“Tenía una voz nítida y unas cuerdas vocales formidables”, Hernán Peláez. “Él fue nuestro guía siempre”, Jack Araújo. “Desde cuando nos casamos luché porque se cuidara la voz”, su esposa Judith.
Por Rafael Sarmiento Coley/Fotos Nira Figueroa
Desde muy temprano empezaron a llegar periodistas de todas partes a darle el último adiós a Roger Araújo Ensuncho, “una de las mejores voces de la narración deportiva colombiana”, al decir de Hernán Peláez Restrepo.
“Para todos sus hermanos fue nuestro guía siempre. Era un ser especial”, afirma su hermano Jack Araújo, rodeado de su hermana Doris y de la gran amiga y admiradora de Roger, Alba Olaya de Herrera. Jack es catedrático de contabilidad y economía. Durante 40 años desempeñó esa noble tarea de enseñar a la juventud en la Universidad de Antioquia, hoy disfruta de una merecida pensión.
Alba Olaya recuerda que fue Roger Araújo quien “le dijo a mi esposo, un día que estaban en la oficina antes d entrar a cabina a transmisión: ‘Oye, José, ese nombre tuyo es demasiado común. Vamos a ponerte un nombre pegajoso, raro, por ejemplo, Joao Herrera. ¡Del carajo! Suena a brasilero. Ese va”. Y desde entonces mi marido se llama Joao Herrera y así aparece en la cédula porque fue a una notaria y se cambió el nombre”.
(En cambio al hermano de Joao Herrera, Wenceslao Herrera Iranzo, quien le cambió el nombre fue el difunto Tomás Barraza Manotas, porque le dijo de entrada cuando se presentó a la Voz de la Patria a pedir trabajo en la sección deportiva: “Ese Wenceslao es muy maluco. Desde hoy tú eres Lao Herrera”. Así se quedó, hasta hoy, cuando ostenta la credencial de Concejal de Barranquilla).
Judith Llamas Mazzillo, la esposa de Roger Araújo, recuerda que durante casi medio siglo de matrimonio, su constante lucha fue “porque se cuidara la voz. Porque él parecía un niño. Hacía muchas locuras. Él venía sofocado de la calle, y enseguida corría para el congelador de la nevera a tomarse algo semicongelado. ¡No hagas eso!, le gritaba, porque era un peligro evidente para sus cuerdas vocales, que eran la esencial vital para sus narraciones, junto con su capacidad para describir lo que estaba sucediendo en el terreno de juego”.
Otra tremenda lucha que debió librar Judith durante los más de 40 años de casados fue la afición de Roger al alcohol. “Cuando nos casamos, sabía que era un hombre mujeriego, que, además, le gustaba visitar casas de cita. Lo primero que le quité fue eso. Y me hizo caso a pie juntillas. No volvió a pisar esos lugares. En cambio el trago sí fue mi dolor de cabeza. Luché hasta lo imposible para que dejara de beber. Pero con cualquier motivo se ponía a tomar. En los cocteles, en las presentaciones artísticas, en todo evento a donde lo invitaran, si había trago de por medio, Roger regresaba borracho a casa”.
Todos sus amigos en la despedida
Roger fue maestro de muchos narradores deportivos y comentaristas. También era un amigo de todo el colegaje. Era un amigo de todo el mundo. “Papi era feliz cuando lo visitaban los amigos en casa, o cuando se encontraba con ellos en la calle”, dice Pamela, estudiante de dos carreras que no ha podido terminar. Una la comenzó en España. Se vino por la situación difícil en España. Ahora tiene el proyecto de irse a estudiar a Bogotá. Roger Jr., quien terminó biología, está en Palma de Mallorca. Alexandra, la mayor, está en Italia, pues los tres hijos y la mamá Judith tienen nacionalidad colombiana e italiana, por el origen de sus apellidos.
“Me acuerdo cuando trabajamos juntos. Roger era el ‘capo’ de RCN y estaba de director de deportes en la Costa, Rafael Sarmiento Coley, William Vargas Lleras y yo éramos los periodistas deportivos. Y a veces se formaba una discutidera en plenas transmisiones por los datos picantes que Rafa Sarmiento metía desde los camerinos o desde la pista atlética. Roger contradecía y Rafa contratacaba. Y yo diciéndole al oído a Roger, ‘calma, hermano, calma’. Así logramos seguir la transmisión en paz”. (Para terminar de calmarlo, el ché Ceballo le pasaba la bolsa en la cual Roger cargaba media tabla de panela en trozos pequeños, siempre para todas las transmisiones. Y los chupaba de a poquito, decía que eso le calmaba el ardor de la garganta).
Roy Vergara, Oswaldo Sampayo Covo, Ítalo Iguarán Pertuz, Dilia Esther Bolívar, Enrique José Gonzalez, el Faky, Jorge Luis Olloque, Rodrigo ‘El Panita’ Meléndez, Rúgero Manotas Conde, Helmer Bautista, Andy Pettuz, Willy Pérez, todos tenía a flor de labios una historia que contar de Roger. Hasta el legendario Kaor Doku, barranquillero de padres japoneses, fue el mejor defensa central que tuvo Santa Fe en los comienzos del campeonato profesional colombiano y, por lo tanto, fue el primer campeón de este torneo. Y Kaor alzó la copa de campeón como capitán del equipo santaferieño, que venció a junior, que quedó de subcampeón. Kaor recordó que “Roger me decía: la leyenda viva del fútbol profesional colombiano”. Me fregaba la paciencia por lo del pañuelo blanco que yo usaba en la cabeza en todos los partidos. ‘Oye, Kaor, para qué tú usabas ese pañuelo en la cabeza, si en Bogotá no hay sol’, me decía”.
“Conocí a Roger desde muy joven, porque admiraba sus narraciones de los partidos de Junior. Y como soy un juniorista pura sangre, pues nunca me perdía un partido local, y cuando jugaba por fuera, ahí estaba la voz de Araújo”, recuerda Carlos Escrig, gerente de edubar en la época buena del padre Bernardo Hoyos, cuando arreglaron la 30 y prácticamente hicieron de nuevo la 17. Hoy está dedicado a la ganadería y a la porcicultura.
La hija que jamás pudo conocer
Uno de los familiares de Roger, en medio de abundantes lágrimas cuando los operarios de la Funeraria Los Olivos de la Vía al Mar colocaban el ataúd en el fondo de la fosa, decía entre labios “se fue sin conocerla”. Al oírla nos acercamos, porque era algo sorprendente. ¿De quién se trataba?

‘El Ché’ Ceballos, Roy Vergara, Rúgero Manotas Conde, Jorge Luis Ulloque, Rafael Sarmiento y Rodrígo Meléndez.
“Roger, antes de casarse con su legítima esposa que fue Judith toda la vida, tuvo una hija con una azafata caleña llamada Fabiola Vásquez. Cuando nació la niña, Fabiola llamó por teléfono a Roger que la bautizaría como Paola Araújo Vásquez.
Sin embargo, cuando se enteró del matrimonio de Roger, desapareció por completo. Dicen que se cambio de nombre y le cambió el de la niña para viajar al exterior. Roger murió con esa espinita en el corazón, no haber podido conocer esa primera hija suya. Su cuarto hijo. Imagínese. Para nosotros eso también es muy doloroso”, contó el familiar, que en ningún momento dejó de llorar.

















