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¡Se fue Chente! El último charro

Es el adiós de una de las insuperables voces de un país de cantantes inmortales, que siguen en el alma del pueblo azteca.

Por Rafael Sarmiento Coley y Nira Figuerao de Sarmiento

Vicente Fernández, al morir este domingo, cerró el más brillante ciclo de compositores y cantantes de todos los tiempos, quienes aún siguen en el alma colectiva de la América Hispana.

Fue ‘Chente’ el brillantísimo relevo de voces inmortales como las de Pedro Vargas, que se paseó con éxito por América y varios otros continentes como máximo éxito ‘Paloma querida’ y su célebre despedida del escenario con la frase repetida una docena de veces “¡muy agradecido, muy agradecido!”.

Con el fallecimiento de Vicente Fernández este domingo 12 de diciembre de 2021 se cierra un capítulo de oro de las mejores voces masculinas del país azteca. Sus canciones, desde hace más de medio siglo, no pasan de moda y sus presentaciones eran con lleno total, así como taquilleras eran sus películas.

Voces que quedaron impregnadas en el pueblo de la América Hispana. Vicente Fernández, conocido por sus millones de seguidores en el mundo hispanoamericano como ‘Chente’, nació en el pueblo de Huentitan El Alto, estado de Jalisco el 17 de febrero de 1946, y a los 12 años se trasladó a Guadalajara, empezando así una de las más exitosas carreras de artística mexicano alguno como compositor, cantante, actor, conductor de programas de televisión y consagrado artista en el rejoneo.

Historia de éxitos rutilantes que solo fueron opacados por el secuestro de Vicente Gerardo, uno de sus tres hijos, por cuyo rescate pedía la pandilla de antisociales cinco millones de dólares que debían ser entregados en tiempo record, que no se pudo lograr. Entonces se lo devolvieron con dos dedos menos en su mano derecha.

De esa misma época de Jorge Negrete, lo fue también el inmortal Pedro Infante, quien además de excelso intérprete fue un actor de grandes kilates, aviador y aventurero. Sus biógrafos relatan que en uno de sus célebres vuelos nació la canción “ando volando bajo no más porque tú no me quieres y tú tan alto y tan alto”.

En uno de esos vuelos aventureros, con licencia vencida, se estrelló en un país centroamericano contra una avioneta que piloteaba el español Manuel Del Dago, quien luego ‘aterrizó’ en forma definitiva en Barranquilla en donde montó el famoso aserradero ‘Covadonga”. Uno de los guardias de la cárcel contaría más tarde que Pedro Infante fue “el preso más alegre que tuvimos aquí encerrado, nos hacia reír a cada instante y se ganó tanto el cariño de nosotros, que hasta le conseguíamos tequila, cigarrillos y guitarra para unas parrandas inolvidables en la cárcel”

Luego surgiría el ‘charro negro’, actor, cantante y rejoneador, el eterno amor de Flor Silvestre, Antonio Aguilar, uno de los actores que mejor representó al auténtico charro mejicano.

Sin duda una de las voces más promisorias de ese firmamento de estrellas mexicanas fue Javier Solís. Una tremenda voz que se impuso en toda América en muy poco tiempo.

Lo grave de Javier es que era muy ‘aficionado’ al licor y casi todas sus presentaciones terminaban con una borrachera de padre y señor mío. En una ocasión fue contratado para una presentación en Medellín. Presentación que se prolongó por dos meses porque se amañó con el aguardiente y se iba a presentaciones hasta a los más lejanos y peños villorrios paisas. Su voz era tan potente, que no necesitaba micrófonos para cantar. Un dipsómano sin control, muy joven se llevó su vida por delante.

Le correspondió suplir a titanes como Jorge Negrete, quien protagonizó uno de los más tórridos y a la vez profundos romances con María Féliz.

Historia de éxitos rutilantes que solo fueron opacados por el secuestro de Vicente Gerardo, uno de sus tres hijos, por cuyo rescate pedía la pandilla de antisociales cinco millones de dólares que debían ser entregados en tiempo record, que no se pudo lograr. Entonces se lo devolvieron con dos dedos menos en su mano derecha.

Historia de éxitos rutilantes que solo fueron opacados por el secuestro de Vicente Gerardo, uno de sus tres hijos, por cuyo rescate pedía la pandilla de antisociales cinco millones de dólares que debían ser entregados en tiempo record, que no se pudo lograr. Entonces se lo devolvieron con dos dedos menos en su mano derecha.

Sus canciones, desde hace más de medio siglo, no pasan de moda y sus presentaciones eran con lleno total, así como taquilleras eran sus películas.

Un cielo de estrellas

Vicente Fernández, al morir este domingo, cerró el más brillante ciclo de compositores y cantantes de todos los tiempos, quienes aún siguen en el alma colectiva de la América Hispana.

Fue ‘Chente’ el brillantísimo relevo de voces inmortales como las de Pedro Vargas, que se paseó con éxito por América y varios otros continentes como máximo éxito ‘Paloma querida’ y su célebre despedida del escenario con la frase repetida una docena de veces “¡muy agradecido, muy agradecido!”.

Le correspondió suplir a titanes como Jorge Negrete, quien protagonizó uno de los más tórridos y a la vez profundos romances con María Féliz.

De esa misma época de Jorge Negrete, lo fue también el inmortal Pedro Infante, quien además de excelso intérprete fue un actor de grandes kilates, aviador y aventurero. Sus biógrafos relatan que en uno de sus célebres vuelos nació la canción “ando volando bajo no más porque tú no me quieres y tú tan alto y tan alto”.

En uno de esos vuelos aventureros, con licencia vencida, se estrelló en un país centroamericano contra una avioneta que piloteaba el español Manuel Del Dago, quien luego ‘aterrizó’ en forma definitiva en Barranquilla en donde montó el famoso aserradero ‘Covadonga”.

Uno de los guardias de la cárcel contaría más tarde que Pedro Infante fue “el preso más alegre que tuvimos aquí encerrado, nos hacia reír a cada instante y se ganó tanto el cariño de nosotros, que hasta le conseguíamos tequila, cigarrillos y guitarra para unas parrandas inolvidables en la cárcel”.

Luego surgiría el ‘charro negro’, actor, cantante y rejoneador, el eterno amor de Flor Silvestre, Antonio Aguilar, uno de los actores que mejor representó al auténtico charro mejicano.

Sin duda una de las voces más promisorias de ese firmamento de estrellas mexicanas fue Javier Solís. Una tremenda voz que se impuso en toda América en muy poco tiempo.

Lo grave de Javier es que era muy ‘aficionado’ al licor y casi todas sus presentaciones terminaban con una borrachera de padre y señor mío. En una ocasión fue contratado para una presentación en Medellín. Presentación que se prolongó por dos meses porque se amañó con el aguardiente y se iba a presentaciones hasta a los más lejanos y peños villorrios paísas. Su voz era tan potente, que no necesitaba micrófonos para cantar. Un dipsómano sin control, muy joven se llevó su vida por delante.CC

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