Opinión

Que alguien me diga

Como en la bella salsa de Gilberto Santa Rosa, pido ‘Que alguien me diga’. ¿No existe posibilidad de aspirar, por lo menos, a un concejo municipal con cultura ciudadana y no con cultura política?

Por Jorge Guebely

Jorge Guebely.

Jorge Guebely.

¿Para qué insistir en el obsoleto paradigma que ha sido un permanente fracaso humano después de ocho mil años al servicio de la propiedad privada? En ninguna parte de la historia, la política ha construido sociedades igualitarias, justas y humanizadas. Su ruina surge por proteger los negocios de las élites económicas; origen de tantas iniquidades, injusticias y deshumanización. ¿No existen personas dispuestas a promover un concejo municipal ciudadano y no político porque todo lo depreda?

¿Que alguien me diga, por favor, si la política dignifica humanamente a los estratos menores, del cuatro hacia abajo, con discursos optimistas y limosnas en formato de asistencialismos? ¿Acaso la dignificación de esos estratos no le corresponde a ellos mismos? ¿Por qué dejar el destino de una población enorme en manos de organizaciones que suelen comportarse delincuencialmente? Creo que un ciudadano engrandece mejor su ciudad por sentirse parte vital de ella, su madre cultural. Por el contrario, un ciudadano politizado se enajena, entrega su alma a banderas ajenas, somete su voluntad a jefes mediatos e inmediatos. Siendo los jefes supremos personajes abstractos que viven en el exterior. Sólo a ellos les debe fidelidad, por las buenas o por las malas.

Que alguien me confirme si es posible hacer política ciudadana con dimensión cultural y pedagógica para construir nuevos modelos mentales. Sin partidos ni banderas, sólo con la humilde idea de vivir lo mejor posible, pasar humanamente por la tierra. Sin la pesada carga de líderes anodinos. Liberados del tramposo aval de partidos. Sin las horrendas maquinarias fabrica-votos: empresas electorales familiares, alianzas infernales y cajas ocultas donde circulan dineros prohibidos u oficiales, casi todos mal-habidos. Sin el inescrupuloso día de elecciones compuesto de tamales, dinero, armas y demás formas de la prostitución electoral.

Que alguien me diga si podemos elegir, en las próximas elecciones, concejales ciudadanos, comprometidos con comunidades de barrios, de quienes reciban mandatos, y a quienes rindancuentas periódicamente en los mismos barrios. Prescindir de los otros concejales, calanchines de inmediatos superiores para acordar componendas y trasgredir el erario público.

Alguien tiene que decirme si es imposible superar este colapso social o estamos condenados a presenciar inermes la destrucción del planeta por bárbaros liliputienses que sólo piensan en ambición económica y electoral. Por mi parte, confío decididamente en el rápido despertar de la sabiduría humana.

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