Con dos rábanos, un trocito de jengibre, 3 limones, un poquito de jugo de piña y 3 gotas de aceite de oregano.
Por Chachareros/Todomail
Son cuatro de las molestias más comunes en el mundo, y, en particular, en las ciudades con diversas formas de contaminación. Como es el caso de Bogotá; del Distrito capital de México, y, sin ir tan lejos, Barranquilla.
El caso de la capital atlanticense es atípico. Por el hecho de estar situada en toda la esquina del final del largo trayecto del Río Magdalena, que entra al Mar Caribe a la brava con toda la fuerza de su robusto caudal, trae consigo fuertes vientos acompañados de una arenilla diminuta que se amontona en los denominados médanos.
Ese polvillo produce algunas de esas cuatro molestias en los humanos. Y si a eso se le agregan los ya numerosos puertos carboneros que están tanto en la margen izquierda como en la derecha del Río Magdalena, la situación tiende a ser más grave.
Y falta un tercer factor, más grave e irresponsable: las numerosas empresas y depósitos de combustibles que se afincaron frente a Barranquilla sin que nadie dijera ni pío.

La culpa de la sinusitis que padece esta joven es de las quemas en el parque Isla Salamanca y de los puertos carboneros en la zona portuaria de Barranquilla. ¿Quién le pone el cascabel al gato?
El comentario era que se trataba de “un próspero empresario de origen italiano que ha venido a traernos progreso”. Claro, se vino para instalarse frente a Barranquilla, porque en Cartagena los empresarios del turismo, que son poderosos y con carácter, lo pararon en seco. Le fue como a perro en misa y se instaló, sin que la clase dirigente barranquillera se diera por enterada, en un vasto sector del parque Isla Salamanca que es una reserva mundial.
Como si todo lo anterior fuera poco, unos ‘malandrines de cuello blanco’ se están apoderando de lo que queda del parque, resecando los humedales y metiéndole candela a la poca vegetación que sobrevive allí, con lo cual han exterminado miles de especies nativas y arruinado la flora que servía de ‘hotel’ a las aves migratorias que una vez al año vienen de lo más lejos del mundo a disfrutar del bello paisaje, de la acogedora vegetación y la abundante comida.
La quema criminal que hacen los malandrines de cuello blanco la sufren las narices y los pulmones de todos los sectores de Barranquilla, con un número elevado de pacientes –en especial niños y ancianos—con gripas frecuentes, sinusitis, alergias y rinitis.











