El esperpento, la sobredimensión de la mueca, la mofa acechan en la creación delirante de esta artista, heredera de Frida Kahlo.
Por Leo Castillo
Quiere que la llame suavemente Yannis, tiernamente, en vez de Yannet, que es nombre sin plumas de codorniz. Las plumas, mejor, el plumón del ave ha sido mancillado en el nido, antes del vuelo inicial y del iniciático: la regresión siquiátrica la devuelve a la rama primigenia, encuentra ab ovo el ultraje en las plumas, mejor, el plumón de la polluela: el estupro torpe de manos de quien menos cabría jamás esperarse. No quiere ese nombre de pila manchado de una paternidad abyecta, no quiere apellidarse Delgadilllo, como quien se sacudiere la mosca infecta de una deshonra innombrable, como quien esquivara el golpe dirigido contra el armazón frágil de su memoria de pájaro, contra su humanidad mohína, su desenvolvimiento retráctil, su miedo contemporáneo arropado de timidez.La llamo hija, la llamo amor. Me llama papi y fabrica con mi imagen el escudo contra el otro nombre, el apellido, se defiende. Con las letras, el sonido de mi nombre, mi hija, su alma de araña, teje sogas que sujetan, inmovilizan momentáneamente el dolor, el desamparo y se balancea en la telaraña del conjuro acortando la distancia y el tiempo: me trae a sí, me llega a mí.
De estas y otras substancias es el compuesto maduro, bien fermentado del arte de Antagónica Furry, el alucinante menester de rebeldía de su olla de bruja. La Red social la veta, el dedo del Inquisidor escribe con letra escarlata el anatema en su frente pura, que sin embargo se retrae en el pudor del hogar, en la concha acústica de todas las resonancias de la creación simbólica.
Cada carta de su naipe es una cifra arcana, un pétalo de su vida arrojado a las llamas. Su erotismo es salvaje, crudo y al tiempo honesto, sin contradicción ni inconsecuencia alguna. Antagónica está sacando de su alma un documento de la ira contemporánea, el desasosiego y la orfandad brutal eternos en busca de realización en el eros salvaje, en un arte radical sin concesiones. De su taller de milagrerías saltan creaturas asombrosas, asociaciones sorprendentes, raros sentidos de las cosas cotidianas y de lo insólito hallado en el salto al vacío, el salto al horror abismal de que nunca se sabe qué pesadilla emergerá, qué prodigio, qué sarcasmo, qué chiste flojo. El esperpento, la sobredimensión de la mueca, la mofa acechan en la creación delirante de Antagónica Furry, ¿qué duda cabe?: una fuerte heredera de Frida Kahlo, una remozadora del surrealismo, una de las prestidigitadoras de la más acabada brujería del arte latinoamericano de nuestro tiempo.











