Opinión

El deseo de señalar a Claudia Morales

¿La idea social de obligar a la periodista a que revele la identidad del violador, así ella tema hacerlo, es por un sano deseo de justicia?

Por Kirvin Larios

Los que dicen que la periodista Claudia Morales debe “señalar con el dedo” y decir quién fue y dónde trabaja el hombre que la violó, ¿lo hacen porque quieren que se haga justicia?

Yo me pregunto: ¿dónde está la justicia en pedirle a ella que haga lo que claramente decidió no hacer? Su silencio es su silencio y punto, no es nuestro, nunca lo será, y nunca será comprendido por nadie distinto de ella misma (quizá ni por ella misma). Pero es sólo ella la que tiene el derecho a decidir si quiere callar o no, si quiere denunciar con o sin nombre, si quiere “señalar con el dedo” o sólo contar, tal como contó en su columna, lo que vivió.

Lo contrario, creer que su silencio es algo sobre lo cual nosotros tenemos una mínima potestad, es demostrar nuestra empatía y condescendencia con el violador, a quien supuestamente queremos verle la cara para que el peso de la justicia le caiga encima. ¿Pero cuál justicia es la que se hace en contra del deseo de la víctima? Esa justicia que sólo es hecha para el pueblo, para calmar su sed de sangre y su atracción por las vidas arruinadas, no es más que, todos lo sabemos, una escenografía virulenta y pobre.

¿Por qué entonces querríamos verle la cara al victimario, al violador que un coro de idiotas no tardará en apodar monstruo o vampiro o noséqué? ¿Será porque queremos comprobar que el monstruo parece un monstruo o el vampiro un vampiro, y no un ser humano? Y nuestro deseo de conocer a ese victimario, a ese violador (a ese sujeto que, aunque cueste entenderlo, a la mayoría no nos ha hecho nada), nuestro deseo de conocerlo y verlo y tal vez tocarlo ¡¡¿de dónde proviene?!!

¿No será que después de verle la cara y saber en dónde trabaja, también querremos saber qué le hizo a su víctima, cómo lo hizo, o si antes o después violó a alguien más y quién o quiénes son esas víctimas todavía anónimas?

O, tal vez, lo que tratan de decirnos quienes hablan de la importancia de “señalar con el dedo” y de “hablar con nombre propio”, lo que ellos quieren darnos a entender es que también las víctimas deberían dejar de ser anónimas en contra de su voluntad, y deberían ser señaladas y vueltas a señalar cada vez que podamos verlas reflejadas en los rostros impunes de sus victimarios.

Y con esta operación dada, encontraremos, por el lado de la víctima y del victimario (o sea por el lado del “bien” y el “mal”, por el lado de la justicia y el castigo), material suficiente para gozar con nuestra buena suerte de espectadores y no aburrirnos nunca.

¿Pero no sería mejor que, si tanto queremos ver una vida arruinada o consumida por la pena, si tanto nos seducen los destinos rotos y la maldad oculta y la secreta depravación, nos viéramos por un rato largo a nosotros mismos? Digo, así sea para variar.

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