Más que una moda, ir a la barbería en Barranquilla se ha convertido en un plan para hombres. Historia del barbero de Palacio.

Andrea Corro

Rodrigo Jiménez en medio de los barberos de Philladelphia

Rodrigo Jiménez en medio de los barberos de Philladelphia

La historia de las barberías es mucho más antigua de lo que se pueda imaginar, se podría hablar de 3.300 años de antigüedad y en la Antigua Grecia, se convirtió en un oficio popular y de prestigio. Estos lugres se transformaron en puntos de encuentro sobre temas filosóficos, políticos o comunales y el trabajo de los barberos iba más allá de cortar y peinar barbas, también se masajeaba, se cepillaba y se daba brillo con pomadas y cera, tal como se continúa haciendo hasta el momento.

Pero solo en el siglo XX se le comienza a dar un nivel más científico a la profesión, con la asistencia de químicos, quiroprácticos, anatomistas y biólogos, fundando en 1924 la Associated Master Barbers of America (Amba) en Chicago, llamados actualmente Hair International.

Los barberos de los Emperadores

Hurgando entre las memorias de los Cesares de la Roma imperial se encuentran con casos célebres de barberos muy particulares. El de Calígula, por ejemplo, ni por equivocación podía hacer la más breve cortadura por donde brotara media gota de sangre, porque era hombre muerto.

En cambio Augusto Cesar, que, era un hombre tan generoso y noble, inició, a tan largos años de la historia de la humanidad, el dialogo ameno y fructífero entre el barbero y el emperador. Como el barbero en esa época que no había radioperiódicos bullanguero y escandaloso, recogía las noticias frescas de la comarca, tenía la obligante cita diaria -tipo once de la mañana- a dejar el rostro de Augusto Cesar como una sede color carne.lampiña, suavecita, impecable, y, por su puesto Augusto Cesar quedaba minuciosamente bien informado, no tan del comportamiento del balance exportaciones-importancia o manejo de los impuestos, como de cosas mas humanas. Las infidelidades de las hijas más distinguidas de la Corte, las travesuras maléficas de Agripina, la primera muy dañina y perversa que hubo en el mundo de la política ‘fina’, por no llamarla por su propio nombre ‘criminal’

Ya en nuestros tiempos de ahora, Gabriel García Márquez escribió en 1948rafa ye tenía desde ya una sutil postura política. Gabo conoció al barbero de Palacio (el Palacio de San Carlos, sede de la presidencia en aquellos años del gobierno blandengue de Ospina Pérez). Era un señor «muy fino, de aspecto reverencial y muy cristiano, con unas manos extremadamente finas que parecían más manos de reina de belleza. Él era el cargado de depilar el rostro níveo del Presidente antioqueño, de mujer antioqueña, de doméstica antioqueña para que le hiciera la bandeja paisa, y, por supuesto, de barbabero antioqueño.

En un imaginario relato, Gabito pensaba en las tareas de aquel barbero de Palacio pasando la navaja final de lámina cortante que el barbero afilaba con esmero en una penca de cuero de nalga de buey. ¿Qué pensaría aquel hombre de modales suaves al deslizar el filo de la navaja por aquella piel suave y blanquisíma debajo de la cual alcanzaban a verse los hilillos de venas de sangre azul que sobresalían en aquella piel blanca como mota de algodón. Tal vez el barbero pensara, en uno de esos momentos en que por la mente pasan tantas cosas, qué tan fácil era darle un breve giro al filo de la navaja. Con ese giro de centésimas de centímetros, podía cambiar el rumbo de la historia del país Pero los barberos de Palacio son escogidos por eso. Por fieles y obedientes.

Con el pasar de los años, llega esta ola a Colombia, inicialmente a Medellín y un tiempo después a Barranquilla, aunque Rodrigo Jiménez, quien hoy es el dueño de la Barbería Philladelphia, me cuenta que su primera vez en una barbería fue cuando tenía 12 años, en el barrio ‘San Pachito’, donde se encuentra uno de los barberos más conocidos de la ciudad, quien ya tiene muchos años en el oficio y es conocido como Edwin ‘El Mago de la Cuchilla’. Sin embargo, años después Jiménez cambia de residencia y comienza a probar en diferentes barberías que le quedan cerca.

IMG_6849Rodrigo me cuenta que en ese recorrido notó que en Barranquilla no tenemos la costumbre de encontrar un lugar donde el hombre se arregla o se acicala, y en general la población barranquillera apenas se está educando con este estilo, teniendo en cuenta que no cualquiera hace un buen corte de cabello o un arreglo en la barba. Entonces, dentro de este proceso “muchas veces el cliente no sabe cuándo está bien atendido”, me cuenta Jiménez. Para Philladelphia es esencial brindar una asesoría al cliente, porque, como él dice, la barbería no es solo su estilo temático sino el resultado final.

Entre diversas anécdotas me expone que los clientes encuentran un espacio para desahogarse, jugar Play Station, conversar con los amigos, tomar una cerveza y es la forma en que se va creando una cultura alrededor de las barberías. También me contó que cuando comenzó a incursionar en el oficio, inició probando con su propio cabello, con su barba y la de los amigos, a quienes en algunas ocasiones tuvo que afeitar por completo debido a que cometía errores.

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