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El adiós de una admiradora

Marta Lucía Muleth refleja en su prosa lo que era el juglar para su pueblo. 

Por Marta Muleth, Chacharera

1 Para MaraLas composiciones de Calixto Ochoa son flores silvestres que germinan y se multiplican en la tierra, en los oídos que tocan, sobre todo en las sabanas de Sucre, Córdoba y Bolívar. Allí para la gente, más que su público, son hermanos de sus versos, los sienten como parte de la familia, como la voz de los espíritus. Calixto hace parte de su vida, más allá de la concepción física.

Y las flores silvestres como los buenos versos vuelan, se multiplican, rezan de boca en boca, como estas palabras de la corozalera Marta Lucía Muleth de Corozal (Sucre), el homenaje de una admiradora, como cientos debe haber en cada corazón y cada cabeza que vivirá eternamente tarareando sus melodías.

“El gran Calixto Ochoa… Nos deja unos sabanales llenos de lirios rojos que se resaltan con el calabacito alumbrador, le cantó a mi color moreno, a remanga, al africano y siempre todo es para ti. Nos dejó una charanga campesina y ni decir que con amor le cantó a Diana y cuántos merengues y cantos interminables. Qué rico es bailar con la música corralera del cual fue cofundador. ¡Qué gran legado musical hace parte  de nuestra historia!
Calixto, dejas huellas imborrables en tu país y en el mundo.
Que Dios te acompañe en tú viaje eterno. Paz en tú tumba”.

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