Segovia y Segrera jugaron juntos en Junior, Millonarios y Selección Colombia.
Por: Francisco Figueroa Turcios

Hay duplas que no se explican: se sienten. Como si el fútbol, en su misterio más íntimo, las hubiera escrito antes de que tocaran un balón. Así ocurrió con Arturo Segovia y Hermenegildo “Mene” Segrera, dos nombres que en la memoria colectiva de la afición futbolera del Caribe suenan como una misma palabra, como un eco compartido entre la arena, el viento y las tribunas del estadio `»Romelio Martínez».
Arturo venía de Soledad, con ese pulso firme del que crece entre calles polvorientas y sueños de barrio; el Hermenegildo, nacido frente al horizonte azul de Santa Marta, traía en la sangre el ritmo pausado del mar. Segovia, marcador de punta derecho, era precisión, anticipo y temple; Sagrera, inicialmente zaguero central, representaba la lectura del juego, la voz que ordena, el carácter que sostiene.

Foto: Hermenegildo Segrera
En el Junior, su entendimiento fue inmediato, casi natural. No necesitaban hablarse: se intuían. Cuando uno cerraba, el otro flotaba; cuando uno salía al cruce, el otro ya había cubierto la espalda. Eran, en esencia, una misma idea dividida en dos cuerpos.
Arturo Segovia y Hermenegildo Segrera, conformaron una llave inolvidable en el sistema defensivo de Junior. La pareja de jugadores costeños Segovia(Soledeño) y Sagrera ( Samario) más tarde pasaron de Junior a jugar en Millonarios. Arturo continuo desempeñándose como marcador de punta derecho y el Hermenegildo pasó de defensa central a mediocampista.
El salto a la capital: elegancia y transformación

El destino —caprichoso y sabio— volvió a reunir a Arturo y Hermenegildo en el Millonarios, donde su historia alcanzó dimensión nacional. Allí, en el frío bogotano que contrasta con el calor de su origen, consolidaron una sociedad que trascendió posiciones.
El año 1972 no fue uno más. Fue el año en que el Millonarios volvió a tocar la gloria tras ocho temporadas de espera desde 1964. Aquella décima estrella no solo iluminó una vitrina: sanó una herida.
Arturo Segovia y Mene Segrera, hicieron parte de la galería de jugadores que ganó la tan anhelada décima estrella para los Millonarios en año 1972, por cuanto el club ´Embajador´ había ganado el último título 1964: Millonarios tuvo una nómina de lujo: Sene Mosquera, Otoniel Quintana, Arturo Segovia, Edgar «Chonto» Gaviria, Oscar Villano y Pelé González, Gabriel Hernández, Hermenegildo Segrera, Julio Gómez, Julio Comesaña, Alejandro Brand; Willington Ortíz, Jaime Morón y Apolinar Paniagua.

Foto: Arturo Segovia
Pero toda sinfonía necesita una base. Y la de ese Millonarios campeón se edificó, en buena parte, sobre la complicidad silenciosa de estos dos costeños que entendieron el juego como se entienden los viejos amigos: sin estridencias, con lealtad.
Segovia se mantuvo fiel a su banda derecha, dueño de un carril que defendía con rigor y recorría con disciplina. Segrera, en cambio, mutó: dejó la zaga para instalarse en el mediocampo, como si su fútbol pidiera más aire, más campo, más influencia. Aquella transformación no rompió la sociedad; la elevó. Ahora no solo se protegían: se conectaban.
Protagonista en Junior…

Junior 1971: Mene Segrera, Arturo Segovia, Eliseo Álvarez, Carlos Peña, Francisco Cañarete y Toto Rubio. Abajo: Alfredo Gómez, Andrés Salazar, Joaco Pardo, Alfonso ´Chicho´ Martinez y Raúl Peñaranda.
Junior tuvo en Arturo Segovia y Hermenegildo Segrera a dos verdaderos gladiadores que marcaron una época inolvidable en la historia rojiblanca.
Segovia, con su temperamento, liderazgo y fortaleza como lateral derecho, se convirtió en un caudillo dentro y fuera de la cancha; mientras Segrera aportó elegancia, carácter y una entrega absoluta que lo llevó incluso a ser capitán de la Selección Colombia. Juntos conformaron una muralla defensiva que hizo respetar el viejo Romelio Martínez y sembró identidad en el Junior de finales de los años sesenta y comienzos de los setenta.
La amistad entre ambos trascendió el fútbol. Compartieron camerino en Junior, luego en Millonarios FC y también en la Selección Colombia, consolidándose como “dos almas gemelas”, expresión con la que ellos mismos definieron una relación nacida en las canchas y fortalecida con el paso de los años
Arturo Segovia, jugó en Junior seis temporadas ( 1966, 1967, 1968, 1969, 1970 y 1971) con el junior, actuando en 254 partidos y gracias a sus excelentes condiciones futbolísticas, inclaudicable en la marca, temperamento, caudillo dentro y fuera de la cancha. Dejaba hasta la última gota de sudor en cada partid, por lo que logró meterse en lo más profundo del corazón de la afición juniorista.

Hablar de Segovia y Segrera es hablar de una generación de futbolistas costeños que dejaron sudor, coraje y sentido de pertenencia. Fueron hombres que defendieron la camiseta rojiblanca con el alma, en tiempos donde jugar en Barranquilla era una auténtica batalla deportiva y donde el Junio
r construyó su carácter de equipo bravo, respetado y temido en el fútbol colombiano. Las huellas que dejaron siguen vivas en la memoria colectiva del pueblo juniorista.
También vistieron juntos la camiseta de la Selección Colombia, prolongando esa sociedad que ya no pertenecía solo a los clubes, sino al país entero. Representaban algo más profundo: la posibilidad de que el talento nacido en la periferia se convirtiera en columna vertebral de la nación futbolera.
Hermenegildo Segrera, luego de la exitosa participación en la Eliminatoria en el Mundial de Fútbol de Inglaterra, se radicó en el año 1965 en Barranquilla y fue pilar para hacer realidad la conformación del Junior en su reaparición en el fútbol profesional en el año 1966. Jugó 165 partidos con el Junior en cinco temporadas :1966, 1967, 1968, 1969 y 1970 .
Más que compañeros: una identidad compartida

La pareja Segovia y Segrera se mantenía vigente ahora en la Selección Colombia por lo que están en la memoria del colectivo amante al fútbol en todo el país. Sin duda que en Junior fue se consolidaron grandes futbolistas y al mismo tiempo afianzaron una amistad que todavía perdura y que sólo la muerte le pondrá punto final: son dos almas gemelas.
«Arturo Segovia es mi mejor amigo que me dejó el fútbol y mi mejor compañero en el sistema defensivo cuando jugamos en Junior, Millonarios y la Selección Colombia. Compartimos muchos años de fútbol y ante todo hay que resaltar que es un gran ser humano» señala Mene Segrera sobre su amistad con Arturo Segovia.
A su vez Arturo Segovia considera que la amistad con Mene Segrera será hasta el último día de su vida. «La amistad con Segrera es de dos verdaderos amigos que pese a la distancia él en Santa Marta y yo en Bogotá se mantiene intacta. Somos dos almas gemelas, que ni la muerte nos separará. Una amistad que nació cuando jugamos en el Junior y se fortaleció luego en Millonarios y más tarde en la Selección Colombia» revela Segovia.

JUNIOR 1968: De pies: Arturo Segovia, Laerte, Peña, Mene Segrera, William Martínez y Mario Thull. Agachados: Othon Dacunha, Romeiro, Toño Rada, Quarentinha y el «Boqui» Caro.
En una época donde las individualidades suelen gritar más que los equipos, la historia de Arturo Segovia y Hermenegildo Segrera se levanta como un susurro poderoso. Porque ellos no buscaron brillar solos: eligieron acompañarse.
Y quizá por eso permanecen. Como esas parejas invisibles que sostienen la historia sin pedir aplausos, como esas mareas que van y vienen sin anunciarse, pero que terminan moldeando la orilla. En el recuerdo del fútbol colombiano, donde el tiempo suele borrar nombres, ellos siguen ahí… jugando juntos, como si nunca se hubieran ido











