidad con dignidad, resiliencia y verdad. La masacre es recordada como un llamado permanente a la no repetición, la justicia y la paz.
Recordar la Masacre de El Salado no es solo revivir las heridas de una tragedia, sino reconocer el sufrimiento de las víctimas, dignificar su memoria y reafirmar el compromiso con los derechos humanos.











