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San Juan del Cesar, Guajira, una cantera inagotable de compositores de la música vallenata…

Por: Francisco Figueroa Turcios

¿Qué tiene San Juan del Cesar, Guajira, para que de sus calles, escuelas, ríos, montañas y sus historias hayan brotado tantos compositores de música vallenata?

La pregunta parece sencilla, pero cuando se intenta responder aparecen muchas preguntas más. Porque San Juan del Cesar, en La Guajira, no ha sido solamente un pueblo de compositores. Ha sido una cantera inagotable.

San Juan del Cesar, Guajira, es una cantera de versos, de melodías, de historias y de hombres y mujeres que encontraron en la canción una manera de contar aquello que veían, aquello que amaban y también aquello que les dolía. Como si la tierra tuviera una memoria musical. Como si sus ríos llevaran versos en la corriente. Como si las sabanas fueran pentagramas abiertos bajo el sol, para forjar grandes compositores….

Y como si las montañas de la Sierra Nevada, observando desde la distancia, hubieran aprendido durante décadas a escuchar las historias de quienes nacieron a sus pies. Intentar explicar este fenómeno podría ser, incluso, el punto de partida para una investigación de maestría sobre el folclor vallenato.

¿Por qué San Juan del Cesar ? ¿Qué circunstancias sociales, educativas, culturales y geográficas hicieron posible que varias generaciones de compositores surgieran de un mismo territorio?

Deimer Marín, hijo del legendario compositor Hernando Marín y Álvaro Álvarez, gestor cultural los tres nacido en San Juan del Cesar, Guajira, han intentado encontrar algunas respuestas. Y ellos habla con la autoridad de quien no solamente ha estudiado el fenómeno desde afuera, sino que lo heredó dentro de su propia casa.

Los colegios punto de partida…

Video: Deimer Marín

Para Deimer Marín y Àlvaro Álvarez, una de las claves para que San Juan del Cesar, Guajira, está en la educación. A comienzos del siglo pasado, San Juan del Cesar fue epicentro de instituciones educativas que no se limitaron a enseñar las materias tradicionales. La Escuela Normal, El Carmelo, el colegio San Juan Bautista, del profesor Carlos Ariza Pelongo, y La Salle, dirigido por Manuel Antonio Dávila, fueron escenarios donde la cultura encontró espacio para crecer.

Allí estaban los centros literarios. La declamación de poesías. Las semanas culturales. Las competencias de canciones románticas. Los concursos de canciones vallenatas. Las obras de teatro. Las competencias literarias. La música. La poesía. La palabra. Los estudiantes aprendían a leer, pero también aprendían a expresarse.

Y cuando una comunidad aprende a expresarse, tarde o temprano alguien termina convirtiendo esa expresión en canción. Pero San Juan del Cesar, Guajira, tenía otra escuela. Una escuela sin pupitres. Sin uniformes. Sin calificaciones. Sin diplomas. La escuela de la vida.

Algunos tuvieron poca formación académica. Otros ni siquiera sabían leer o escribir. Pero conocían algo que ningún título universitario podía enseñarles: conocían la vida de su pueblo. Sabían escuchar. Sabían observar. Sabían recordar. Y, sobre todo, sabían contar. La composición vallenata nació muchas veces de esa necesidad elemental de contar lo vivido. Un amor. Una despedida. Una parranda. Una injusticia. Un paisaje. Una tragedia. Una mujer. Un amigo. Un pueblo. Una costumbre. Todo podía convertirse en canción.

Por eso podría decirse que en San Juan coexistieron dos escuelas de composición. La de los libros. Y la de la vida.

Una cantera que no se agota..

Foto: Aurelio “Yeyo”  Núñez

En San Juan del Cesar, La Guajira, la cantera de compositores parece inagotable. Cada generación llega con sus propios protagonistas, con nuevas voces, nuevas historias y distintas maneras de interpretar los sentimientos de un pueblo que convirtió la música vallenata en una forma de contar su propia vida.

Es como si en las entrañas de esta tierra guajira existiera una corriente musical que nunca se detiene. Cuando una generación de compositores deja sus canciones como testimonio de su tiempo, otra aparece para recoger la herencia, transformarla y darle nuevos sonidos y nuevas palabras.

Por eso, hablar de San Juan del Cesar es hablar de una cantera que no cierra sus puertas. Allí están los nombres consagrados de Hernando Marín, Máximo Móvil, Roberto Calderón y tantos otros; pero también están los compositores de las generaciones posteriores, aquellos que mantienen encendida una llama que parece pasar de padres a hijos, de maestros a discípulos y de las parrandas a los escenarios.

Cada generación tiene sus propios protagonistas, pero todas parecen estar unidas por el mismo cordón umbilical: la necesidad de convertir en canción el amor, el desamor, la nostalgia, la amistad, el paisaje, las costumbres y las historias cotidianas. Quizás allí esté uno de los grandes secretos de San Juan del Cesar, Guajira: sus compositores cambian de nombre, pero la fábrica de canciones permanece abierta.

» Los compositores de San Juan del Cesar, Guajira, emergieron cantándoles a las costumbres, el paisaje y las vivencias de manera espontáneas aprendidas en la escuela de la vida con poco nivel académico y algunos sin saber leer ni escribir ejemplos “ Máximo Movil, Hernando Marín, Octavio Daza, e Isaac Tijito Carrillo.

Estos compositores lograron una gran maestranza a través con el roce de las canteras de grandes músicos de Fonseca, Barrancas, El Molino, Urumita, La Jagua, Villanueva y Valledupar que fueron ayudando a contagiar a las siguientes generaciones.

Foto: Jaime Pèrez Parodi y Diomedes Dìaz

Diomedes Díaz, abrió paso a una nueva generación al lado de Martín Maestre Marciano Martínez, Roberto Calderón, Aurelio Núñez, Hernán Urbina, Leonardi Vega, Rafael “El Curita” Vega. Mironel Mendoza, José A Bermúdez y siguen Juancho Rois, Amilcar Calderón, Efrén Calderón, Luis Egurrola, Alexander Oñate, Alejandro Sarmiento, Robinson Montaño, Alberto Villero, Alex Duarte» Resalta Deimer Marín sobre la cantera inagotable de compositores en San Juan del Cesar, Guajira.

La lista parece no terminar. Y ahí está precisamente el fenómeno. No se trata solamente de haber producido uno o dos compositores extraordinarios. Se trata de la continuidad. Una generación detrás de otra. Como si el oficio de escribir canciones se transmitiera por una especie de corriente invisible. Como si cada compositor dejara una semilla. Y San Juan del Cesar, Guajira, tuviera la tierra fértil para hacerla germinar.

El paisaje también fuente de inspiración…

Video: Canción mi novia y mi pueblo analizada por FZ Academia

Àlvaro Álvarez, gestor cultural encuentra otra explicación para San Juan del Cesar, Guajira, su tierra natal, sea una cantera inagotable de compositores está en la influencia de el río Cesar, Los manantiales, Las sabanas, Los cerros, La cercanía de la Sierra Nevada, las costumbres, y las historias familiares. Y quizás allí haya otra respuesta.

Porque la música vallenata no nació únicamente de los instrumentos. Nació de una manera particular de mirar la existencia. El acordeón pudo llegar por un camino. La caja por otro. La guacharaca por otro. Pero fue la gente la que terminó poniéndoles historias. Y San Juan del Cesar, Guajira tenía muchas historias por contar a través de las canciones…

Los Calderón Cujia: cuatro hermanos, una misma corriente musical

Foto: Roberto Calderón

Hay familias en las que la música no se aprende: se hereda. En San Juan del Cesar, La Guajira, esa afirmación parece tener nombre propio y apellido: los Calderón Cujia.

Roberto, Amílcar, Efrén y Jorge Alberto Beto Calderón Cujia forman uno de esos casos singulares que ayudan a explicar por qué este municipio, atravesado por las aguas del río Cesar, ha sido también atravesado por una corriente musical que parece no agotarse nunca.

Cuatro hermanos, una misma casa y una misma pasión. Como si la naturaleza hubiera querido establecer una metáfora perfecta, por un lado corre el río Cesar, llevando sus aguas por la geografía sanjuanera; por el otro, corre una corriente invisible por las venas de los Calderón Cujia: la música.

En ellos la composición no parece un hecho aislado, sino parte de una tradición familiar que se transmite de generación en generación, de oído en oído y de corazón en corazón. Roberto Calderón, junto con sus hermanos Amílcar, Efrén y Jorge Alberto, representa ese fenómeno que convierte a San Juan del Cesar en un territorio digno de ser estudiado más allá de las páginas de un festival o de las noches de parranda.

Porque la pregunta sigue flotando sobre las calles de San Juan: ¿Qué tiene esta tierra para producir tantos compositores? Quizás una respuesta esté precisamente en familias como los Calderón Cujia.

Video: Wilfredo Rosales, gestor cultural reseña el historial de la familia Calderón Cujia.

Allí donde otros heredaron tierras, oficios o apellidos, ellos heredaron una sensibilidad. Allí donde otros escuchaban el rumor cotidiano de una población, ellos parecían encontrar melodías, versos, historias y sentimientos.

Es la misma tierra que vio nacer a compositores como Hernando Marín Lacouture, Máximo Móvil Mendoza y tantos otros creadores que hicieron de San Juan del Cesar una de las grandes canteras de la composición vallenata.

Por eso los Calderón Cujia no son solamente la historia de cuatro hermanos unidos por la música. Son también una pieza de ese rompecabezas cultural que convierte a San Juan en un laboratorio natural de creación musical.

El río Cesar pasa por San Juan llevando su corriente. Los Calderón Cujia llevan otra corriente por dentro. Una corriente hecha de versos, melodías, recuerdos y sentimientos. Y quizá allí, entre el agua del río y la música que nace de sus habitantes, se encuentre una de las claves de ese misterio sanjuanero: una tierra donde la inspiración parece no tener sequía.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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