Por: Francisco Figueroa Turcios
Hay futbolistas que se ganan la ovación por su talento, y otros que, sin proponérselo, terminan convertidos en símbolo de una herida abierta.
La historia reciente de Jermein Zidane Peña Maiguel con Junior parece escrita con tinta roja, la misma que los árbitros han levantado frente a su nombre en cinco ocasiones, como un eco insistente de indisciplina que resuena en las tribunas del Metropolitano.
En el fútbol, donde cada movimiento es una decisión y cada error se multiplica, la expulsión no solo castiga al jugador: desarma al equipo, fractura el plan, obliga a resistir con más corazón que ideas.
Bajo la dirección de Alfredo Arias, el Junior ha visto cómo su libreto táctico se deshilacha cuando una roja irrumpe como tormenta inesperada. Dos veces en este semestre del año 2026, Peña ha dejado a Junior remando contra la corriente, como si el partido se jugara cuesta arriba y con el reloj en contra.
La más reciente escena se escribió con dramatismo continental, en la noche en que el Junior enfrentó a Sporting Cristal. La expulsión volvió a aparecer, puntual y severa, y el equipo terminó derrotado 2-0, en un marcador que, según los testigos del juego, pudo haber sido más cruel. Porque cuando falta un hombre, no solo se pierde un cuerpo en la cancha: se pierde equilibrio, orden, y fe.
Las cifras no mienten, aquí están las cinco tarjetas rojas del historial de Jermein Peña en Junior de acuerdo a las estadísticas de Jorge García.
Junior 1-0 Equidad – 29/Marzo/2024
Junior 4-1 Unión Magdalena – 23/Julio/2025
Nacional 1-1 Junior – 26/Noviembre/2025
Junior 0-4 Nacional – 10/Marzo/2026
Sporting Cristal 2-0 Junior – 28/Abril/2026
Promesa incumplida

El 23 de julio de 2025 no fue un día cualquiera en el calendario del clásico costeño. En medio del pulso entre Junior y Unión Magdalena, el reloj del partido se detuvo para Jermein Peña en el instante más ingrato: la tarjeta roja que lo expulsaba no solo del campo, sino también del equilibrio emocional de su propio equipo.
Aquella tarde quedó marcada por la frustración para Jermein Peña. Pero lo que vino después intentó ser redención. En sus redes sociales, el defensor samario se despojó del uniforme y habló como hombre: “Seguiré luchando hasta borrar por completo esa imagen que muchos tienen de mí. No me rindo. Sigo en pie. Soy un guerrero de Dios.” Era un mea culpa que sonaba a promesa, a punto de quiebre, a nuevo comienzo.
Sin embargo, el fútbol —caprichoso, implacable— no siempre concede segundas oportunidades de inmediato. La promesa quedó suspendida en el aire, como un balón que nunca encuentra red. Desde entonces, tres expulsiones más se han sumado a su registro, elevando a cinco las tarjetas rojas en su aún corta trayectoria con el equipo barranquillero. Un anti récord que pesa más que cualquier marca estadística.
En cada expulsión no solo se desarma la defensa, también se resquebraja la confianza. El planteamiento táctico se tambalea, el equipo queda a la intemperie y la tribuna, que antes alentaba, empieza a murmurar. En la memoria del hincha, la reiteración se convierte en etiqueta, y la etiqueta en sentencia.

Pero el fútbol también es territorio de reconstrucciones. Jeremy Peña camina hoy sobre esa cuerda delgada donde conviven la culpa y la esperanza. Cada partido es una oportunidad para reescribir su historia, para demostrar que la furia puede convertirse en templanza y que la disciplina puede más que el impulso.
Porque en el fondo, más allá de las cifras y las expulsiones, late una pregunta que atraviesa al jugador y a la hinchada: ¿puede un futbolista escapar de su propia sombra?
Y en esa búsqueda, como en toda crónica humana, no solo está en juego una carrera… sino el derecho a volver a empezar .
Alfredo Arias, director técnico de Junior sentenció a Jermein Peña ¿No volverá a ver la titular?
«No podés dar la ventaja de jugar con uno menos en una competencia como esta y de visita». «No, no podemos hacer esa TONTERÍA» puntualizó Arias.
Divorcio con la afición

Foto: Jermiy Peña de espalda a la afición de Junior
La afición, esa que abraza en la victoria y señala en la caída, ha comenzado a darle la espalda. En las calles de Barranquilla y en las conversaciones de esquina, el nombre de Jermein Peña ya no suena a promesa sino a preocupación. Hay quienes piden a los directivos tomar decisiones drásticas, como si cortar el vínculo fuera la única forma de sanar la herida deportiva.
Pero en el fondo, más allá del juicio inmediato, late una pregunta más profunda: ¿en qué momento un jugador deja de ser parte de la solución para convertirse en el problema? El fútbol, con su memoria corta y su pasión desbordada, suele condenar sin matices. Sin embargo, cada tarjeta roja también es una historia de impulsos mal medidos, de segundos que definen carreras, de decisiones que pesan más que cualquier táctica.
Y así, mientras el balón sigue rodando y el calendario no se detiene, la figura de Jermein Peña queda suspendida en ese filo incierto entre la redención y el olvido. Porque en Barranquilla, donde el fútbol se vive como una extensión del alma, no hay peor castigo que fallarle al equipo cuando más lo necesita… ni carga más pesada que la de ver cómo el rojo de una tarjeta termina tiñendo toda una historia.











