Por: Francisco Figueroa Turcios
Antes de ser Tom River, fue simplemente Abelardo García García, un nombre largo y silencioso que no hacía eco en los escenarios ni cabía en los carteles luminosos de la música tropical. Era un nombre que todavía no sabía cantar.
Pero Abelardo ya llevaba dentro una voz que parecía tener muchas vidas: podía ser baladista en una noche de nostalgia, cantante de reggae cuando el ritmo pedía cadencia, jazzista entre acordes elegantes, bolerista de madrugadas sentimentales, o rockero cuando la garganta necesitaba rugir. Y si el baile lo reclamaba, también se volvía tropical y merenguero con la naturalidad de quien entiende el idioma del Caribe.
Nace el nombre artístico Tom River

El destino de su nombre cambió una noche cualquiera, frente a un micrófono y bajo la mirada del locutor Mauricio Rider. Rider, hombre de radio y oído fino para descubrir talentos, sabía que los artistas también necesitan un nombre que suene como campana. Recordó entonces que Abelardo, en sus días de fonomímica, imitaba con asombrosa precisión a Tom Jones.
—Debes llamarte Tom —le dijo—. En homenaje a Tom Jones. Pero el locutor sintió que aún faltaba algo. Cuando Abelardo cantaba, su voz no salía: corría. Tenía la fuerza y la continuidad de una corriente que no se detiene. —Y River —añadió—, porque cuando cantas pareces un río.
Así, en una mezcla de intuición radial y bautizo artístico, nació Tom River: un nombre corto, sonoro, inevitable. Un nombre que ya no cabía en el silencio.
Tom River, nació en Uribia, Guajira, el 12 de febrero de 1952, pero cuanto tenía cinco años de edad sus padres (José García y Melba García) se radicaron en la Capital del Atlántico en el populoso barrio San Felipe perteneciente a la Localidad Suroccidente. Estudió bachillerato en el Colegio Barranquilla. Cursó siete semestre de Contaduría en la Universidad del Atlántico, porque se percató que los números no eran su proyecto de vida, sino la música.

Antes de que su voz encontrara puerto en el grupo Bananas, Tom River tuvo que recorrer el camino incierto de los cantantes que se van haciendo a pulso entre tarimas pequeñas, estudios improvisados y noches donde la música es más esperanza que oficio.
Ya no era el joven Abelardo que buscaba un nombre, ni el imitador que sorprendía con ecos de Tom Jones; ahora era una voz que empezaba a encontrar su propio cauce. Fue entonces cuando apareció Bananas, una agrupación que necesitaba un cantante con fuerza, versatilidad y alma caribe. Y cuando Tom River tomó el micrófono frente a la banda, ocurrió algo inevitable: el río de su voz encontró, por fin, el mar de una orquesta que sabía convertir la emoción en fiesta.
Proyecto Grupo Bananas

Foto: Miguel López y Tom River
Fue en ese cruce de destinos donde comenzó a tomar forma una historia que marcaría la música tropical de Barranquilla.
En junio de 1983, Tom River reunió a los músicos Miguel López y Jorge Ortega, quienes integraban el grupo Hormiga, y los invitó a embarcarse en una aventura musical en la taberna de moda de la ciudad: Bananas. Aquellas noches de boleros, baladas, pop y merengue fueron el punto de partida para que la agrupación adoptara el nombre con el que sería recordada: Bananas.
No fue un comienzo fácil —muchas veces con instrumentos prestados o alquilados—, pero la energía de sus presentaciones convirtió rápidamente al grupo en uno de los más populares de la ciudad.
El destino terminaría de abrirles la puerta cuando Israel Romero apareció como un verdadero ángel musical al presentarles a un ejecutivo de Codiscos. Así nació su primera producción discográfica, Fusión Caribe, de donde emergió el éxito “Solo Mía”, interpretado por Larry Marthe, y más tarde, con la llegada de la voz romántica de Javier Echeverría, el proyecto del grupo Bananas terminaría de consolidarse.

El joven que comenzó a ser fonomímica se convertiría más tarde en uno de los grandes cantantes del país y además Tom River, fue uno de los fundadores de la exitosa agrupación Bananas.
Al final, la historia de Tom River no es solo la de un cantante que encontró su voz en el grupo Bananas. Es también la historia de tantos muchachos del Caribe que nacen con un sueño escondido en la garganta y lo van afinando entre las esquinas del barrio, los escenarios humildes y las noches donde la música se convierte en destino.
Tom River, es un cantante completo, además baladista, es cantante de reggae, jazzista, bolerista, rockero, además de fungir como cantante de música tropical y merengue.
Aquel Abelardo García García que un día fue apenas un nombre largo y anónimo terminó convirtiéndose en Tom River, un nombre que suena como corriente viva en la memoria musical de su gente. Y así, mientras las canciones siguen viajando de fiesta en fiesta y de corazón en corazón, su voz continúa haciendo lo que prometía desde el principio: correr como un río que no se detiene, durante 45 años de vida artística llevando en sus aguas la alegría, la nostalgia y la esperanza de todo un pueblo que también aprendió a cantar con él.











