Wilson Néber Arias Castillo Representante a la Cámara, Valle del Cauca por Polo Democrático Alternativo, hace la denuncia.
Por Chachareros
En documentos que ha presentado ante distintos organismos del campo colombiano, uno de los hombres más ricos del país, hace una clásica escena del personaje de las historietas de Wald Disney, Rico McPato y se hace pasar por un pobre campesino que requiere que le concedan unos terrenos baldíos para sembrar unas yuquitas y arroz y maicito para poder comer.

Luis Carlos Sarmiento Angulo es el Empresario del Año 2011 según un estudio del diario económico La República. (Colprensa – Archivo)
La nota no pasaría de ser una más, dentro de los sucesos anecdóticos y hasta farandulescos que ocurren a diario en Colombia, sino fuera porque se trata de uno de los hombres más ricos del país, después de muerto Julio Mario Santo Domingo.
El asunto también plantea la necesidad de que la Superintendencia Financiera le apriete más las posaderas a los grupos que manejan la banca y en general los sectores financieros del país. Todos estos grupos, como lo hicieron en el reciente pasado las EPS que se enriquecieron de manera astronómica y miserable a costa de la vida de sus pacientes, están podridos de plata a costa de los créditos de usura, de los embargos por cualquier atraso de un crédito, una tarjeta de crédito o cualquier otro tipo de compromiso que asuma un usuario del macabro sector bancario colombiano.
Al igual que el Grupo Aval, que se vale de la estrategia de la pobre viejecita que necesita la tierrita para sembrar el pancoger para no morirse de hambre, el Grupo Davivienda no hace absolutamente nada por desmontar un presupunto carrusel interno de la felicidad, que con cómplices en la calle se apoderan de los dineros depositados en cuentas corrientes y en cuentas de ahorro, mediante el sistema gota a gota o mediante un solo raponeo que dejan en cero la cuenta de ahorro de cualquier usuario. Y Davivienda, a pesar de los requerimientos que le hace la Superintendencia, prefiere gastarse miles de millones de pesos en decenas de abogados tramoyeros, para dilatar los procesos y finalmente no devolver los dineros robados.
El Caso AVAL
Señor
Luis Carlos Sarmiento Angulo
Presidente
Holding Grupo Aval Acciones y Valores S. A.
La ciudad
Asunto: Solicitud de devolución de tierras y recursos de los colombianos
En nuestras investigaciones en materia de tierras y desarrollo rural, nos hemos encontrado con acaparamiento de baldíos nacionales por empresas suyas. Usted y sus bufetes de abogados conocen que dichas tierras de la nación tienen como destino el acceso progresivo a la propiedad rural de los campesinos y trabajadores agrarios en condiciones de pobreza. Y que la norma prohíbe acumular más de una Unidad Agrícola Familiar UAF, a fin de que con ello no se concentre la propiedad de la tierra.
Se trata de graves hechos que no podemos pasar por alto, y que estoy en la obligación de poner en conocimiento de la ciudadanía y de las autoridades competentes. Al respecto, de cara a mi actividad parlamentaria quisiera dirigirle tres simples preguntas, que seguro se harán también millones de colombianos a quienes compartiré sus respuestas, que pronto espero.
La primera pregunta es:
¿Bajo qué consideraciones usted –dueño de cuatro bancos, un periódico nacional, un fondo de pensiones, una cadena de hoteles, concesionarias viales, constructoras de vivienda, compañías petroleras y de gas, y otros tantos negocios– se cataloga como campesino pobre y, por tanto, sujeto del derecho a acceder a baldíos de la nación?
El interrogante me surge, porque en mis averiguaciones he constatado que más de 13 mil hectáreas, la mayoría proveniente de procesos de reforma agraria (entregada a campesinos) en los municipios de Puerto Gaitán y Puerto López en el Meta, son ahora de su propiedad. Así, por ejemplo, su Organización Pajonales S. A. acumula más de 4.000 hectáreas en una zona donde la Unidad Agrícola Familiar alcanza las 699 hectáreas. Considerando solo Pajonales, usted ya ha violado con creces la prohibición de acumular baldíos.
Las dos siguientes preguntas, se derivan de los siguientes hechos:
Cualquier colombiano, sin temor a equivocarse, puede afirmar que la mayor parte de su riqueza proviene de dos fuentes, una más conocida que la otra:
1. De la renta extraída del cobro que les hace a sus clientes de los bancos Popular, Occidente, AV Villas y Bogotá, y de otros negocios financieros.
2. De la contratación y de la ayuda estatal.
Para efectos de su respuesta, solo considere lo segundo; más exactamente, los cuantiosos recursos no reembolsables, que usted ha recibido en sus negocios agroindustriales.
Así las cosas, le pregunto entre atónito y asombrado:
¿De dónde surge su derecho a postularse para acceder a los créditos SUBSIDIADOS por el Estado colombiano, a través de Finagro por valor de 35.600 millones de pesos, mientras usted en sus bancos cobra a los colombianos intereses cercanos a la usura?
Su fortuna, según Forbes, asciende a US$13 billones de dólares, riqueza que lo clasifica en el puesto 64 de esa revista. De lejos, usted es el hombre más rico de Colombia y está entre los más ricos del mundo. En ese orden de cifras, ¿con qué criterio ético y responsabilidad empresarial usted se hace beneficiario de incentivos y recursos públicos, tales como: CIF (187 millones), AIS (375 millones) y exenciones tributarias (sin valor reportado aún)?
Yo no sé si su contador estará de acuerdo conmigo, pero sostengo que si usted devuelve a los colombianos dichos recursos y las tierras adquiridas vulnerando la ley, no perderá su actual escalafón en Forbes, y tampoco pondrá en riesgo sus finanzas personales o familiares.
Señor Sarmiento, con firmeza y alzando la voz por millones de colombianos, le solicito reintegre esos recursos a la nación. Pague señor Sarmiento, ¡pague, aunque sea sin reconocer los intereses!
Atentamente,
Wilson Néber Arias Castillo
Representante a la Cámara, Valle del Cauca
Polo Democrático Alternativo











