Pasadas las festividades pre y pos de Navidades y Fin de Año, ahora sì empezó en firme la campaña electoral para la elección de Representantes, Senadores y Presidente de la República.
Por Rafael Sarmiento Coley
Luego del temeroso bullicio de las festejos (a media máquina) en Navidad y Año Nuevo, por la amenazante presencia en el ambiente del Covid-19, Ómicron y otras varias, se desata la furia de la campaña política para la elección.
Por lo menos se nota que los candidatos a una de las 108 cutules de Senado y una de las 188 Cámara les importó un pito los sube y baja de los niveles de los contagios de Covid y su pariente Ómicron. Tampoco se han escatimado en gastos aprovechando las nuevas estrategias publicitarias que ofrecen las redes sociales de las nuevas Tecnologías de la Información y las comunicaciones.
Se han llevado por la borda todo lo que antes prohibía el viejo Código Nacional Electoral (que habrá que actualizarlo para el próximo debate).
Por ahora todo se vale. Instagram. Faceboock, Twitter hacen su feria.
Y, sin perder su tradición y credibilidad, los medios tradicionales, las plataformas y los medios periodísticos digitales, como www.lachachara.co se consolidan y fortalecen su credibilidad porque no han caído en el folclorismo de las otras redes sociales, y también porque mantienen su credibilidad.
Por ahora la pregunta que se despejará el 13 de marzo próximo es el efecto que produjeron los nuevos formatos publicitarios que reemplazaron a los pasquines, los carteles en las paredes, las griterías en las emisoras, el perifoneo.
Lo que sí es cierto es que una campaña presidencial de la Costa Caribe colombiana se le corrió la teja al destinar 25 mil millones de pesos para su precampaña de lanzamiento con base en un estudio-montaje-maqueta de una empresa gringa especializada en la materia. Aquí el personal criollo empezó a actuar -y así será hasta al final– como obreros de los gringos– ¡Qué locura!












