Llegó a ser Presidente de la Corte Constitucional. Ha sido el candidato de izquierda más votado en una contienda por la Presidencia de Colombia. Amigos y detractores lo reconocían como un hombre sabio.
Por Jorge Mario Sarmiento Figueroa
El color blanco de su cabello y sus barbas le daban una imagen de hombre sabio que coincidía con su talante. Mantuvo una coherencia política e intelectual que pocas veces se ha visto en la historia del poder en Colombia. Nacido en 1937 y formado en Antioquia, Carlos Gaviria Díaz surgió del mundo académico. En la Universidad de Antioquia llegó a ser decano y vicerrector. Era una época de crisis de los derechos humanos en Colombia y él, junto a destacados colegas académicos, fue víctima de la persecución política y paramilitar de la rancia ideología ultra-conservadora, que siempre ha preferido a los hacendados y terratenientes en contra de la equidad. El asesinato en 1987 del profesor Héctor Abad Gómez, padre del escritor Héctor Habad Faciolince (autor del libro ‘El olvido que seremos’ en homenaje a su padre), fue el detonante que obligó a Gaviria Díaz a huir de Colombia. Se exilió en Argentina.
Luego del exterminio de casi todas las formas de pensamiento izquierdista, Gaviria encuentra un resquicio político para regresar al país, y gracias a su portentosa capacidad de pensamiento llega a ocupar el cargo de Magistrado de la Corte Constitucional entre 1993 y 2001, de la cual fue presidente desde 1996.
En el año 2002, coincidente con el ascenso a la Presidencia de la República de unos de los más férreos líderes de la política de derecha antioqueña, Álvaro Uribe Vélez. Gaviria Díaz se lanza al Senado por el Frente Social y Político y obtiene la quinta votación más alta del Congreso.
En 2006 se presentó como candidato a la Presidencia de Colombia y obtuvo la más alta votación histórica de cualquier candidatura de izquierda en el país. En esa campaña se enfrentó al entonces Presidente Uribe Vélez, quien quería su primera reelección y quien llegó a expresar públicamente que los colombianos debían elegir entre «la seguridad democrática y entregarle el país a los comunistas disfrazados». Por declaraciones como esta, Gaviria tuvo oportunidad de mostrar los principios de su formación ética, respondiendo con altura: «el presidente está nervioso y por eso usa un lenguaje ‘macartista’ (señalar como comunismo todo lo que vaya contra el capitalismo y la concentración desmedida de poder) (…) No soy ningún comunista disfrazado sino un liberal en el sentido más puro de la palabra, y ello se ha visto reflejado en todas las acciones de mi vida pública, por lo cual no contestaré más a las agresiones del presidente-candidato».
A partir de 2006 fue el Jefe de la Oposición como máximo dirigente del Polo Democrático. Simpatizantes y detractores lo reconocieron en vida y muerte como uno de los líderes intelectuales más importantes que haya tenido la política de Colombia, capaz de enfrentar con ideas a los que, a falta de ellas, tienen que defender empuñando o patrocinando las armas.
Carlos Gaviria falleció este martes a las 9:00 de la noche en Bogotá, por una afección pulmonar que lo tenía internado en la Fundación Santa Fe desde el pasado 14 de marzo.
En la crisis de imagen que atraviesa actualmente la Corte Constitucional, la muerte de Carlos Gaviria será un homenaje sentido al tipo de líderes que deberían estar en el órgano judicial más relevante del país. Su ausencia pesa.













