En medio de la incertidumbre por el estado de salud, Marquitos, amigo de infancia de Édgar Perea echa a galopar los recuerdos vividos por ellos en el municipio de El Bagre, Antioquia.(Serie: Édgar Perea en ´blanco y negro´)
Por: Francisco Figueroa Turcios
Édgar Perea Arias nació el 2 de junio de 1936 en Condoto, Chocó. El reconocido narrador deportivo, de 79 años, permanece hospitalizado desde el pasado miércoles en la clínica Santa Fe, en Bogotá, por una fuerte afección pulmonar. De acuerdo al último boletín de la Acord, firmado por el colega Estewil Quesada, la salud de Edgar Perea recae. Está en la Unidad de Cuidados Intensivos debido a fallas respiratorias y renales.
Marcos Moore Mota, amigo de infancia de Édgar Perea Arias, sacó fuerza dentro de la tristeza que lo embarga por el delicado estado de salud del narrador deportivo, ex-senador y ex-consul de Colombia en Sudáfrica, para revivir los momentos que compartieron en el Bagre, Antioquia.
Marcos nació en Santa Marta, pero desde los cinco años vivió en El Bagre, debido a que su padre Aurelio Moore trabajaba en la compañía minera Los Patos ltda, al igual que José Ángel Perea, padre de Édgar Perea Arias.
Édgar Perea en el Bagre
Édgar Perea Arias quedó huérfano de madre a los cuatros años de edad, cuando Georgina Arias falleció en Condoto de un derrame cerebral.
Su padre, José Rafael Perea, vivía en El Bagre, debido a que trabajaba en la compañía Los Patos Ltda, por lo que al enterarse del fallecimiento intempestivo de Georgina fue a buscar a su hijo para que viviera con él.
«Édgar Perea Arias llegó a El Bagre, Antioquia en el año 1942, es decir que tenía 6 años de edad. Yo tenia 10 años. Nos llevamos cuatro años de diferencia. Yo tengo 84 años de edad y Edgar va a cumplir ahora en junio, 80 años.
José Angel Perea y mi padre, Aurelio Moore, trabajaban en la compañía minera Los Patos Ltda . En el campamento habitaban sólo hombres. José Zapata, administrador de la compañía, le recomendó a José Rafael que le pidiera alojamiento para su hijo a la familia Moore. Mis padres aceptaron que Édgar viviera con nosotros», recuerda Marcos Moore.
Marcos suspende la conversación y comienza a revisar su libreta para buscar algunas fotografías de su familia y una fotocopia del equipo de fútbol Imusa donde él jugó con Édgar Perea. Marcos conoció la infancia en ´blanco y negro’ de Édgar Perea Arias. Luego continuó entregando detalles de cómo llegó Édgar a el Bagre.
«Édgar llegó todo enfermizo, por lo que su padre lo internó en el hospital para que los médicos le hicieran los exámenes para determinar qué enfermedad padecía. Tenía las defensas bajas por la falta de una buena alimentación, por lo que agarraba cualquier gripa.
Nosotros teníamos nuestra propia gallada: Édgar Perea, Eduardo Bonilla,William Knigth, Pedro Chinchilla, Luis Murillo y yo. Édgar era el líder. Él nos contaba sus vivencia en Condoto. Lo rodeábamos para escucharle sus historia. Recuerdo el pasaje cuando él quedó huérfano.
Édgar narraba que quedó huérfano a los cuatro años de edad. Le tocó vivir poco tiempo en la casa de un tío materno, Rafael Arias, porque vivía en la pobreza absoluta y para remate lo trataba mal tanto verbalmente como físicamente tanto a él como a sus hermanos . Édgar Perea Arias tuvo cinco hermanos de parte de madre: Leocadia Sánchez Arias, Carmen Tulia Moreno Arias, Zenadia Serna Arias, Hernedes Mosquera Arias y Jorge Palacio Arias.
Tomó la decisión de fugarse de la casa de su tío para convertirse en un gamín. Dormía en la puerta de la iglesia o en el mercado público con un grupo de jovencitos que eran habitantes de la calle. Nos contaba las travesuras de cómo robaban la comida para sobrevivir», reseña Marcos Moore.
Brillo con luz propia...
Édgar Perea brilló desde muy pequeño con luz propia. Él marcaba diferencia entre los jovencitos de El Bagre, Antioquia.
«Édgar aprendió hablar inglés porque su padre José Ángel y su madrastra la sanandresana, Rafaela Christopher, hablaban perfectamente ese idioma y desde pequeño se lo enseñaron. Él no sólo marcaba diferencia con todos su gallada y el resto de jovenes de El Bagre, sino que mostraba su interés por la narracción deportiva, especialmente partidos de fútbol. Y desde muy joven tuvo una gran suerte con las mujeres, fue él primero que consigió novia de toda la gallada. Fue el primero que tuvo un hijo, pese a su juventud. Con Esperanza Agudelo tuvo a Édgar Perea Agudelo, que también es narrador deportivo», señala Marcos Moore.
Cuando Édgar cumplió los 12 años de edad, su madrastra, Rafaela Christopher, lo mandó a estudiar en Magangué, al Liceo Joaquín Fernándo Vélez. El año siguiente estuvo en el colegio Nacional Pinillos en Mompox. Era muy indisciplinado por lo que sólo duró un año en cada institución educativa. Luego recaló en Cartagena a estudiar bachillerato en el colegio Pérez Pérez. Siempre en vacaciones regresaba a El Bagre a encontrarse con sus amigos de infancia encabezados por Marcos Moore para jugar fútbol como centro delantero.
Cuando Édgar Perea terminó el bachillerato en Cartagena regresó a El Bagre y obtuvo el primer trabajo en una de las dragas que sacaba oro en el río Nechí. Allí le tocaba servirle el café y el almuerzo a los gringos Este oficio le sirvió a Perea para mejorar su inglés porque hablaba de tú a tú con los gringos. Después de un año de trabajar en la draga, su padre lo envió a Medellín a estudiar mecánica industrial en el Instituto Pascual Bravo, cuyo rector era José Tomás Moore, hermano de Aurelio, donde vivia Édgar en el Bagre.
«Mis padres me enviaron a mí estudiar Mecánica industrial a Cartagena, por lo que tomamos caminos diferentes para convertirnos en profesionales. Me volví a encontrar con Édgar en el camino de la vida cuando ya era un locutor famoso en Barranquilla. El reencuentro fue en su restaurante, ‘Parrillada Los Charrúas’ . Allí volvimos a recordar los momentos vividos en nuestra infancia, especialmente la de él, que fue en ´blanco y negro. Édgar Perea es un gran amigo, ojalá Dios le de licencia para continuar viviendo mucho tiempo», acota Marcos Moore con lagrimas en sus ojos.














