Un chacharero nos cuenta porqué, según él, en el Tour de Francia peligra el espectáculo y qué podemos esperar de Nairo en 2017.
Por Rafael Arevalo
Con más expectativas, ilusiones que realidades, terminó el pasado domingo el tour de Francia. Otro año más habrá que esperar, para saber si por fin veremos a Nairo conseguir su sueño. Habrá tiempo para reflexionar sobre qué pasó y por qué no se consiguieron los objetivos.
¿Cuál fue la enfermedad que afectó a Nairo? pues hasta la fecha no hay ningún dictamen médico que diga a ciencia cierta algo relativo al caso.
¿Estuvo acorde la preparación de Nairo? Hay muchos interrogantes sobre este punto, ya que antes de que se anunciara lo de la enfermedad, al corredor se le vio cansado y sin fuerzas en muchas de las etapas, como si la tabla de trabajo para llegar al Tour hubiese sido excedida.
Por otro lado cabe preguntar: ¿se planificó bien la carrera por parte del Movistar Team? Este es otro de los grandes interrogantes, pues con frecuencia se habla de Froome como de un fenómeno y de un súper campeón sólido y difícil de derrotar. Y aunque nadie duda de las condiciones del keniata, no podemos afirmar que es un campeón indestronable, cuando aparte de un par de débiles tentativas, no se le ha atacado. En efecto en el presente Tour, Nairo, Purito, ni Valverde han efectuado ataques a fondo contra Froome y solo Contador, mermado físicamente por sus caídas, tuvo la osadía.
Independiente del sabor agridulce que nos deja el Tour por la frustración de no ver coronado a Nairo como campeón, tenemos que decir que este pasará a la historia como uno de los más aburridos, donde las esperadas batallas en la montaña quedaron aplazadas y durante casi todas las etapas en este terreno hubo una constante: Nairo a la rueda de Froome, Purito a la rueda de Nairo, Porte a la rueda de Purito, Arú a la rueda de Porte, y nadie movía la carrera.
Esta situación no es nueva, pues en el del año pasado solo hubo dos ataques de Nairo en la montaña, y hoy por hoy se corre de forma conservadora y nadie ataca en este terreno.
Atrás quedaron las batallas épicas por demostrar la supremacía en la montaña y los Luciem Vanimpe, Richard Virenque, Robert Millar, Patrocino Jiménez, Luis Herrera, Olivero Rincón y el mismo Nairo Quintana saben que contrariamente al esfuerzo que ellos realizaron para tener el reconocimiento de escalador, en la actualidad ese título no dice nada dentro del Tour pues por la misma parsimonia del grupo se le otorga este galardón a pedalistas que lejos están de ser escaladores.
Preocupa el futuro inmediato del Tour, pues si sigue tomando fuerza la estrategia de correr de forma conservadora en las etapas de montaña, veremos más competencias tediosas, ya no solamente en el plano y hasta en ascenso tendremos llegadas masivas con definición al sprint.
En la forma como está planteada la carrera en este momento se pierde espectáculo, por lo que habrá que pensar en grandes bonificaciones en tiempo para hacer que regrese la competencia; mientras eso sucede, preparémonos para cambiar el chip, pues es posible que para el próximo año nos llame más la atención las definiciones de Fernando Gaviria en el plano, que las de Nairo Quintana en la montaña.











