Opinión

Por qué bailo cumbia

Por: Jennifer Cabana Pelaéz

[caption id="attachment_27065" align="alignright" width="300"]Mi primera cumbia, en 1989. Mi primera cumbia, en 1989.[/caption] En 1989, año de mí primera visita a Barranquilla, tuve la dicha de conocer la cumbia. Tímidamente, bailé en el Carnaval de Curramba como bien lo evidencia una vieja foto.
Al año siguiente, en tierras lejanas, Nadia Peláez, mi mamá, barranquillera de pura cepa, me enseñó a tomar con firmeza una pollera y a mover mis caderas al son de millo, guache y tambores. Han pasado ya 25 años desde ese entonces y puedo decir que a medida que pasa el tiempo mi pasión por este género, por esta danza, por este estilo de vida, no ha hecho sino crecer. [caption id="attachment_27066" align="alignleft" width="225"]En 1990, mientras estaba en Massachusetts, también bailaba cumbia. En 1990, mientras estaba en Massachusetts, también bailaba cumbia.[/caption] Desde hace 8 de los 10 años que llevo en La Arenosa, tierra que me adoptó, he tenido el enorme placer de participar en el Carnaval de Barranquilla, de danzar a lo largo de sus calles bajo la luz de la luna morena en la Guacherna y con el resplandor del sol en la Vía 40 o en la Calle 84. Muchos preguntan ¿cómo haces con el calor, con las interminables cuadras de recorrido? Y les respondo: bailar la cumbia es un lujo, un momento sublime, prácticamente indescriptible que solo experimentan aquellos que se atreven, aquellos afortunados de encontrarse y enamorarse de ella. [caption id="attachment_27068" align="alignright" width="300"]Mi goce por la cumbia es tan grande como mi espera por cada Carnaval. Mi goce por la cumbia es tan grande como mi espera por cada Carnaval.[/caption] Precisamente en honor a esta gran tradición multicultural, a esa gran casualidad entre la raza negra, indígena y europea, salgo a quemar mis cotizas, a mover mis caderas y mi alma, a sudar mi vestido. Hacerlo es para mí engrandecer,  homenajear y preservar la cultura no solo de un pueblo sino de toda una región. Como bailadora de cumbia, tengo una gran responsabilidad, una obligación con el folclor y las raíces que hacen parte de mí desde el día en que nací. Y es que yo no bailo por bailar. Yo bailo porque soy orgullosa de mi Caribe colombiano. De mi gente, de mi cultura, de mi pasado, presente y futuro. Ojalá la avalancha de críticas que ha tenido la fiesta en su versión 2015 sirva para que se tomen mejores decisiones, se hagan correctivas y entre todos sigamos haciendo posible una de las festividades más importantes de Colombia y, por qué no, del mundo. Yo por mi parte seguiré bailando la cumbia que es y será mi amor eterno.
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