Por: Francisco Figueroa Turcios
Hubo un tiempo en que el estadio Metropolitano Roberto Meléndez parecía condenado a quedarse como una promesa de cemento, una mole silenciosa levantada en medio de la Ciudadela 20 de Julio, esperando que alguien le devolviera el alma.
Pero el fútbol, como la vida, también tiene sus resurrecciones. Y la historia del Metropolitano está marcada por una palabra: metamorfosis. Las tribunas del estadio Metropolitano Roberto Melèndez han escuchado goles, llantos, himnos, derrotas, celebraciones y el rugido interminable de una ciudad que convirtió el fútbol en una manera de respirar.

Foto: Jaime de Biase y el periodista Francisco Figueroa Turcios
Pero antes de convertirse en el templo futbolístico de Barranquilla, aquel gigantesco escenario de la Ciudadela 20 de Julio fue durante varios años una obra detenida, un sueño a medio camino, una mole de cemento que parecía esperar que alguien le devolviera la vida.
El primer gran capítulo de esa transformación lo escribió Fuad Char, quien asumió la Gobernación del Atlántico en 1984 y encontró un proyecto deportivo que había quedado inconcluso, convertido prácticamente en un gigante abandonado. Era necesario mucho más que voluntad política: había que librar una verdadera batalla para terminar aquel escenario que Barranquilla necesitaba.
El desafío…

Foto: Fuad Char (gobernador del Atlántico) y Jaime de Biase( Metrofútbol)
Fuad Char asumió el desafío. Fueron meses de gestión, decisiones y esfuerzos para rescatar aquella obra y convertirla finalmente en el gran templo del fútbol barranquillero. Fue un milagro poder haber construido el estadio. El departamento del Atlántico vivía momentos muy difíciles en materia financiera. El municipio de Barranquilla no contaba con un solo peso para apoyar la construcción de este magna obra. La construcción del estadio tuvo un valor de mil doscientos millones de pesos. La nación aportó 500 millones y el departamento 700 millones.
Fueron meses de gestión, decisiones y esfuerzos de Fuad Char, para rescatar aquella obra y convertirla finalmente en el gran templo del fútbol barranquillero. El sueño comenzó a tomar forma hasta que llegó aquel día que quedó escrito para siempre en la memoria deportiva de la ciudad: 11 de mayo de 1986.
El Metropolitano abrió sus puertas. Barranquilla estrenaba su gran casa futbolera. Aquel estadio que parecía perdido comenzaba entonces una nueva vida. Pasaron los años y el escenario se convirtió en mucho más que una cancha. Allí Colombia encontró una de sus grandes fortalezas para las eliminatorias mundialistas. Allí generaciones de barranquilleros aprendieron a cantar, sufrir y celebrar alrededor de la Selección. Allí el fútbol se convirtió en una manera de reconocerse como ciudad.
Metamorfosis: de Metro a Supemetro!!!

Pero el tiempo también exige transformaciones. Y en 2012, durante una nueva etapa de modernización de Barranquilla, Álex Char, como alcalde del Distrito de Barranquilla, emprendió la renovación del Metropolitano para ponerlo a la altura de un acontecimiento internacional: el Mundial Sub-20 de la FIFA.
El viejo coloso comenzó nuevamente a cambiar de piel. Tribunas, espacios, infraestructura y tecnología fueron modernizados. El estadio que había nacido en los años ochenta se preparaba para recibir al fútbol del mundo.
Era la segunda gran metamorfosis. Pero todavía faltaba una tercera. Cuando Álex Char regresó nuevamente a la Alcaldía de Barranquilla, apareció sobre la mesa un desafío todavía más ambicioso: llevar el aforo del Metropolitano de alrededor de 45.000 espectadores a una capacidad proyectada cercana a los 75.000 aficionados.
En cuanto al avance físico de la intervención del estadio Metropolitano, los trabajos de prefabricados y la estructura general llegan aproximadamente al 97 %, mientras que la estructura interna de los túneles registra un 94 %. La pintura de las graderías ya está completamente terminada en sus dos capas, mientras que el edificio VIP se encuentra al 100 % en obra gris y avanza cerca del 20 % en obra blanca
Video: Alex Char explica la metamorfosis del estadio Metropolitano
Ya no se trataba simplemente de remodelar un estadio. Se trataba de imaginar el Metropolitano del futuro. El escenario que alguna vez estuvo abandonado ahora aspiraba a convertirse en uno de los grandes estadios de América Latina.
Y allí aparece nuevamente la historia de un padre y un hijo unidos por un mismo escenario. Fuad Char puso el primer ladrillo de la transformación definitiva. Álex Char continuó y amplió aquella visión.
Padre e hijo, en diferentes momentos de la historia, terminaron escribiendo capítulos distintos de una misma obra. El primero recibió un estadio inconcluso y luchó para convertirlo en realidad.
El segundo recibió aquel escenario convertido en símbolo y emprendió el desafío de llevarlo hacia una nueva era. Por eso la historia del Metropolitano no puede contarse solamente con cifras, toneladas de concreto, metros cuadrados, silletería o sistemas de iluminación.
También hay que contarla desde la memoria. Porque cada generación de barranquilleros tiene su propio Metropolitano. Está el de los primeros partidos, el de las grandes tardes de Junior, el de las noches de eliminatorias, el de los goles de la Selección Colombia, el de los Mundiales juveniles y ahora el de la tecnología y las grandes finales internacionales.
El estadio también ha envejecido con la ciudad. Y, como un personaje de novela, ha sabido cambiar de piel sin perder su identidad. El viejo escenario de la Ciudadela 20 de Julio ya no es aquel proyecto abandonado que encontró Fuad Char en 1984.

Tampoco es únicamente el estadio remodelado para el Mundial Sub-20. Ahora se prepara para convertirse en un Super Metropolitano, un escenario concebido para una nueva generación de espectadores.
Y la historia tendrá otro capítulo especial en noviembre, cuando está prevista la inauguración de esta nueva etapa con la final de la Copa Sudamericana, convirtiendo nuevamente a Barranquilla en escenario de una gran cita internacional.
Será entonces cuando el viejo coloso vuelva a abrir sus brazos. No será solamente la inauguración de una obra. Será el reencuentro de una ciudad con su memoria. Porque en el Metropolitano no solamente se juega fútbol.
Allí también juegan los recuerdos. Juegan las generaciones. Juega Barranquilla. Y cuando miles de aficionados vuelvan a llenar sus tribunas, quizá muchos no recuerden aquel estadio inconcluso de los años ochenta. Pero detrás de cada luz LED, de cada tribuna renovada y de cada nueva tecnología seguirá respirando la historia de aquel primer gran impulso.
La historia de un estadio que nació como un sueño, sobrevivió al abandono y aprendió a transformarse. El Metropolitano Roberto Meléndez no solamente cambió de piel. Cambió de época. Y en esa metamorfosis, Barranquilla volvió a demostrar que también sabe construir futuro sin olvidar de dónde viene.
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