Fue por esta ciudad por donde entró por primera vez a Colombia. Este sábado será la estrella principal de Berbetronik en la Bodega Alcira de la Vía 40.
Por Rafael Sarmiento Coley
No es gratuito que Robert Cruz Ramos diga que él también “quisiera cantar a todo pulmón ‘En Barranquilla me quedo”, el tema que inmortalizó a Joe Arroyo entre los barranquilleros.
Es que, en verdad, Robert Cruz Ramos, mejor c
onocido como Bobby Cruz, en donde sintió por primera vez el sincero fervor de la fanaticada de su música, fue en Barranquilla, en donde, como si fuera poco, por primera vez se ganaron los dos más preciados trofeos que ostentan con orgullo él y su compañero de muchos años, el talentoso pianista Richie Ray: dos Congos de Oro en el Festival de Orquestas del Carnaval barranquillero.
Bobby Cruz ahora viene con su propia banda a una presentación especial este sábado en Berbetronik, en la Bodega Alcira de la Vía 40, un evento organizado por Miche Espectáculos.
“Nosotros estábamos sonando fuerte en Nueva York y varias ciudades latinoamericanas, porque pegamos un palo con nuestro primer sencillo– ‘Comején’–, que eso era la locura. Eso fue en el año 1965. De repente un día se nos presentó a la oficina un muchacho alto, flacuchento, de piel blanca, simpático y con un bigotico delgado e incipiente. Se nos presentó: “Mucho gusto, soy Mike Char, tengo una emisorita en Barranquilla, Radio Olímpica, la de la sintonía total, especializada en música salsa. Vengo a contratarlos para que visiten por primera vez mi ciudad y vivan una experiencia que jamás olvidarán”. Yo pensé para mis adentro, ‘caramba, qué muchachito tan engreído’. En realidad, no era tal. Era muy afectuoso y alegre. Le aceptamos el contrato y nos echamos la bendición, porque jamás habíamos salido a una gira larga como venir a Barranquilla, Colombia América del Sur”.
El primer susto
El avión aterrizó en el aeropuerto ‘Ernesto Cortissoz’. De repente escuchan por el alto parlante al capitán del vuelo: “Se informa a los integrantes de la orquesta de Richie Ray y Bobby Cruz que se mantengan sentados en su silla y esperen que bajen todos los demás pasajeros”.
¡Tremendo susto para todos! Se miraron unos a otros. Eran aquellos tiempos en que a varios músicos los habían sorprendido en los aeropuertos portando alucinógenos hasta en las trompetas y timbales. Bobby fue el primero que habló: “Bueno, muchachos, si alguien trae por ahí algún embuchado, que de manera discreta lo vaya vaciando al baño y baje la palanca”. Todos juraron y contrajuraron que no portaban ‘perico’, marihuana ni pastillas de anfetamina o LSD.
No había más que quedarse quietos a la espera de lo que sucediera. Cuando ya estaban solos en el avión, salió el capitán y en forma muy amable y feliz, los saludó y dijo sentirse dichoso de haberlos transportado a la ciudad más alegre y salsera de Colombia, “en donde ustedes tienen la mayor fanaticada…por eso no podrán salir por la puerta principal, sino por la cola, en donde dos carros blindados de la Policía los sacará desde el aeropuerto hasta el hotel, por cuestiones de seguridad, pues hay mucha gente esperando que ustedes salgan para abrazarlos, besarlos, tomarse fotos, que firmen los discos que tienen de ustedes…en fin, esto es una locura”.
En efecto, aquello era un río humano que vociferaba, agitaba pañuelos, afiches, discos de Bobby y Richie. “Yo no lo podía creer…¡que tuviéramos tantos seguidores por acá tan lejos de Puerto Rico y Nueva York!, pero la verdad es que Barranquilla estaba enloquecida con nuestra llegada. Esa fue la primera vez que la orquesta de Richie Ray y Bobby Cruz pisó suelo colombiano”, recuerda Bobby.
La presentación era en una caseta denominada ‘La Piragua’, con capacidad para unas 30 mil personas acomodadas en mesas y bancos de madera rústica. El aluvión del público fue tan enorme, que tuvieron que quitar las barandas del encerramiento y dejar el show al aire libre para que la gente pudiera disfrutar el evento y bailar en plena calle, en el andén, en el antejardín, en las terrazas y hasta en los techos de carros, buses y viviendas.
Richie Ray y Bobby Cruz eran músicos refinados. Acostumbraban a salir a tarima con vestidos diferentes para cada tanda en cada noche de concierto. Por ello en el equipaje cada uno traía siete trajes de corte y paño inglés comprados en Londres. En Las dos presentaciones en Barranquilla la fanaticada acabó con los siete costosos vestidos de paño, porque, era tanto el furor, que terminaron despedazando la fina ropa para quedar cada quien, con una manga de la chaqueta, con una del pantalón y hasta con las medias y corbatas. Y los músicos felices.
Dos músicos, dos visiones
Bobby Cruz nació el 2 de febrero de 1937 en Hormigueros, un pequeño pueblo de Puerto Rico. Desde los cuatro años descubrió que le gustaba la música. Su padre, que también era melómano, lo llevó al coro de la parroquia y allí aprendió lo elemental para dominar la voz, usar los diversos tonos, vocalizar bien y tener buen oído para no desentonar.
Luego a los 9 años los padres se mudan a Nueva York, y arriendan un apartamento a media cuadra de la casa de un niño de 6 años que ya era una maravilla tocando en los actos especiales de la iglesia, música clásica de Mozart, Strawinsky, Chopin, Strauss. El auditorio lo aplaudía con frenesí. “¡Qué genio de músico!, decían las damas encopetadas acostumbradas a los mejores conciertos en los conservatorios del mundo.
Lo de Bobby era la salsa. Aun así, no le disgustaba el arte clásico de Richie. Se hicieron grandes amigos. Iban a cine juntos. Gozaban de los conciertos de la barriada. Hasta cuando, a comienzos de 1963, decidieron organizarse en serio como una agrupación de jóvenes con un sonido urbano, con tres trompetas estilo sonora (sobre todo la Matancera), trombones, bajo y timbales, y, por supuesto el piano magistral de Richie.
Hicieron el primer tema, ‘Comején’, y con él se abrieron paso en el mundo. Después vendrían otros temas inmortales en la historia de la salsa: ‘Agúzate’, ‘A mi manera’ (un tema exitoso que había grabado nadie menos que Frank Sinatra, ‘la voz’), ‘Sonido bestial’, ‘Amparo Arrebato’, ‘El Diferente’, ‘Pancho Cristal’, ‘Bomba Camará’, ‘Mi bandera’ y tantos otros.
La vida les sonrió de golpe. Bobby aprovechó para casarse, con tan mala suerte que a los dos años enviudo. Más tarde encontró consuelo en una joven mujer que desde entonces se ha dedicado a él con todo el amor del mundo durante 58 años y tres hijos (dos mujeres y un varón, todos cantantes, pero de música cristiana. Solo eso).
Triunfaron mucho en el mundo musical en pleno apogeo de la salsa. Eran un referente tan valioso como la Fania All Star o el Gran Combo de Puerto Rico. La diferencia la marcó la conversión de Bobby al cristianismo. Él asegura que “Dios me habló y me dijo…’yo fui quien te dio esa maravillosa voz que, a tus años, la tienes como la de un muchacho de 20, ahora te necesito para que le cantes a mi rebaño’. Y le hice caso al señor desde hace 46. Desde entonces nada de licor, de cigarrillo, de drogas. Nada de eso. Me ha servido mucho porque gozo de perfecta salud y de mi buena voz”.
Lo malo es que, con los años, se agudizó la existencia de dos hombres y dos mundos distintos. Richie Ray le dijo que, contra el dolor de su alma, no seguiría con la salsa. Lo suyo siempre ha sido la música y el jazz clásicos. Y a eso se ha dedicado.
Por su parte Bobby no quiso renunciar jamás a sus ancestros raizales que le vienen desde el Hormiguero, su pueblo natal, en donde es todo un héroe. La casa donde nació es el Museo Bobby Cruz, la principal avenida lleva su nombre, la comunidad reunió todas las piezas que pudo conseguir, sus discos, sus CDs, sus afiches por donde han ido de giras por el mundo, fotos con famosos, instrumentos musicales y han construido el Museo Bobby Cruz, con sala de convenciones, auditorio para conciertos y salón para clases musicales.
“Ustedes son la salsa”
Después del tremendo éxito en Barranquilla a mediados de los años 60 del siglo pasado, un empresario barranquillero que era muy amigo de Mike Char –Chucho Giraldo—les propuso llevarlos a Venezuela. Al comienzo tenían el temor del fracaso, pues no sabían qué tal había calado su música en el vecino país. Giraldo les reunió a los mejores locutores del momento de la salsa en Barranquilla, encabezados por el propio Mike Char, Andy Pérez, Luis Altamiranda (el llamado ‘The Music Man’), Luis Arias y Libreros, Sergio Ramírez (quien acababa de llegar de Los Pailmitos, su pueblo natal), Martín Elias Orozco, mejor conocido como Ley Martin (quien estaba recién desempacado de Piedras de Moler, en donde nació y vivió de pescador hasta los 15 años y aquí Mike Char lo convirtió en locutor salsero por la facilidad para inventar frases de combate e ideas para montar bailes populares y casetas).
Todos coincidieron en que Venezuela y Colombia, en materia musical, tenían el mismo oído. Así fue como Chucho Giraldo se los llevó para Maracaibo y de allí a Caracas. Cosechando éxitos en cada presentación.
En Caracas Chucho los llevó al programa radial musical de mayor sintonía en la capital venezolana, dirigido por el versado locutor y periodista Phidias Camilo Escalona.
Al preguntarle a Richie Ray que definiera a la audiencia como era la música que ellos tocaban, en qué categoría podría ubicarse, el consagrado pianista respondió:
—Te lo voy a explicar de la manera más sencilla…nuestra música es como el ‘Ketchup’, esa salsa de tomate que se le echa a la hamburguesa o al pescao para poder sacarle el mejor sabor”.
–¡Ah!, dijo Escalona, la entiendo, la música de ustedes es la salsa que le pone sabor a la rumba…ustedes tienen más salsa que el pescao. De hoy en adelante la llamaremos ¡Salsa!”

Simpre incluía sus grasejos para estimular a los integrantes de la orquesta. «¡Mike Collazos, el hombre del cuero duro y el palito chiquito». Mike era el formidable timbalero.












