Colombia tiene en este municipio del Atlántico el ejemplo de paz y convivencia que muchos pueblos y ciudades desean tener.
Por Chachareros
Usiacurí no es uno de esos pueblos pobres y olvidados de los que ni la muerte se acuerda de ellos. Por el contrario, es uno de los municipios más ricos de Colombia si se tiene en cuenta la exuberante naturaleza que lo rodea, el urbanismo con que fue edificado y el nivel cultural de su gente.
Usiacurí es hijo de la mixtura de las razas. De su nombre se desprende el origen indígena. De su iglesia en la colina más alta se simboliza la presencia española. Y gracias a su espíritu de paz se celebra la llegada de huéspedes que a través de los siglos se han hecho al corazón del pueblo. Como el poeta Julio Flórez.
El diario El Tiempo, en un trabajo especial sobre #PueblosInsólitos, destacó que «En este municipio del Atlántico la gente se muere de vieja o por una enfermedad». Tremenda descripción surge de las estadísticas relacionadas con muertes violentas que realiza anualmente el Instituto de Medicina Legal, en las que se evidencia que fue hace casi medio siglo cuando sucedió el último asesinato en el pueblo.
Casi como un pacto sellado, desde entonces la gente decidió no volverse a matar. Que si la muerte los visitaba, que fuera una visitante ilustre y natural que solo recogiera con alegría al que tuviera que partir. Usiacurí no necesitó entonces encerrarse para que no llegara la violencia, sino que se abrió aprovechando el empeño de sus habitantes para dar lo mejor de sí y atraer al turismo y el comercio. En paz.
«La paz en Usiacurí no es algo que estemos buscando; es algo que llevamos adentro como la mejor manera de vivir. Aquí la gente ayuda a la gente y trabajamos para que todos tengamos lo mejor, abriendo las puertas de nuestra casa a los visitantes», expresa el alcalde William Bresneider.
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