Opinión

Vulgar negocio

El virus que origina nuestra pobreza tercermundista reside agazapado principalmente en la conciencia de nuestros dirigentes políticos y económicos. Su reflejo es el nivel educativo del país.

Por Jorge Guebely

[caption id="attachment_14025" align="alignright" width="300"]Jorge Guebely, escritor, PhD en Literatura, columnista invitado en Lachachara.co Jorge Guebely, escritor, PhD en Literatura, columnista invitado en Lachachara.co[/caption]

Como los mosquitos del chikunguña, donde ellos (dirigentes políticos y económicos) llegan inoculan la peste. Hicieron de Colombia, país de rica naturaleza, en uno con el mayor número de habitantes pobres.

La idea surgió mientras escuchaba una conferencia sobre la educación finlandesa, la segunda más eficaz del mundo. Aún de corte liberal, educa en valores humanos. Por la misma razón, se inicia a los siete años. Es pública en un 99%. El 1% restante es gratuito y sirve para experiencias pedagógicas. Suministra por igual, a todos sus estudiantes, almuerzos, refrigerios y materiales escolares. Sus docentes son tan respetados, económica y socialmente, como un médico. Entiende que el espíritu es tan importante como el cuerpo. Los aspirantes a la docencia deben tener las mejores notas y los mejores comportamientos. Funciona como sistema y cuenta con 6.5% del PIB. El éxito reside en la sensibilidad humana de sus dirigentes políticos y económicos.

EducaciónLa antípoda la encontramos en Colombia. Sin sistema, cada cual la ejerce según intereses económicos. Por razones comerciales, se inicia a los tres años. Cada niño nace con una etiqueta de mercancía impresa en su destino. Debe pasar por un sinnúmero de instituciones públicas y privadas; desde el pre-jardín, jardín, transición hasta los doctorados y pos-doctorados. Tortuoso trayecto comercial que hace costosa la labor de padre.

Por estrategia, nuestros dirigentes promueven el espíritu de la educación privada. La educación les sirve para iniciar y profundizar la inhumana brecha social. Sólo se contentan con escandalosos populismos como las diez mil becas para estratos bajos. Becas que beneficiaron a universidades privadas, donde el matoneo a los becarios ha sido inmisericorde.

‘Donde hay educación no hay distinción de clases’ afirmaba Confucio. Aquí hay distinción de clase porque no hay educación. Sólo hay un vulgar negocio, en lo privado y lo público, en las instituciones desprestigiadas y las prestigiosas también. En verdad, la educación colombiana es tan inhumana como el congreso o un banco cualquiera. Únicamente impera la moral política y económica con sus desmanes.

Beneficia fundamentalmente a mercaderes y a políticos. Poco espacio dejan para construir el ser humano. El uno y el otro desconocen las palabras de María Montessori, pedagoga de todos los tiempos: ‘La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejarla libre para que se desarrolle’. Nada de eso conoce nuestra clase dirigente que se obnubila con la voracidad capitalista tercermundista, ese hematoma demasiado agitado en sus conciencias.

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