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Pinochet envenenó a Neruda y a Eduardo Frei

Un nuevo libro desmiente que Pablo Neruda murió por cáncer, y dice que habría sido asesinado con una inyección. En las mismas circunstancia murió Eduardo Frei, antecesor de Salvador Allende.

Por Chachareros/eltiempo.com/EFE

El ilustre poeta, Premio Nobel de la Literatura, un genio que siempre le cantó al amor y a la vida, murió envenenado por orden del dictador Pinochet. ¿Será que los ‘Pinochet’ que rondan a sus anchas en Colombia creerán que están cobiertos por formol y teflón?

El poeta chileno Pablo Neruda obtuvo el Nobel de Literatura en 1971. Entre sus obras más importantes sobresale ‘Crepusculario’ y ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’. Un hombre sano, sabio y bueno, cayó en las garras criminales de un dictador sanguinario llamado Augusto Pinochet, que contó con todo el apoyo del imperio del norte, para masacrar a miles de chilenos, y obligar una diáspora de millones de hombres, mujeres, ancianos y niños que tuvieron que refugiarse en muchos sitios del mundo, en donde fueron acogidos con cariño y una solidaridad enorme.

Salvador Allende, presidente en ejercicio, fue masacrado por orden de Pinochet en el Palacio de la Moneda.

La masacre de Pinochet, no solo se conformó con torturar en forma satánica a simpatizantes de la izquierda como el cantor Víctor Jara, sino a miles de chilenos inocentes que no tenían nada que ver con los gobiernos de Eduardo Frei Montalva, ni mucho menos con el de Salvador Allende, ambos mandatarios también víctimas del sádico dictador, quien falleció de muerte natural el 10 de diciembre de 2006. Pinochet asesinó a Allende en una toma brutal del Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973.

Esta triste historia sangrienta de Chile, liderada por un enigmático militar asesino, debe servir de ejemplo para personajes colombianos que tienen la misma sangre negra de Pinochet, y han ordenado matar a miles de campesinos, líderes sociales, periodistas y todo aquel de quien el ‘todopoderoso’ tenga la mínima sospecha de que es ‘castrochavista’. Es bueno recordarle que a todo ‘innombrable’ le llega su cuarto de hora, y aunque sea de muerte natural, estará en los últimos anillos del infierno sirviendo de banquete a los gusanos.

La tesis de que el poeta chileno Pablo Neruda murió envenenado, y no a causa del cáncer, vuelve a cobrar fuerza en el nuevo libro del escritor italiano Roberto Ippolito, que señala en una entrevista que «hay demasiadas pruebas que demuestran que su muerte fue un homicidio» a manos de la dictadura de Pinochet.

A través de numerosos documentos y entrevistas a personas cercanas al poeta, Ippolito reconstruye en Delitto Neruda (Editorial Chiarelettere) los últimos días del nobel de literatura, fallecido apenas doce días después del golpe militar de Pinochet en Chile, el 23 de septiembre de 1973, oficialmente por complicaciones de su cáncer de próstata.

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«Yo empecé trabajando sobre la duda, sin ninguna tesis preconcebida, pero hay tantas falsedades y tantos elementos que es inevitable decir que la muerte no fue natural», explica el periodista y escritor.

¿Cuáles son estas pruebas? Todo empezó con el testimonio del chófer de Neruda, Manuel Araya, detenido y torturado por la dictadura chilena, a quien el poeta supuestamente contó que había recibido una inyección que había empeorado su estado mientras estaba en el hospital.

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El autor de Canto general, estrecho amigo del presidente Salvador Allende y cara visible de la izquierda chilena, tenía planeado viajar a México el día posterior a su muerte, «donde hubiera podido liderar un gobierno en el exilio», asevera Ippolito.

Su repentina muerte lo impidió, a pesar de que las últimas personas que lo vieron con vida aseguraron que estaba en buen estado, y que escribió hasta el día antes de morir, recoge el escritor italiano en su libro.

Las sospechas sobre su muerte motivaron una investigación judicial, a instancias del sobrino de Neruda, Rodolfo Reyes, y del Partido Comunista de Chile, que culminó con el descubrimiento de una sustancia en una muela del poeta, el bacilo «clostridium botulinum».

Hay tantas falsedades y tantos elementos que es inevitable decir que la muerte no fue natural

«Que la toxina se haya encontrado en una muela, un punto del cuerpo tan protegido, debería excluir cualquier contaminación externa», por ejemplo que la toxina penetrara de la tierra alrededor de su féretro, continúa Ippolito.

Los análisis médicos después de su exhumación en 2013 descartaron como causa de la muerte de Neruda la «caquexia» (desnutrición a raíz del cáncer), lo que suponía que el certificado de defunción redactado por el personal de la clínica Santa María, donde falleció, era falso.

Quedaba por determinar, entonces, qué papel tuvo el bacilo encontrado en su muela, causante de botulismo, para lo que el juez Manuel Carroza encargó una segunda investigación, esta vez a dos laboratorios, en Dinamarca y Canadá.

Esta investigación, todavía en marcha, se encontró con «inverosímiles» obstáculos, explica Ippolito, como la desaparición de las muestras de tierra extraídas alrededor de la tumba, o «una deuda de 40.000 dólares por parte del gobierno de Sebastián Piñera a los laboratorios».

El autor del ensayo no duda en acusar al actual gobierno chileno de «no haber actuado para nada» y retrasar así un proceso judicial que se encuentra paralizado.

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«Que existe negacionismo y nostálgicos» de la dictadura «es una trágica realidad en Chile», lamenta Ippolito, que ve «increíble que algunos no quieren ni siquiera que se investigue». Y cita al sobrino del poeta, Rodolfo Reyes, quien afirmó: «el mundo debe saber la verdad sobre la muerte de mi tío Pablo».

Sin el menor remordimiento ni respeto por los derechos humanos, Pinochet también ordenó que al expresidente Eduardo Frei, antesesor de Allende, le pusieran la misma inyección venenosa.

Mientras, se estrecha el cerco a otros crímenes de la dictadura de Pinochet con una serie de sentencias, como la que en 2017 condenó a los militares que asesinaron al cantautor Víctor Jara, o la del año pasado que condenaba a prisión a los responsables de la muerte del expresidente Eduardo Frei Montalva.

Frei, que gobernó el país antes de Allende, murió envenenado en el mismo hospital que Neruda y en la habitación contigua al poeta, uno en la 406 y el otro en la 404, algo que Ippolito considera «una coincidencia singular».

Preguntado por cuál es el hecho que más le ha impresionado después de su larga investigación, el periodista confiesa que se trata del cinturón con el que Neruda fue enterrado: «la historia del cinturón es probablemente la más increíble y resume toda esta vivencia».

Su hallazgo en la exhumación de 2013 fue «decisivo» para saber que Neruda, cuando murió, pesaba alrededor de 90 kilos, «lo que supone que tenía sobrepeso e incluso obesidad», y era «absolutamente imposible» que muriera de malnutrición.

Después de ello se inició una guerra por la propiedad del cinturón, reclamado por los herederos del poeta y por la Fundación Neruda, que «pretendía incinerarlo», cuenta Ippolito, algo que «gracias a Dios» impidió el juez Carroza, al considerarlo una prueba fundamental.

El escritor, autor de otros nueve libros, cuenta que inició esta investigación «lleno de dudas» y que terminó «apasionado por la historia» de Neruda y de los orígenes de la dictadura de Pinochet, sobre la que admite que le cuesta entender tal nivel de violencia.

«Me inquieta pensar no solo que haya militares golpistas, sino que haya militares que obedecieran las órdenes de bombardear La Moneda, de cortar las manos a Víctor Jara, de tirar a gente de los aviones», comenta.

Si se confirma que Pablo Neruda fue asesinado, el poeta que cantó tanto al amor como a la revolución pasaría a engrosar la lista de crímenes de este oscuro periodo de la historia de Chile, con 3.200 muertos y 33.000 torturados y encarcelados por motivos políticos.

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