Marco Van Basten fue un centro delantero espectacular, tres veces balón de oro y líder ofensivo de aquel victorioso Milán de Arrigo Sachi.
Por: Javier Castell
Marco Van Basten fue un centro delantero espectacular, tres veces balón de oro y líder ofensivo de aquel victorioso Milán de Arrigo Sachi. Hoy hace parte del equipo de desarrollo técnico de la Fifa y hace unos días dio a conocer al mundo del fútbol una serie de modificaciones que, según él, mejorarían la calidad y dinámica del juego.
Aumentar las sustituciones por partido, cambiar el penal por el shoot out, cambiar al jugador después de cinco faltas, jugar tiempo real en los últimos diez minutos, no jugar más de 50 partidos por temporada, son algunas de las inquietudes del goleador. Personalmente, con casi todas estoy en desacuerdo, pero toleraría el debate sobre algunas y hasta el perfeccionamiento de otras para ensayarlas.
En la que sí no tengo dudas de su dañina aplicación, y por lo tanto mi oposición vehemente e inmediata, es la de eliminar el fuera de lugar. Sin esta restricción se atrofia la inteligencia de juego.
Sin el fuera de lugar ya no será fútbol. Como ya no habría ninguna zona vedada y al poder estar, los que atacan, detrás de los defensas y no ser penalizados, estos se verán obligados a retroceder casi al lado de su arquero, de tal manera que veremos varios defensas y varios delanteros en un área y en la otra el resto. Si la ausencia del fuera de lugar producirá esta nueva postura de los equipos, entonces la elaboración, el toque, la combinación de habilidades, la naturaleza colectiva del juego y la sinfonía de movimientos para desarmar la resistencia del oponente ya no las veremos. Ya no serán necesarias.
El fútbol, su razón de ser y su belleza necesitan de todas ellas antes de poner el balón y al jugador detrás de la última línea del rival y cerca del gol, y para eso se requiere calidad, precisión y, sobre todo, inteligencia de juego, que, por cierto, es la que hace más espectacular y dinámico el juego, mucho más que cualquier modificación al reglamento.
El fuera de lugar existe para que exista el riesgo, para que los defensas también visiten el campo del rival, para que los delanteros miren antes de correr, que en fútbol es pensar antes de actuar; el fuera de lugar es imprescindible para que el equipo busque ser compacto, para que existan las tácticas, para que los delanteros no sean unos holgazanes, unos ‘palomeros’; el fuera de lugar existe para que los equipos elijan a qué distancia del arco defender, para estimular la atención. El fuera de lugar existe para evitar los atajos, para descubrir a los avivatos.
Seguramente, el fuera de lugar arrebató a Van Basten algunas posibilidades de convertir muchos más goles de los que anotó durante su brillante carrera. En todo caso un daño menor. Pero esta peligrosa propuesta, de aprobarse, sería un lapidario fuera de lugar para el fútbol.












