NacionalesOpinión

Ascenso neoliberal

Colombia irá en paz o en violencia por la senda que diga el mercado. Poco importa lo que digan Uribe, Santos o las Farc, cada uno busca lo suyo.

Por Jorge Guebely

La élite económica internacional, de cultura conservadora, debe sentirse satisfecha con los políticos colombianos. Sus excesos de escándalos y la escasez de proyectos sociales contribuyen eficazmente con la implementación del neoliberalismo nacional y mundial.

Basta observar las estériles discusiones de los dos bloques políticos enfrentados para constatar el despedazamiento del país. La derecha conservadora, -Uribe, Vargas Lleras, Pastrana, Ordóñez, Vivian Morales- sólo atemorizan medio país con la venezualización, la destrucción del hogar tradicional y el terror a los acuerdos de La Habana. “Los conservadores luchan para que nada cambie, y cuando tienen dudas, consultan con la abuelita”, afirmaba Woodrow Wilson.

Y los progresistas -Robledo, Fajardo, Claudia López, Petro, las Farc, los comunistas, hasta los liberales- defienden los acuerdos de La Habana, farfullan palabras sobre educación y paz, denuncian la corrupción desde el patio trasero de los partidos tradicionales donde proliferan gran parte de los corruptos colombianos. Discusiones encendidas y banales, de envergaduras exclusivamente electorales, horizonte paupérrimo de nuestros políticos.

Y mientras la controversia estéril sigue, el neoliberalismo se consolida en el territorio nacional. Los derechos sociales, alcanzados por la clase media y baja después de la segunda guerra mundial, se volatilizan. La desigualdad se profundiza por el crecimiento de la miseria. La educación pública se privatiza. Se rebajan los salarios. Crece el desempleo real, y el trabajo informal, y el empleo basura. La salud se vuelve un embeleco nacional, un negocio criminal. Hay un lento desmonte de las pensiones. Los sindicatos pierden capacidad sindical. La inseguridad es cada vez más peligrosa tanto en el campo como en la ciudad, las bandas de malhechores nos hostigan permanentemente. El mercado deteriora el medio ambiente al igual que la fauna y la flora. Únicamente las multinacionales y sus apéndices usufructúan la prosperidad neoliberal, los favorece la reducción de un Estado que sólo alcanza para ellos.

Humanamente, es el entorno cultural propicio para que prospere el hombre hiena. La bestia humana que husmea donde hay dinero para dar dentelladas; para morder al enemigo, al copartidario y hasta la misma madre. El corrupto por excelencia, por encima de religiones y partidos políticos, más allá de clases sociales y distingos de género. Corrupción, ese buen negocio económico y político para las élites económicas internacionales: les permite desembolsar más empréstitos, desprestigiar aún más los estados nacionales y concentrar más poder en los organismos internacionales. Como afirmaba un profesor universitario: “Lo que importa en el neoliberalismo es que la banca siga sumando jugosos dividendos, no el bienestar de los seres humanos”.

jguebelyo@gmail.com

Noticias relacionadas
Nacionales

Una tragedia que deja a Colombia bajo emergencia

ActualidadCrónicasNacionalesSalud

Miguel Patiño:extraordinaria travesía en el sector salud

ActualidadAgendaNacionalesPolíticapresidenciales

"Oís, no fregués" Cali, luz de un nuevo cielo

LocalesNacionalesnews

Promigas y Uninorte obtienen patente para rehabilitar tuberías de alta presión

1 Comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *