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«Admiro a Botero y mi arte es distinto»: Enrique Lamas

Los estilos de ambos artistas se parecen, por sus grandes y redondos volúmenes. Pero, «basta con apreciar cada obra para distinguirlas», dice Miguel Iriarte, organizador de la reciente exposición de Lamas en Barranquilla.

Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor general

Exposición Enrique Lamas 5

Foto: Jorge Andrés Ramírez.

La Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta, responsable de la administración y gestora del Complejo Cultural de la Antigua Aduana, con sede en Barranquilla, celebró 20 años de existencia con la exposición retrospectiva del pintor Enrique Lamas.

«Todo Lamas», fue titulada la exposición que Miguel Iriarte, director de la Biblioteca Piloto del Caribe, que hace parte del Complejo Cultural, tuvo a su cargo como curador de la obra monumental que el pintor chileno inició hace cerca de sesenta años y cuyo escenario de mayor trayectoria ha sido Barranquilla.

Enrique Lamas y Miguel Iriarte

Enrique Lamas y Miguel Iriarte. Foto: Jorge Andrés Ramírez

La noche del 10 de julio, Enrique Lamas leyó textos publicados en diarios como El Heraldo, de profundidad poética y filosófica; para deleite de los asistentes, el maestro también pintó en vivo, un caballo con carboncillo que es de sus técnicas preferidas; y para remate de su magistral presentación, tocó en el piano un vals de Frédéric Chopin. Todo ello en el marco de una entrevista que dirigió Miguel Iriarte y que tuvo como protagonista principal la historia de vida de Lamas, un hombre que entregó su vida al arte «desde niño, cuando escuchaba llorando la música en el piano, que nunca me dejaban tocar porque en aquella época en nuestro país era mal visto que un hombre interpretara el piano, eso era ‘para mujeres’. Todavía no tenía clara la presencia de un artista en mí, pero tengo el recuerdo marcado y de esa pasión fue creciendo mi amor por el arte», relató Lamas.

De la Sierra chilena, Paris y su llegada a la Arenosa

Exposición Enrique Lamas 1

Enrique Lamas. Foto: Jorge Andrés Ramírez.

Enrique Lamas proviene de una familia millonaria de Chile, su padre era un hombre de negocios que quiso dirigir su vida y separarlo del arte para que se enrolara en la economía de sus empresas. Pero fue tanta la obstinación de Lamas por el piano, su primer arte, que su padre tuvo que permitirle recibir clases en casa y «me contrató a un pobre viejito que solo me enseñó escalas básicas. Así no iba a avanzar nunca, por lo que me inscribí a escondidas en el Conservatorio, iba todas las mañanas retando el frío austral y la directora me permitía estudiar el piano al ver mi convicción».

Lamas se convirtió en profesor de piano y así se mantuvo un tiempo incluso cuando su padre cayó en desgracia económica y la familia quedó arruinada. «Un día me dije: o vivo para siempre de profesor o me voy a Francia a crecer». Vendió el piano antes que lo remataran entre todos los bienes familiares y viajó a París contando solo con el tiquete de ida. «Tuve un principio muy difícil en Europa, me alimentaba de la cofradía que hacíamos los pintores en la calle. De allí me quedaron grandes amigos y una felicidad enorme a pesar de los sacrificios».

El auditorio en pleno escuchó al artista.

Saltan lágrimas en el pintor al momento de contar en el auditorio de La Aduana cómo viajó su familia a encontrarse en España, porque su padre, que había estado a punto de suicidarse, ganó unos 500 dólares de la época en una apuesta de caballos y quería hacer un intento desesperado por sobrevivir y reunirlos a todos en torno a un proyecto común.

Exposición Enrique Lamas

El auditorio en pleno escuchó al artista.

«Estábamos en esas cuando conocimos al vicecónsul de Colombia en Madrid,  de nombre William Bendeck Olivella. Barranquillero. Generoso y muy directo, nos dijo que en España no sobreviviríamos. Nos ofreció apoyo para viajar a Barranquilla y emprender futuro. Así lo hicimos, sin saber nada de la ciudad. Llegamos y alquilamos un sitio para administrar, yo lavaba losas y toda la familia trabaja en algo alrededor del negocio. Mi padre me pagaba 3 pesos semanales para que al menos comprara mis cosas personales», cuenta el artista sobre su arribo.

«Pero un día se me acercó el dueño del lugar, un tipo elegante, caballeroso, y me preguntó: ‘¿a qué te dedicas?’ -Yo le dije: ‘A lavar’. -‘No, dime qué sabes hacer en la vida’. – ‘Pintar’, le respondí. El señor, incrédulo, me dijo que le pintara algo, que le mostrara mi talento. Pensé que esa era mi única oportunidad, pero no tenía dinero ni para comprar pinturas, solo me alcanzó para un negro, ocre, blanco y dos pinceles. Completé con un cartón como lienzo y aceite de cocina. Cuando vio la obra me dijo que a partir de ese día yo no podía seguir lavando, que pintara y él me ayudaría vender los cuadros». Y en efecto, desde aquel momento de hace 50 años, Enrique Lamas se convirtió en el artista que todos los días pinta, que no tiene vacaciones para su arte, cuya técnica y mística lo lleva al Olimpo de los pintores que han descollado en el Caribe colombiano.

Las gordas de Botero y Lamas

Exposición Enrique Lamas 2

Foto: Jorge Andrés Ramírez.

Para despejar dudas, Lamas responde a Miguel Iriarte sobre el parecido de su estilo al de Fernando Botero. «Yo admiro al gran Botero porque su arte es cúspide. Sus volúmenes hacen armonía con formas desproporcionadas que el pintor logra integrar en una melodía de colores y luces. Eso es algo que me deja boquiabierto. No imito a Botero porque yo lo que busco no es ese manejo genial de las formas, sino la plenitud del volumen. La razón es sencilla: si vemos a un niño pequeño gordo, de mejillas rosadas, o vemos a un caballo robusto, fornido, los queremos acariciar, nos atrae. A mí me atrae la plenitud del alma y por tanto el artista que me habita busca por sí solo lo que simplemente yo tengo que obedecer».

Exposición Enrique Lamas 4

Foto: Jorge Andrés Ramírez.

«Este chileno se ha ganado el corazón de los costeños, nos ha representado como solo los maestros extraen la esencia de sus musas, como los danzantes que flotan bailando a la luz de la luna y las marimondas terrenales los festejan en su Carnaval, así ha hecho Lamas con Barranquilla. ¡Todo Lamas!», cierra Miguel Iriarte, porque a pesar del conversatorio lleno de magia y carne del gran ser humano que mostró Enrique Lamas en sus historias de vida, el público fue a La Aduana, en el marco de la celebración de los veinte años de la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta, a ver la obra del artista. La grata sorpresa es que se llevó a «Todo Lamas», en plenitud de su arte.

Lamas pinta en vivo

Sobre el autor

Practicante del periodismo desde niño, comunicador de profesión, artista por vocación. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3185062634
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