Opinión

Barbaries del fanatismo

Por Jorge Guebely

Todo fanático se comporta como un ser incorruptible, unívoco, de una sola pieza. Incapaz de traicionar su ideología, de pensar distinto a su programación cerebral. Peligro andante a raíz de una creencia, un ser mecánico. Un robot conflictivo de carne y hueso, presto al matoneo implacable a quien contradiga sus mandamientos. Dispuesto a matar en nombre de sus ideales o hacerse matar por ellos. Monstruoso asesino o suicida, producto de su des-configuración mental, de la enfermedad ideológica.

Su cosmovisión sufre de una infinita pobreza humana. Oscila perpetuamente entre los buenos y los malos, los míos y los otros, el yo y el resto. Verdadero maniqueo capaz de destazar al contradictor e idolatrar a sus dioses terrenales: sus sacerdotes, sus jefes políticos. Padece una consciencia construida de pura feligresía.

Inhumano fanatismo maniqueo, incita a valorar mejor lo peor. Mejor el corrupto que el honesto, el astuto que el simple, el charlatán que el discreto… Más productivo un asesino que un hombre probo, un inmoral que un honrado. Todo es posible si es mandamiento del fanatismo maniqueo agenciado por los supremos.

Personajes favoritos de las élites dominantes, los propios para construir enemigos; para destruir pueblos enteros en nombre de tóxicas esperanzas, desangrarlos, triturarlos. Para dominarlos con holgada facilidad, pues un pueblo fanatizado es presa fácil de cualquier delirio.

Asesino: nuestro histórico fanatismo maniqueo. Desde la independencia burocrática hasta hoy, medio país bolivariano y otro santandereano, medio país conservador y otro liberal, medio país centralista y otro federalista. Derechas e izquierdas, centros y extremos. Pastrana contra Samper, Uribe contra Santos, verdaderos maniqueos, supremos en la ignorancia fanática.

Asesino que sigue siendo asesino hoy. Colombia paga cara la enorme ignorancia de ser medio país uribista y otro medio anti-uribista. Vergonzoso infierno, territorio abonado para todas las barbaries.

Brutal fanatismo colombiano, origen de la primera patria boba, de las múltiples guerras del siglo xix, de los miles de asesinatos políticos durante la Violencia de conservadores contra los liberales, primer pico de violencia, según Alejandro Gaviria, reciente candidato a la presidencia. Origen del segundo pico de la violencia, confrontación entre guerrillas, paramilitares, ejército nacional y ejércitos privados. Origen de siete millones de campesinos expoliados por terratenientes con anuencia del Estado, desplazados a las ciudades; convertidos en presa fácil de la pobreza, la miseria, la anulación humana.

Origen de nuestra historia poblada de barbarie, de personajes bárbaros, de política construida sobre la barbarie. “Del fanatismo a la barbarie sólo media un paso” pensaba Denis Diderot. Y Colombia es un excelente ejemplo.

jguebelyo@gmail.com

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