Por Keily Lara y Keren Mulford*
Experiencias paranormales, brujería, veneración a difuntos milagrosos. Visitar un cementerio es encontrarse con historias que desafían la realidad. Y es conversar con personas que asumen ese desafío con tal de ganarse el pan de cada día.
Cementerio Calancala

En la trayectoria del cementerio Calancala, desde hace 105 años, han transcurrido experiencias paranormales, brujería, entre muchas otras cosas que relatan hoy en día personas que allí laboran.
En este cementerio la primera en ser sepultada durante su inauguración fue Sabrina Atilano, el 24 de octubre de 1915. Con el pasar del tiempo, este nombre ha pasado a ser muy reconocido porque hay quienes aseguran que ella cumple las peticiones de sus visitantes, tanto así que la consideran santa y es la difunta más venerada del Calancala. Alrededor de su tumba se encuentran placas de agradecimiento por las acciones que ha realizado a sus visitantes. Quienes la visitan le dejan monedas para que así sean cumplidas sus peticiones.
En el Calancala, sepultureros y vigilantes dicen haber visto y vivido ciertas experiencias, sobre todo en el turno de noche. Jeison Convelí, de 23 años, lleva 3 años trabajando en el cementerio, narra que uno de sus compañeros le contó que una noche sitió que un sepelio entraba a las 3 de la mañana. “A mi compañero le asombró e inquietó, pero no sé cómo hizo para guardar la calma”.

Convelí también dice que en la zona donde se encuentran las sepulturas de los niños, hay noches en que se escucha el llanto de un niño. De la misma manera, narra que se les ha aparecido un perro negro grande, cuyas dimensiones son de metro y medio. El vigilante afirma que se ha encontrado trabajos de brujería, como “amarres” con bolsas, frascos, ropa, gallinas amarradas, entre otras cosas. “Cuando veo estas cosas me deshago de esas brujerías rompiéndolas o quemándolas”. Cavalí dice que a él nunca le ha sucedido nada paranormal.
Obiden Pérez, de 36 años, lleva laborando un mes en el Calancala. Tampoco le ha sucedido nada extraño, pero por inquietud ha indagado con sus compañeros sobre las cosas que les han ocurrido. Por lo visto, todos aprenden a sobrellevar la tensión que un cementerio puede producir. Se concentran en su trabajo.
Durante su horario laboral, Pérez se ha encontrado con monedas, billetes; comenta que nunca los ha recogido ya que no sabe qué malicia puedan tener. También se ha encontrado frascos llenos de uvas y dólares, los cuales tira encima de las tumbas para así evitar que alguien pueda cogerlas.

El sepulturero Remberto Pérez lleva trabajando 18 años en el cementerio. Comenta que en todos sus años laborando en el lugar lo que más le ha impactado fue haber encontrado una serpiente en un frasco y una prenda de ropa interior. “Es común encontrar brujería, muñecos amarrados, pero lo que me dio escalofríos fue al momento de hacer la exhumación en un cuerpo de 8 años, pareció una momia”.
Los trabajadores relatan que en el cementerio la zona con más energía negativa es la de los N.N. ¿Qué son los N.N.? son personas sin identificación. Afirman que esa zona al ser lo último del cementerio tiene la carga pesada y muy negativa.
Jaime Díaz trabaja fuera del cementerio hace 17 años. Comenta que su madre tiene 66 años de estar sepultada en el Calancala. Él no cree en los muertos, en su concepto dice que hay personas satánicas que hacen creer que los muertos asustan, que practican hechicería en los muertos mandados por satanás, y juegan con sus espíritus. Díaz dice que es muy creyente de Dios y mantiene mucha fe, dice que nunca ha visto ni escuchado nada paranormal. Cuenta que en los 100 años que la difunta Sabina lleva no ha podido descansar en paz por todas las peticiones de sus visitantes, así como también Luchito. “Hay que orarle a Dios y pedirle que esas almas descansen”, dice el señor Jaime Díaz.
Ante estas circunstancias tensionantes que pueden encontrarse en un cementerio, ¿cómo alguien puede soportar trabajar en un lugar así? Se podría concluir que es de valientes, pero según los trabajadores entrevistados cada persona maneja sus temores de manera diferente, y es algo que ellos han aprendido a sobrellevar. Podría ser que trabajar en un cementerio es algo que debe ser muy respetado por los difuntos y las almas que descansan en el lugar, también porque no todo el mundo se atrevería a trabajar en uno, por eso los que laboran allí se concentran sin pensar en más nada, ni tener pensamientos negativos, siempre con Dios y sin temor. Así como también se puede llegar a la conclusión de que esas personas por necesidad deciden laborar en este lugar.

En nuestro caso, como reporteras sentimos presión en ciertas zonas del cementerio, como en la zona de los niños. Esta fue la zona más negativa que sentimos, así como en las tumbas más antiguas, en las zonas más alejadas, a tal punto de que a una de nosotras empezó a faltarle el aire y sentirse mareada.
Cementerio Universal
En este cementerio es muy reconocida la tumba de Luis Carlos Hernández, también conocido como Luchito “el niño milagroso del cementerio universal”.

Nació el 7 de marzo de 1950, murió a los 23 años, el 9 de febrero de 1973. Luchito murió de una enfermedad llamada síndrome de Peter Pan, ya que ni su cuerpo, ni su mente se desarrollaron normalmente. Dicen que después de su muerte se le apareció en los sueños a su madre y a personas que trabajaban en el cementerio. Comentan que personas de otros países han ido al cementerio a pedirle a Luchito, ya que es muy milagroso. En su tumba se encuentran placas de agradecimientos de las personas a las que este les ha cumplido. También le dejan juguetes, flores y velas.
Uno de los visitantes y creyentes de Luchito comenta que lleva años haciéndole peticiones, ya que según su relato Luchito logró que un hermano suyo despertara de un coma después de 30 días. Relata que para hacerle una petición a Luchito se le debe dejar un papel escrito con lo que deseas, parece que si tienes fe y confías en este santo él te ayudara. Pero comenta que siempre pone a su Dios por delante de todo, pero en su concepto Dios pone santos en la tierra para ayudarnos.
Jorge tiene 50 años, lleva laborando en el cementerio 5 años. No ha vivido ninguna experiencia para paranormal, pero, así como sucede en el Calancala, se ha encontrado brujería limpiando las tumbas, como muñecos buida, envolturas, almohadas de telas con escritos en su interior. Considera que la parte con la energía negativa del cementerio es la última calle, especialmente entre las 2:30 y3:00 am
Una de las experiencias escalofriantes que narra le sucedió a su compañero, que lleva más años laborando en el lugar. “Se le apareció una señora a la cual vio salir pero cuando se devolvió ya no había nadie”.

Comenta que ya hace tiempo por la entrada del cementerio en donde había un árbol frondoso aparecía un espíritu, que salía de su bóveda y se escondía. “Unos visitantes captaron con sus cámaras el acto lo que hizo que el video se viralizara”, comenta Jorge.
José Ramos, de 60 años, relata que trabaja en el lugar hace 28 años. En todo su trayecto laborando no ha sentido nada en los turnos de la noche, pero también relata que le han aparecido brujas, mujeres sin pie, como también se ha encontrado brujería, animales grandes como muñecos con alfileres en la cabeza y el pecho. Afirma que quema estos objetos, al hacerlo los agarra con la mano izquierda.
También se ha encontrado con mujeres haciendo práctica de hechicería, enterrando papeles, muñecos, lengua de vaca, entre otras cosas. Ante la situación ha llevado a las personas a la oficina y dice que el encargado es el que toma la decisión de qué hacer con estas personas.
Se puede concluir que hay cierta semejanza de experiencias en los cementerios Calancala y Universal. Cada persona tiene su propia manera de asimilar las cosas, en especial si podemos conocer testimonios de que en esos lugares hay quienes buscan la brujería y otros la santidad..
Esta crónica fue realizada por las estudiantes Keily Lara y Keren Mulford, como parte del proceso pedagógico de la docente Luz Dayana Vásquez en la Institución Educativa Ilse María, de Soledad, Atlántico.













