Por: William Castro Atencia.
La numismática (que viene de raíces griegas y latinas muy similares para denotar aquello que es costumbre, convención y ley dentro del Estado) representa un viaje simbólico a través de nuestra historia colombiana, que acuñada en un sinnúmero de monedas y billetes hoy día coleccionables, dan cuenta de la rigurosa estética de una época marcada a grandes rasgos por la acción política. Realicemos un breve recuento de la importancia de dicho patrimonio para la Nación a sus 211 años de Independencia.
Primeras acuñaciones
Tantos intentos fallidos de establecer dicho sistema por parte de la clase política de la época (que luego saltaron a una recién fundada República de la Nueva Granada), nos ha dejado de enseñanza que a veces las cosas que observamos poseen un precio supremamente mayor al que en principio le atribuimos, y que materias como la plata pueden resultar más valiosas que el oro, si se reconoce las características extrañas y únicas que en el fondo ostentan.
La moneda impuso un orden distinto en las prácticas del intercambio, cuyo foco de valor se centraba principalmente en el tráfico de esclavos, quienes eran cambiados por sumas injustas de oro en polvo, cuando no por otra clase de bienes o servicios varios. A mayor movimiento del comercio, mayor número de monedas acuñadas, por lo que llegara un punto en que hiciera falta de una moneda unificada o propia, que permitiera sistematizar las diversas transacciones comerciales de la colonia.
Así pues los comerciantes empezarían a reclamar un giro de tuercas a la Corona española, cosa que con el tiempo se volvió también una necesidad para el Nuevo Reino de Granada, que por mandato del rey Felipe ll, opta por construir en 1620 la Casa de la Moneda de Santafé donde, al compás con la ceca de Cartagena, se labran los primeros escudos de oro sencillos y reales de plata, en pro de que algún día estos se pudieran utilizar para comerciar, sueño que no empezaría edificarse como tal hasta después de su muerte, en 1753.
Alternativas del papel moneda: Los bancos

Después de tantos intentos fallidos de implementar el papel como representación de la moneda con valor de un real, como de admitir y obligar a trabajadores a recibir créditos de libranzas para pago de deudas, en 1847 se construye el Banco de la Nueva Granada, que sería la nueva entidad emisora de la moneda en el s. XlX, impulsor de la industria y el comercio de la Nación.
No obstante, la clase política colombiana no encontró la manera de soportar la emisión de los billetes, que durante años estuvieron constantemente entrando y saliendo del proceso comercial, solo hasta que el gobierno debió renunciar en 1863 al carácter de moneda legal de estas emisiones y los billetes fueron amortizados como deuda de la nación hasta retirarlos totalmente de circulación.
Para la misma década de los 40’s, se plantearon las cajas de ahorro como medios seguros de depósito, crédito y descuento que, en caso de haber funcionado, hubieran dado mejor solvencia a la idea de los bancos en su momento. Luego, en 1866 hubo una segunda intención de seguir con el proyecto bancario, con el establecimiento del Banco Nacional de los Estados Unidos de Colombia, pero la escasez nuevamente impidió que este perdurara en la historia.
No fue sino hasta la existencia de las bancas libres y privadas regionales que se lograron mejores resultados en aspectos como el desarrollo de industrias, comercios y tasas de intereses, figurando los nombres de entidades como el Banco de Bogotá, Banco Popular, Banco de Santander, entre otros. Hoy por hoy, la entidad encargada de la emisión de billetes es el Banco de la República, fundado en 1923 con la intención de convertirse en el banco central del país, con el deber apoyar, solventar y conservar una organización dentro de las demás instituciones bancarias.
Hasta este punto, pienso que un hecho o anécdota importante en la historia de la moneda en Colombia, ha sido que la constante aparición y cierre de los bancos no afectara a fin de cuentas la economía del país, pues siempre se manejaban pequeñas emisiones con fines muy específicos (fuera del rechazo por parte del público a comerciar con “un trozo de papel”).
Proceso de elaboración y simbolismos

Por otro lado, la fabricación de las primeras monedas del Nuevo Reino en el s. XVll tuvieron un proceso de elaboración bastante sencillo: En primer lugar, se fundían y vertían los metales en unos recipientes rectangulares, hasta estos quedar lo suficientemente sólidos como para acuñar con el martillo y, por último, cortar con cizallas a manera de discos. Una vez elaboradas, las monedas se llevaban a la sala de libranza, donde se contaban, ensayaban y pesaban ante tesorero del Estado, o en su defecto, un contador.
Primero fue el Real colombiano la moneda que entró en circulación en 1819 por encargo del presidente de La Gran Colombia, Simón Bolívar, con una inscripción de las palabras libertad americana, bordeando las ilustraciones a cara y sello del nativo y la flor indígenas. Posteriormente y bajo la suma de ocho reales, se acuñaron monedas con la inscripción de “el colombiano”, rodeada por las armas que permitieron a los próceres alcanzar nuestra libertad.
Con la llegada de la República de la Nueva Granada en 1937, se elaboraron reales con el escudo representativo de esta unificación, apodado “la culebrilla” por su enorme parecido con tal reptil, y que después pasa a conocerse como “el granadino”. De los últimos reales que se reproducen hasta 1947 bajo este gobierno, se rastrean las monedas de diez reales con el primer modelo del escudo de tres franjas que perdura hasta nuestros tiempos: el famoso “chulo aguacatero”, con el gavilán encabezando las armas, el oro y las embarcaciones.
A lo sumo, se acuñaron primeramente una vasta cantidad de monedas en vellón, que por tratarse de un material delicado terminaron siendo rechazadas por los comerciantes; luego hubo reales en cobre y plata, pero al ser la plata un material más escasos que el oro, se acabarían elaborando un mayor número de monedas de oro, que circularon en el Nuevo Reino de España según iban llegando de Santafé o Cartagena, tierras en las que tiempo después se edificaron las casas de la moneda de Popayán, Medellín e Ibagué, donde a la fecha se preserva el patrimonio numismático de la Nación.
Sobre lo anterior, resulta importante añadir que las monedas son portadoras en sí mismas de un tejido valioso de anécdotas, relatos e historias acerca de cómo hubo avances significativos en los campos científico, artístico y filosófico en Colombia, de los que muchos pueden prescindir si se concentran en el valor económico, político y social de las mismas, olvidando que en la belleza de sus diseños se resumen una variedad rasgos, huellas, costumbres y saberes que nos hablan y dicen algo de nosotros mismos.











