Alrededor del Coliseo hay vidas llenas de recuerdos, pero también de expectativas sobre lo que será este escenario.
Esta crónica fue escrita y editada en el Taller de Cuento y Crónica La Cháchara. En alianza con IDET (Instituto De Educación Técnica Especializada)
Por Johanna Crespo*
De lo que fuera uno de los escenarios deportivos más importantes y más antiguos de La Arenosa, hoy solo quedan ruinas y un puñado de recuerdos sembrados en el inconsciente histórico de los barranquilleros. El coliseo Humberto Perea nos acompañó durante 55 años y nos brindó la posibilidad de disfrutar momentos especiales e inolvidables en la vida de muchos de los habitantes de Barranquilla.
Bajo esos muros que ya no existen, muchas veces se escuchó la voz de grandes cantantes y la alegría de la gente. Hoy solo se escucha el ruido de máquinas moviendo los escombros, escarbando entre las ruinas y el polvo que es lo queda de este mágico escenario, que estuvo cerca de una década abandonado y sumido en el más triste de los olvidos y la más brutal de las indiferencias.
En este coliseo en donde el boxeador Mario Miranda libró algunos de sus más enconados combates, aquí en la calle 58 con carrera 54 , casi que a un lado de ilustres vecinos como la Universidad de la Costa, el Teatro Amira de la Rosa, alguna vez hubo mucha actividad deportiva. En la retina de algunos barranquilleros aún están frescas las jugadas de los partidos de micro fútbol que allí tuvieron lugar, los partidos de baloncesto, las peleas de boxeo y, por supuesto, las inolvidables rumbas del Festival de Orquestas. De todo eso hoy solo quedan recuerdos.
Son muchas las personas que cargan en su maleta exclusiva de recuerdos, muchos instantes importantes de su vida que transcurrieron entre esas paredes que hoy quedaron resumidas a polvo y desechos.
Jose Luis Blanco es un hombre de unos 43 años, mediana estatura, color claro y cabello corto. Blanco recuerda aquella jornada maratónica de baile, rumba y buena música, que disfrutó bajo el amparo del viejo ‘monolito’, en donde se gozó un Festival de Orquestas. “Aquí vine hace mucho tiempo cuando era joven al Festival de Orquesta. Este coliseo nos brindaba un buen espacio y siempre estaba disponible aunque estuviera lloviendo. Lástima que lo descuidaron y dejaron que se fuera destruyendo hasta llegar a este punto”, esto dijo mientras se quitaba las gafas para limpiar el sudor que corría por su frente debido al intenso sol que azota a la ciudad de Barraquilla a mediodía.
Blanco es quien dirige la demolición del Humberto Perea, no obstante a su labor, como muchos de los barranquilleros, aquí vivió muy buenos momentos en el ya desparecido escenario. El coliseo fue inaugurado en 1961 y sirvió de amparo y casi que de hogar a muchos de nuestros deportistas. Blanco apoyó la demolición del Coliseo y contó que “desde el 2008 empezó a deteriorarse y al pasar los años perdió su esencia convirtiéndose en un lugar de estar para los habitantes de la calle. La gente prefería evitarlo, sobre todo en la noche”, aseguró.
Al abogado Roberto Tapia lo encontramos sentado en la silla de su oficina, que queda justo enfrente. Tapia volteó a mirar el coliseo a través de las ventanas del edificio donde labora y mencionó: “Estoy de acuerdo con que sea demolido, lo que no se usa es mejor quitarlo pues no hay que apegarse a lo tradicional, tengo entendido que se construirá un nuevo sitio para eventos deportivos, aunque yo hubiera preferido que fuera un pulmón para Barranquilla que es una ciudad tan caliente”.
El proceso de demolición se inició el 11 de mayo y fue la firma Atila la encargada de dinamitar de forma controlada las estructuras del viejo escenario. Los trabajos se deben terminar en dos meses, tiempo que dura el contrato, por esto la mayor parte fue desplomada por la implosión donde se usaron 336 cartuchos de explosivos. El resto será derribado viga por viga para no causar daños en las estructuras aledañas donde se procura tardar solo dos semanas.
El coliseo fue llamado Humberto Perea en honor al atleta campeón en salto largo y salto triple y subcampeón en 100 y 200 metros planos y ha sido demolido para dar paso al nuevo escenario de los juegos Centro Americanos y del Caribe que se realizarán en el 2018; o por lo menos así lo esperan los barranquilleros como Rafael Rodríguez, un hombre que tiene su pequeño negocio a las afueras del coliseo, quien sentado en un bloque y amparado bajo la sombra de un árbol contó: “Aquí estoy hace más de 12 años vendiendo bolis y he visto parte de la existencia de este lugar donde en los últimos años solo habitaban indigentes. Esperemos que cumplan con lo que prometieron hacer y quede tan bonito como una maqueta que alcancé a ver desde aquí”, aseguró el vendedor estacionario, que conoció parte del esplendor del Coliseo y fue testigo de su inevitable caída.
A la expectativa se encuentran los barranquilleros después de la demolición del Humberto Perea, del cual solo han quedado historias y recuerdos para contar a las nuevas generaciones, esperando así la construcción del nuevo escenario para los juegos Centro americanos y del Caribe, cuya inauguración tendría lugar el 20 de julio de 2018 y se extendería hasta el 3 de agosto de ese mismo año.
Allí en donde una vez hubo gritos de alegría y brilló el fulgor de nuestro Carnaval, en donde nuestros deportistas dejaron sus lágrimas y su sudor hoy quedó una rosa marchita y destruida y la promesa de un nuevo amanecer.
*Johanna Crespo tiene 18 años, es estudiante de Logística Empresarial en el Sena; y estudiante de Administración de Empresas en la Corporación Formar, becada por la Agencia Children International, en donde también participa en los programas de música y radio juvenil.













