Estamos a puertas de un nuevo comienzo. Es el comienzo del 2017 y de nuevos caminos.
Por Ricardo González
Para algunos, significa aspectos positivos como el inicio de proyectos, familia, estudios y trabajo; para otros, desde una posición más realista o pesimista quizás sea solo regresar a 1 y volver a contar hacia el 365.
Siendo un año conformado por 12 meses, 48 semanas, 365 días, 8760 horas ,525600 minutos y 31536000 segundos, ¿cómo podemos llegar a la conclusión que fue un buen año?, es decir, si la pasamos bastante mal y en el último mes mejora ¿quiere decir que fue bueno?
Es un hecho que la mirada que le otorgamos a las situaciones del día están directamente relacionadas con nuestro estado de ánimo actual, por lo que cómo evaluemos nuestro año estará, en gran parte influenciado, por la forma en que lo estamos terminando.
Esto es lo que los psicólogos suelen llamar efecto primming o primado (un efecto relacionado con la memoria implícita por el cual la exposición a determinados estímulos influye en la respuesta que se da a estímulos presentados con posterioridad). Donde quiero llegar es que, aunque percibas que tu año fue una entera bolsa de excremento, puede que este pensamiento no sea del todo válido.
Las circunstancias dolorosas no son adquisiciones que pagamos con tarjeta de crédito, no las podemos a pagar a cómodas cuotas – o algunos afortunados a una sola- , por lo que, si sufrimos hoy una desgracia nada nos garantiza que mañana ocurra algo peor. Esto suena desalentador, y lo es, pues ante los planes de la vida no tenemos ningún control; sin embargo, la vida funciona de dos caras. Aunque no tenemos control de los que nos ocurre, en algún grado así sea mínimo, tenemos el control de cómo queremos vivir eso que nos ocurre. Así, sin sonar a pastor, lo que quiero decir es que nada es realmente eterno o imprescindible y lo que realmente nos define no es lo que nos hacen, sino, lo que hacemos con lo que nos hacen.
Entonces, al evaluar tú año te invito a que notes cómo de cada situación desagradable en la que creíste no salir, finalmente con apoyo o bajo tus propios medios pudiste resolverla. Y, lo mejor de todo, es que no volviste a ser el mismo. En la vida hay que crear cayo, y éste se crea sufriendo. Volveremos a sufrir, lo cual es cierto, pero hay algo realmente seguro del piso no pasamos.
En este sentido, pudiste volver a conocer al amor y su intensidad, lo afable de agarrar unos dedos que de repente encajan perfectamente a ti y la simpleza de una mirada que lo dice todo. Pero, de repente, todo lo que es familiar empieza a asustar, y te das cuenta que la vida te acorrala en un cuadrilátero en el que nunca quisiste subir y cada golpe que te da tiene menos sentido que el anterior. Conoces la miel del dinero, encuentras seguridad dentro de tu trabajo y empiezas a construir planes alrededor de esa seguridad. Ésta se va desvaneciéndose cuando, nuevamente, como un borracho que evita un retén, pierdes el trabajo y con él todos tus posibles proyectos.
Justo ahí es cuando esos 12 meses, 48 semanas, 365 días, 8760 horas, 525600 minutos y 31536000 segundos se convierten en una eternidad, pues tienes miedo de volver a intentar y fallar. Pero lo cierto es que como veces anteriores, pasarás la tormenta y estarás enrolado de nuevo. Un año realmente no es bueno o malo, sólo es el tiempo en el cual cada uno a su manera, aprende, se pierde y encuentra dentro de su propio proyecto.












