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Cerati, el inmortal nacido el 11 de agosto de 1959

Google lo homenajeó en su doodle al cumplirse su natalicio 56. Lo acabaron los excesos. 

 Resumen de Chachareros, Reuter y las 2 Orillas

Gustavo Cerati fue la estrella que más brilló en el firmamento del rock latino y se dio el lujo de codearse con las fulgurantes figuras del pop mundial.

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Gustavo Cerati en uno de sus últimos conciertos.

Era un músico completo, de la cabeza a los pies y en él se conjugaban dos virtudes difíciles de encontrar en ese tipo de genios: era de una sola pieza con sus amigos, y no disimulaba su admiración cuando un músico tenía tanto o más talento que él para ciertas creaciones.

Una de esas afortunadas estrellas a quien Cerati admiró desde el primer día que escuchó su primer disco fue a la colombiana Shakira. Desde entonces él procuró la forma de armar una sólida amistad. Lo cual no quedó tan difícil, púes en aquellos momentos Shakira andaba enredada con el argentino Toñito de la Rúa. Se hicieron tan amigos que las dos estrellas se reunían en una isla durante meses a crear música, a discutir sobre lo que estaban produciendo, a exponer conceptos sobre el rock que se estaba haciendo en América Latina.

Precisamente, en el libro ‘Cerati en primera persona’ su autora Maité Aboitiz buscó por cielo y tierra a Shakira para que escribiera el prólogo. Y es un texto magnífico, que en forma breve y concisa, retrata de cuerpo entero al músico desaparecido.

Esos excesos que matan

 El 16 de mayo del año 2010, Gustavo Cerati apuraba la recta final de uno de sus conciertos en Caracas cuando, de repente, se desvaneció. El músico argentino había sufrido un derrame cerebral por obstrucción de la arteria carótida interna izquierda. Un respirador artificial mantuvo su corazón con vida durante cuatro años.

El verano pasado, la infección respiratoria que padecía comenzó a complicarse. Nunca despertó del comaFalleció el 4 de septiembre del 2014. Había nacido en Buenos Aires el 11 de agosto de 1959. Este martes 11 de agosto cumpliría 56 años, tal vez rodeado de sus dos amados hijos Benito y Lisa Cerati Amenábar, que tuvo con una de sus dos cónyuges oficiales, Cecilia Amenábar y Belén Eduards.

Once meses después, coincidiendo con el aniversario de su cumpleaños, sale a la luz una polémica biografía, firmada por el periodista y secretario de redacción de la edición argentina de la Rolling Stone, Juan Morris, que ahonda en lo que sucedió aquella noche en Venezuela.

Cerati: La Biografía reconstruye las últimas horas de Gustavo Cerati a golpe de charlas con las personas más cercanas al exvocalista de la popular banda de rock Soda Stereo. A pesar de ello, el extracto que ha publicado como avance este fin de semana el diario Clarín ha echado sal sobre la herida de familiares y amigos del músico, que consideran el texto impreciso y carente de veracidad. Su propio hijo, Benito, ha mostrado su disconformidad con la edición a través de sus redes sociales. «¡Buenos días, amigos! Queremos informarles que tengan cuidado. La biografía de GC que anda dando vueltas carece de veracidad. Tiene muchas imprecisiones y no está autorizada por la familia. Además está escrita por alguien que nunca lo conoció ni tiene vínculo con ninguno de los miembros de la familia. Por ahora no hay nada oficial. ¡Gracias!».

¿Qué es lo que desvela Morris sobre Gustavo Cerati que tanto ha indignado a sus familiares? Para empaparse del mito del rock argentino, el periodista se puso en contacto con las exnovias del compositor, con sus compañeros de primaria y sus amigos de la facultad, con sus colegas más íntimos, con su tía y con su abuela. El resultado son más de 300 páginas que reconstruyen su vida personal por etapas, su trayectoria artística enmarcada en su respectivo contexto político y social, la fatídica noche caraqueña, el final del show, el diagnóstico, la atención médica y los cuatro largos años de inconsciencia que vinieron después.

La última foto del grupo

4 Tapa del libro

Portada del libro ‘Cerati en primera persona’, escrito por Maité Aboitiz, con prólogo de la estrella mundial del pop, la colombiana Shakira Mebarak.

«Se dio vuelta para decirle algo a Gustavo y lo vio pálido, con los ojos desorbitados. -¿Te sentís bien?-, le preguntó. Gustavo abrió la boca para contestarle, pero no acertó a decirle nada. Fue como si los músculos de su mandíbula no encontraran las palabras. Entonces la cámara disparó su flash y todo el equipo quedó registrado en la última foto de la gira. A su alrededor el grupo se empezó dispersar y Gustavo caminó confundido hacia su camarín. Mientras lo veía alejarse, Taverna le pidió a Bernaudo que lo acompañara a ver qué le pasaba. Cuando entraron, Gustavo estaba tirado en el sillón, con el saco a un costado, la camisa desabrochada y la boca entreabierta. Pensaron que tenía un pico de presión o que tal vez le había dado un infarto. Bernaudo corrió a buscar a los paramédicos y al ratito volvió con dos chicos que no tendrían más de veinte años y que al ver a Gustavo Cerati descompensado no supieron qué hacer. Charly Michel, el kinesiólogo que viajaba con el equipo, revisó qué remedios tenían los paramédicos en sus bolsos y les pidió que fueran a buscar la camilla. Gustavo se podía mover pero estaba como abrumado, lento, y no podía hablar».

Esa noche, una de las más difíciles para el rock latino, Gustavo Cerati fue trasladado al Centro Médico Docente La Trinidad, que, según relata el autor de la biografía, se encontraba a oscuras, fruto de un corte de luz. El músico tuvo que ser desplazado con urgencia a otro centro hospitalario y, poco después, consiguieron ingresarlo al fin en La Trinidad. La noche del día siguiente las enfermeras «lo encontraron sacudiéndose y agarrándose la cabeza con su brazo izquierdo». «Tenía los ojos apretados, como si estuviera sufriendo un dolor insoportable», relata Morris. Media hora más tarde y 24 interminables horas después de haber sido ingresado, los médicos informaron a su familia sobre el diagnóstico: Gustavo Cerati había sufrido un ACV (ataque cerebrovascular o derrame cerebral) y su cerebro se había inflamado tanto que estaba haciendo presión contra el cráneo. Tenían que operarlo con urgencia.

Cocaína y viagra

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La novia que enloqueció a Cerati, la modelo argentina Chloé Bello. La familia del mítico cantaautor argentino señala a la modelo como responsable de que él acudiera al viagra, que no podía consumir, por prescripción médica.

Según publica el portal Las2orillasla gira americana de Gustavo Cerati de aquel 2010 fue una fiesta continua, un cóctel de madrugadas, drogas, tabaco, sexo y alcohol. Su actuaciones eran impecables, pero su aspecto, cada vez peor. Demacrado y delgado, el vocalista recurría habitualmente a la viagra para mantaner relaciones sexuales con su chica, una jovencísima modelo llamada Chloé Bello. Después del accidente, asegura la publicación, la familia de Cerati le pidió que se alejase de él, culpándola de los excesos en los que chapoteaba de buena gana el argentino.

Dos noches antes de su último conciertoGustavo Cerati se ventiló la noche de Bogotá «rodeado por un séquito de bellas jovencitas, fumando y esnifando cocaína». Le atropelló el amanecer en casa del conocido empresario Julio Correal y, al día siguiente, «con la resaca más tremenda de su vida», puso rumbo a Caracas. Esa medianoche, tras entonar Un lago en el cielo y despedirse de su público, no fue capaz de mantener el ritmo y prefirió regresar al hotel. Antes, de camino al camerino, alguien inmortalizó con su cámara la última foto de Soda Stereo. Minutos después, perdía el conocimiento.

‘Cerati en primera persona’

«Cerati en primera persona» es la reconstrucción de los testimonios más importantes del líder de Soda Stereo. Una investigación periodística profunda y detallada del período que va entre la grabación de Colores Santos en 1992 y la presentación de Fuerza Natural en 2010. Shakira fue la encargada de escribir el prólogo.

“Es el antecedente de Antología del Rock Argentino, mi anterior libro. Siempre me interesó saber qué se esconde detrás de cada canción y de los discos. En esa obra cada autor me lo contó en primera persona. Este trabajo es una continuación. Me tocó investigar los discos solistas de Gustavo Cerati, algunos de Soda Estéreo  y todo su desarrollo musical», le contó la autora Maitena Aboitiz a La Viola Web.

En este trabajo podemos encontrar el pensamiento de Cerati sobre distintos temas y, principalmente, sobre su obra musical. «Soy seguidora y admiradora de su carrera. Me mantuve fiel a su palabra. ‘Si se dijo copa, es copa’. Escuché cada una de sus entrevistas audiovisuales y le di importancia a su voz, a sus tonos. Todos sabemos que la gráfica modifica la palabra por una cuestión de espacios», aclaró.

El apoyo de la familia del músico fue fundamental. La periodista y locutora tuvo acceso al material de prensa de Cerati. «La familia compartió el archivo que está en su estudio. Todo ese material fue fundamental, había notas de todo el continente. Fueron los primeros en tener el libro y lo recibieron muy bien».

«Fue un trabajo muy intenso, más de un año. Me metí en el estudio Unisono a investigar el material y cuanto uno más se compromete con el trabajo, más se nota. Estuve acompañada de José Borotti y Laura Villa. En la parte de fotos me acompañaron Guido Adler y Germán Sáez y Damián Benetucci», destacó.

Maitena entrevistó en distintas oportunidades al músico. Hay fragmentos de un encuentro para su anterior libro y fragmentos de un programa que ella conducía en la señal Much Music, «Videoteca»«Fue muy generoso y abrió su corazón. Lo que no está en el anterior trabajo está acá».

La autora sintetizó esta investigación como su experiencia de vida más importante. «Es mucho más que un libro. Ahora hay que acompañarlo y comunicarlo con todo el amor que se merece».

La rumba que mató a Cerati

En septiembre de 2014, el portal 2Orillas, con fotos de Guido Adler, publica una muy completa y magnífica reseña de los excesos de Cerati: Viagra, cigarrillo, whisky y cocaína fueron los elementos que usó en su última fiesta en un bar de Bogotá. La familia del cantante le mete la culpa a la modelo Chloé Bello, dicen que por satisfacerla se excedió.

La última vez que Natalia vio a Gustavo Cerati, él estaba sentado en una de las mesas del bar Armando Record’s de Bogotá, rodeado por un séquito de bellas jovencitas, fumando y esnifando cocaína. Muchos al percatarse de la presencia del cantante se quisieron acercar pero al ver que su rincón estaba cerrado por unos cordones de seguridad prefirieron dejarlo tranquilo.

Los fans que llegaron a aquel bar, sin saber que ahí iba a rematar el artista argentino, lo hicieron después de verlo cantar 21 canciones durante dos horas aquel jueves 13 de mayo de 2010 en el Coliseo El Campin. Cerati bebió varios vasos de whisky y se fumó unos seis cigarrillos durante su última presentación en Colombia en la gira de su álbum Fuerza Natural. Uno de los comentarios del cantante que aún reposan en la memoria de Natalia fue cuando entre canción y canción el exvocalista de Soda Estéreo preguntó: “¿Bogotá se ha subido más? Me estoy quedando sin aire”.

Todo indica que en la seguidilla de conciertos por todo América había hecho lo mismo: cantar, fumar, beber, ir a rematar, esnifar algunas líneas de cocaína, consumir viagra y tener sexo. “En el Waterfront Theater del American Airlines Arena de Miami cuentan, quienes presenciaron el recital, que se lo veía bastante delgado y que se bebió varios vasos de whisky mientras duraba la actuación, que fue impecable”, escribió el periodista Tomás Eliaschev.

Lo del viagra aparece con la última novia que tuvo el cantante, la modelo argentina Chloé Bello. Personas cercanas al cantante revelaron que Cerati, quien en aquella época tenía 51 años y Chloé apenas 22, comenzó a consumir viagra para tener relaciones sexuales con su chica, aquella niña que lo tenía enamorado. Incluso, Chloé lo acompañó en la gira casi que hasta el último concierto; habían compartido en Los Ángeles, Acapulco, Lima y Medellín, pero la modelo no viajó a Bogotá por un compromiso publicitario.

Cuando al asunto se le mete Viagra…

Tras el accidente cerebrovascular la familia de Cerati le pidió a la chica que se alejara. Asumían que los excesos del cantante se habían intensificado con la energía de una mujer tan joven. “No fue un estado de euforia repentino, sino una ingestión de alcohol mezclado con pastillas para prolongar la actividad sexual, algo que tenía prohibido porque era hipertenso”, reveló en su momento una médica del hospital Fleni en Buenos Aires.

Natalia aún trata de recordar si aquel día de fiesta en Armando Record´s, Cerati llevaba puesto un sombrero negro de ala ancha. “Andaba metiéndose una líneas y tomando whisky. Él en su fiesta y todo el mundo mirándolo”, cuenta la bella jovencita que sabe como nadie de la discografía y carrera del mítico cantante. El desenlace indica que cuando se prendieron las luces para echar a la gente del bar, Cerati quiso seguir la rumba y se fue a re-rematar a la casa de Julio Correal: “esa madrugada terminamos tomando una cerveza y hablando de la familia”, contaría el reconocido empresario.

Gustavo Cerati, con la resaca más tremenda de su vida, viajaría el 14 de mayo a Caracas para presentarse al día siguiente en la Universidad Simón Bolívar. De la suite del hotel salió solo para ir al concierto. Llegó bajo de nota, pero al subirse al escenario trató de cambiar su actitud. “Ese concierto se hizo en una zona montañosa del sureste de Caracas y con las luces y eso habían muchas mariposas y animalitos voladores que se le estaban enredando a Cerati en el cabello y él justo dijo, muy simpáticamente, que tenía muchas cosas en la cabeza”, cuenta María Alejandra Moleiro, una de las asistentes.

Sin embargo, Cerati tenía tanto guayabo que durante las dos horas de concierto solo se tomó un vaso de whisky y no quiso fumar. Se sentía mal. Para la posteridad quedó aquella imagen en la que en medio de una canción se agarró la parte de atrás de su cabeza como muestra de que algo estaba pasando con su cerebro. “Un lago en el cielo”, fue la última canción que entonó Gustavo Cerati. Como por instinto le preguntó al público que dónde sería el remate. “Bueno, ¿dónde va a ser la rumba?”, dijo. Pero muchos se quedaron esperándolo en un bar muy conocido de Caracas.

Aquel hombre que solo su mamá lograba frenarle sus excesos, no quiso ir a rematar, por el contrario le dolía tanto la cabeza que dijo que lo llevaran al hotel. En el camino sintió que se le paralizó la pierna, presagio de lo peor, porque muchos años antes ese síntoma determinó que dejara de consumir cocaína, alcohol y cigarrillos, pero había recaído. De tal suerte que lo llevaron al hospital. Allá fue medicado. Al día siguiente le dieron salida y regresó al hotel, pero después del almuerzo se desmayó y perdió el conocimiento.  Cuatro años pasaron tras aquella última rumba, hasta el pasado 4 de septiembre de 2014, cuando Gustavo Cerati dejó de respirar.

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